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sábado, 1 de febrero de 2014

Hipócritas


Cuánta hipocresía hay en la prensa deportiva española. Los mismos que después del Mundial de Alemania 2006 pedían la cabeza de Luis Aragonés y no pararon de dar la tabarra hasta 2008 con que Raúl tenía que ir a la selección sí o sí, hoy lo entronizan.


Luis es un ejemplo. Un ejemplo de cómo no venderse ante los poderes. Un ejemplo de cómo no bajarse los pantalones ante nadie, porque tenía "el culo pelao". No diré que lo hizo en silencio porque sería mentira, Aragonés nunca se calló nada, pero a base de trabajo y más trabajo demostró a toda España que el único que tenía razón era él. Y se fue cuando estaba en lo más alto, cuando la prensa y la afición le limpiaban las botas, porque a cabezón jamás le ganó nadie. Si no lo quisieron en las malas, él no se iba a dejar querer en las buenas, porque de todas todas ese sentimiento era falso.

Aún me acuerdo de la primera vez que vi a España en directo. Fue un España-Francia pocos meses antes de la Eurocopa 2008. Yo vi ese día una pancarta en la que un señor, orgulloso supongo, ponía que Luis se dejara de juegos y convocara a Raúl, haciendo referencia a su ya superada ludopatía. Supongo también que esa pancarta se la comería a cachitos durante la celebración de la Eurocopa. Y seguramente hoy esté camuflado entre esos aduladores que elevan la figura de Luis Aragonés a la altura de los ángeles, cuando el Sabio de Hortaleza jamás fue así.

Hoy, en el día que hemos perdido no sólo a un gran trabajador sino a un gran hombre que se ha ido a la tumba con sus principios, no creo que sea tiempo de elevar su figura a los altares, sino de reflexionar un poco. Si todos esos piropos son sinceros, ¿por qué no se le dedicaron en vida? ¿Por qué se le persiguió sin piedad y se miró con lupa cada uno de sus gestos si tan bueno y tan santo era? No seamos hipócritas.

Hoy el fútbol español se ha quedado huérfano. Ha perdido a uno de los personajes más importantes de su historia. Como Joaquín Peiró, Luis Suárez y muchísimos otros a los que no se les reconocerá lo que fueron hasta que ya no estén con nosotros.

Descansa en Paz, Sabio de Hortaleza. Tu carácter y tu manera de hacer las cosas siempre fueron un ejemplo. Hiciste de tu manera de ver el fútbol tu estilo de vida y muy poquitos te entendieron. Qué pena.

PabloG.

miércoles, 29 de enero de 2014

El Atlético profana a lo grande La Catedral

En el partido de fútbol más intenso que se ha visto en el joven San Mamés, el Atlético de Madrid ganó como los equipos grandes (1-2). El Athletic lo revolcó en la primera mitad, pero los de Simeone se levantaron, ganaron el partido y se enfrentarán en semifinales al Real Madrid.



Los equipos grandes se caracterizan especialmente por ser capaces de vencer incluso cuando las condiciones son las menos favorables. El Atlético de Madrid hoy hizo gala de ello en el nuevo San Mamés, superando a un Athletic que lo hizo trizas en la primera mitad. Pero los colchoneros no sólo resistieron los golpes. Cómo vigentes campeones, se levantaron con la cara amoratada y tiraron de corazón para ganar la pelea. Empataron el gol de Aduriz con un trallazo de Raúl García que los ponía en ventaja en el global de la eliminatoria. Y a partir de ahí tomaron el control del juego, cuidando hasta el último detalle, para que el partido no se escapara. El postrero gol de Diego Costa no fue más que la confirmación del estatus de este equipo, que jugará una semifinal de la Copa por tercera vez en los últimas cinco temporadas.

San Mamés lloró para mojar un poco más con sus lágrimas ese césped empapado por la poderosa lluvia que no cesó durante todo el partido. Su corazón está roto. Once desalmados le arrancaron sin piedad de sus entrañas lo que guardaba con más cariño: ese invicto que hacía del Athletic uno de los equipos más temibles de España. Un Athletic potente, que se encuentra en uno de los mejores momentos de su historia. Aúnan con maestría las combinaciones cortas, seña de identidad del fútbol de Valverde y de su reciente etapa bielsista, con los rasgos más esenciales que definieron durante un siglo su fútbol, con balones directos y peligrosos centros desde los costados. Es un fútbol total. Y, sin embargo, no fue suficiente.

No lo fue porque no tuvo en la segunda mitad la continuidad necesaria. En la primera, el Athletic fue rey de San Mamés y Simeone no sabía a ciencia cierta por dónde le venían los golpes. Se los asestaba, principalmente Muniain, que estaba desbocado y se eregía como némesis del cholismo. El pequeño genio navarro hizo suya la parcela central del campo en el que el Atlético desplegaba su 4-1-4-1 y desmontó una y otra vez al rival. Se asociaba con Ander para locura de Gabi y llegaba arriba con peligro. Pero no estaba solo. Susaeta aprovechó la tempranera lesión de Filipe Luis para hacer una y otra vez malintencionadas diagonales que le dejaban vía libre a Iraola para aparecer. El lateral brasileño del Atlético tuvo que abandonar el campo en camilla por su aductor dijo basta de mala manera y a su sustituto, Insúa, le tocó bailar con la más fea.

Desmontado el Atlético, con Koke y Raúl García en labores que por talento no le pertenecen, con Adrián haciendo casi un doble lateral en la parte izquierda, los leones bailaban. Pero no materializaban sus ocasiones. Hasta que Aduriz enganchó en lo alto un balón templado por Balenziaga, que llegó como un guerrero hasta la línea de fondo para poner el servicio. Entonces San Mamés rugió aún más. Con auténtico convencimiento de que su Athletic triunfaría esta noche como ya lo hizo en muchas otras.


Pero cuando los colchoneros parecían muertos, cuando San Mamés y el Athletic alcanzaban la simbiosis y eran un auténtico ciclón, apareció un coloso para cambiar el rumbo del partido. Desde la portería, Courtois dio alas a su equipo. Dos paradas imposibles, primero a Mikel Rico y después, de manera todavía más espectacular a Aduriz, mantuvieron al Atleti en pie y le permitieron llegar vivo al descanso. Dos paradas que acabaron suponiendo el pase de ronda, pues los colchoneros mutaron tras pasar por los vestuarios.

Se fue un equipo derrotado y regresó un equipo campeón. El del control absoluto, el del temple y el saber estar, el del peligro constante. Volvió el Atlético que arrasa esta temporada en España y en Europa para llevarse la eliminatoria. Ya poco importaron el ímpetu de Muniain, la calidad de Ander Herrera o las carreras de Susaeta. Todo eso estaba en el guión que el Cholo le entregó a sus jugadores y había un final feliz. Un gol de Raúl García para derribar al Athletic. Otro de Diego Costa por si quedaban dudas. El hispano-brasileño hizo a última hora lo que no pudo en los primeros segundos de juego: batir a un inmenso Herrerín. Debe agradecer parte del tanto a San José y su horrorosa maniobra para tirar un fuera de juego imposible.


El Atlético de Madrid, tirando de oficio, casta, cabeza y corazón se convirtió en el primer equipo en profanar La Catedral. No sólo ganó la eliminatoria, sino que se llevó el partido porque así había que hacerlo. Necesitaban mandar un mensaje a sus competidores ahora que aparece el Real Madrid en el horizonte: el campeón está muy vivo.

PabloG.

jueves, 23 de enero de 2014

Godín rompe un perfecto empate a todo

El Atlético de Madrid venció al Athletic de Bilbao en el Calderón (1-0) gracias a un testarazo de Godín que hizo bueno el gran envío de Koke desde la derecha. Un tanto que desequilibró un partido que fue un perfecto empate a todo, y que da a los colchoneros ventaja de cara al partido de vuelta.


Cuando la competición llega al límite, este Atlético de Madrid siempre vence. Aunque no lo merezca, como hoy, que se vio en el Vicente Calderón un empate a todo encuadrado en un grandísimo partido de fútbol. Y son esas victorias inmerecidas pero cosechadas de todas maneras la que hacen tan grande a este equipo. Las que lo sitúan a la altura de los mejores. Su rival ya sabe de antemano que no sólo tendrá que competir el partido hasta el final y ser mejor que el Atleti. Puede que con eso no le alcance ni siquiera para arrancar un empate. Necesitan aplastar al equipo de Simeone para que no se les escape la victoria. Algo altamente improbable. Algo que aún no hemos visto esta temporada. El gol de Godín quizá no hizo justicia a lo que ofreció el global del partido, pero sirvió para prolongar la mística de este equipo que quiere seguir peleando por todo.

Marcó el Atlético de Madrid el ritmo del partido y de repente no hubo opción para su rival. Aunque lo intentara de mil formas, aunque se volcara en el área con más de cinco futbolistas. El Athletic siempre encontró lo mismo: nada. O, a lo sumo, un ¡huy! La partida que planteó Simeone era difícil de contrarrestar. Y eso que Valverde, estratega como pocos, lo intentó en todo momento. Calculó con precisión los movimientos del Cholo y los contrarrestó adecuadamente en función del estilo de su equipo y de los jugadores de los que disponía. El Athletic no encontró nada a pesar de que Ibai percutió por la izquierda, de que el ímpetu de De Marcos empujó una y otra vez primero a Filipe Luis y luego a Juanfran, de que Susaeta atacó sin piedad cada minúsculo espacio que dejaba el Atleti.

Aunque el dominio, durante el mayor tiempo del partido, fue vasco, el que controlaba el partido era el Atleti. El indefinido e indefinible Guilavogui condicionó en exceso el juego de su equipo en la primera mitad: obligó a Koke y a Raúl García a pegarse demasiado al centro para hacer funciones que no les corresponde ni por calidad ni por instinto. Pero aun así los colchoneros controlaron, y con la entrada de Gabi, descansaron sobre el pilar más importante de este equipo. Gabi es el principio y el fin de cada jugada. El que primero toma contacto con el balón en la sala de máquinas y el que destruye el avance enemigo si las cosas no salen bien. El pegamento perfecto que cohesiona un ataque brillante y una defensa feroz, y que le da al Atleti ese empaque tan característico que le hace sumar puntos por inercia.

El que no estuvo centrado en el partido fue Diego Costa. Y no lo estuvo porque pinchó en un hueso que, sorprendentemente, fue demasiado duro. El trabajo que hicieron sobre el hispano-brasileño Gurpegi y, especialmente, Laporte fue excelente. El central francés es a sus 19 años uno de los centrales más elegantes de la liga. Su salida de balón es soberbia, su golpeo de balón es exquisito y técnicamente no tiene símil. Pero siempre se le achacó una preocupante fragilidad defensiva. Hoy, en el escenario más duro posible, con una bestia como Diego Costa enfrente, sacó matrícula de honor. No sólo secó al punta atlético, sino que lo sacó del partido y le hizo aflorar esa agresividad que tanto afean su juego. Y todo con una limpieza y una elegancia ejemplares, a pesar de que Costa lo agredió en dos ocasiones.

Un centro perfecto de Koke desde la izquierda y un remate de cabeza de Godín, que entró en el área con más fuerza que un tren de mercancía. Eso fue lo que separó a Atlético y Athletic en el Calderón. Un tanto de gran factura y de capital importancia. Los colchoneros aterrizarán en el todavía incorrupto nuevo San Mamés con ventaja en una de las eliminatorias más vibrantes de la presente edición de la Copa del Rey. Porque sí, los chicos del Cholo también ganan aunque no lo merezcan del todo.

PabloG.

sábado, 4 de enero de 2014

Koke salva al Atleti en la guerra de La Rosaleda

El Atlético de Madrid venció al Málaga en La Rosaleda (0-1) con un gol de Koke y más sufrimiento del esperado. El intenso y renovado equipo de Schuster se lo puso muy difícil al de Simeone. Pero acabaron ganando, como casi siempre, y siguen en lo más alto de la clasificación.


Fue una guerra lo que se vivió en la tarde de verano con la que camuflaba Málaga este cuatro de enero. Y en ella, volvió a triunfar el Atleti líder en solitario a la espera de noticias desde Can Barça. El equipo del Cholo Simeone, a falta de creatividad ante un rival que lo asfixiaba, tiró de oficio para solventar el compromiso. José Antonio Teixeira Vitienes apuntó en su libretilla el nombre de Juanfran, que se perderá por acumulación de tarjetas la final que les espera la próxima semana a los colchoneros en el Calderón contra el Barcelona. También apuntó el de Koke, autor del único gol del Atleti, que continúa con paso firme.

Quiso innovar Bernd Schuster. Asediado por la prensa y por una afición con un paladar ya demasiado exquisito, el alemán trató de darle el empuje competitivo que necesita su equipo cimentándolo desde la defensa. Hasta cinco alineó de salida. Angeleri, Weligton y Sergio Sánchez en el eje; Antunes y Jesús Gámez volando por los costados. Y se pudo ver un Málaga transformado, que se armaba con un 5-4-1 en defensa y se desplegaba en un 3-4-3 en ataque. Arropado por una afición entregada, los boquerones sintieron que podían con el Atleti. Contuvieron a su rival durante buena parte del partido. No hubo noticias de Diego Costa, totalmente aislado de la realidad y rodeado en todo momento por tres camisetas blanquiazules.

El Málaga aguantaba e incomodaba. Samu firmó un buen partido, Eliseu lo 
puso ímpetu a la causa y Gámez y Antunes llevaron peligro en sus acercamientos. Se estaba gestando un gran partido, un duelo de poder, un choque a ver quién era más fuerte de los dos. Un cabezazo de Eliseu a centro de Samu casi pone en ventaja a los blanquiazules, pero el balón se fue alto.

El Cholo tuvo que reaccionar. Se le veía intranquilo a medida que avanzaba el partido. En el descanso dijo basta. Sacrificó al joven Oliver Torres y puso en el campo a Adrián. Si no se ganaba por talento, se ganaría por la fuerza. Tiago cogió el escudo y se colocó como único pivote. A su lado aparecieron Arda Turan y Koke. Arriba, dinamita: Villa, Adrián y Diego Costa.

Y en un momento dado, en un tramo del partido en el que el Málaga atacaba con todo la portería de Courtois, el partido se descontroló. No fue por demasiado tiempo, tan sólo un par de ocasiones para ambos equipos, pero en ese momento reinó el caos en La Rosaleda. Y Diego Costa es el señor del caos. Arrancó con potencia para regalarle un balón a Adrián que, tras un recorte, sólo Weligton pudo evitar que se transformara en gol. A la siguiente, el Atlético no perdonó. Otra vez arrancó Costa, pero esta vez arrastró consigo a Angeleri, Weligton y Sergio Sánchez. Los tres centrales pendientes de sus movimientos. Y los tuvo a los tres. Metió un delicioso balón para Adrián que Willy Caballero salvó. Mismos protagonistas, pero distinto final, porque ahí apareció Koke para reventar el balón suelto y poner al Atleti en ventaja.

Tanto sufrió el Atlético de Madrid en La Rosaleda, que tras el uno a cero dio un gran suspiro de alivio. Simeone quitó a Villa y metió a Alderweireld. El partido no se podía escapar. Poco le importó que Schuster desmontara su planteamiento y se metiera en campo contrario con Santa cruz como faro para guiar al Málaga a la victoria. También le importó poco dejar en el banquillo a Sosa, aliciente extra para un partido ya caliente, pues el jugador argentino tenía un acuerdo verbal con el Málaga y acabó firmando por el Atleti –y el público le hecho una buena reprimenda por ello–. El Cholo fue pragmático. Y Juanfran y Filipe Luis, notables durante todo el partido en ataque, se juntaron con el resto de sus compañeros para formar una muralla infranqueable.

El Atleti lidera la liga y el próximo sábado espera al Barcelona en el Calderón. Será un partido a vida o muerte, una final en toda regla. Un partido para decidir el futuro y los objetivos de este equipo. Pero hasta ese momento, siguen siendo el mejor equipo de España.

domingo, 6 de octubre de 2013

Lo que rodea al jugador de moda

Diego Costa está en boca de todos. Lo está por su buen hacer en el campo y por sus goles, pero también por un tema que lo persigue donde quiera que va: ¿jugar con España o con Brasil? El debate interminable pronto llegará a su fin. Diego Costa lo apuesta todo al rojo.



Es el delantero centro más en forma de España. Así debe comenzar cualquier texto que verse sobre Diego Costa, autor de diez goles en ocho partidos de liga con el Atlético de Madrid. Su progreso ha sido fulgurante: de vivir a la sombra de Falcao a sostener sobre sus hombros el peso del equipo colchonero. Su buen hacer sobre el césped no ha pasado desapercibido para nadie. Pero eso tiene también sus consecuencias negativas. La selección española lo quiere reclutar pero no puede; la brasileña, con la que ya disputó dos partidos amistosos, en principio no, pero duda. Ahora, Diego Costa vive inmerso en una espiral de debate sin fin. ¿Debe ir convocado con la selección española o con la brasileña?

Las dudas en la selección española en torno a la figura del delantero centro no son nuevas. Ya en la Eurocopa de 2012, disputada en Polonia y Ucrania y ganada precisamente por España, hubo bastante ruido alrededor del tema. Incluso durante la fase de clasificación al torneo. Por aquel entonces se optó por colocar a Cesc Fàbregas en la punta del ataque, haciendo de falso delantero, para paliar la baja de David Villa y el bajo nivel de forma mostrado por Fernando Torres en el Chelsea. También comenzaron a aparecer en las convocatorias los nombres de Soldado y Negredo, gracias a sus buenos registros goleadores con Valencia y Sevilla respectivamente.

Ahora aparece el nombre de Diego Costa por una cuestión meramente futbolística: aporta cosas que el resto, por cualidades técnicas, físicas y mentales, no puede. Costa es un futbolista letal en el área, potentísimo al espacio y sensacional en el juego aéreo, lo que permitiría una salida en largo fiable cuando fuera necesario. Pero sobre todo, es ultracompetitivo. En ese sentido daría a la Roja algo que le falta: carácter para superar las dificultades.

Para jugar con la selección española, Diego Costa debería seguir una serie de trámites entre los que se encuentra su nacionalización (ya la tiene); es decir, sería una especie de fichaje burocrático que adulteraría en cierto modo la naturaleza de las selecciones nacionales. En este punto, es conveniente señalar que el jugador del Atlético aterrizó en Portugal con dieciséis años para jugar en el Sporting de Braga y un año más tarde, en 2007, el club de la capital de España acordó su fichaje, por lo que su formación futbolística en Brasil llegó únicamente hasta la categoría de cadete.

La RFEF, contenta con la actitud del jugador

Uno de los puntos a tener en cuenta es la adaptación del hispano-brasileño al bloque y al vestuario de la campeona del mundo, y ahí juega un papel vital la personalidad del jugador. Costa ha sido señalado en multitud de ocasiones como un futbolista conflictivo y antideportivo, un carácter difícil de contener. Pero en las últimas fechas Diego Costa ha sido capaz de reeducar esos impulsos y adaptarlos a su estilo de juego. El resultado ha sido más que satisfactorio: su competitividad ha alcanzado niveles increíbles.

En ese sentido, la Federación Española de Fútbol (RFEF) se muestra muy satisfecho con el delantero. Incluso Vicente del Bosque está sorprendido con la forma de ser del jugador. Fuentes cercanas al seleccionador cuentan que a Del Bosque le agradó mucho la cercanía de un Diego Costa cuya actitud fuera del campo es diametralmente opuesta a la que muestra dentro. Es un hombre sencillo y cercano.

Pero lo que más gusta en la Federación es la predisposición que muestra para vestirse de rojo. Ya ha dicho por activa y por pasiva a su entorno que su deseo es jugar con España, el país que lo formó como futbolista. Si la Roja desea contar con él, estaría encantado.

Las dudas brasileñas

"Si un jugador quiere jugar aquí o allí, no será nuestra entidad quien diga no. Esta es mi posición y tengo la certeza que es también la posición del presidente (José María Marín)". Esas fueron las palabras del vicepresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) acerca del ‘caso Costa’. Son bastante claras: la CBF no pondrá ninguna traba para que Diego Costa juegue con España si ese es su deseo.

En la práctica, la cosa no ha sido igual. Lo único que impide a Diego Costa jugar con España es un documento sellado por la CBF que indique que el jugador no ha disputado ningún partido oficial en ninguna categoría con la selección brasileña. Un documento que la federación brasileña ha retrasado convenientemente para que no estuviera listo para esta convocatoria de la selección española.

La canarinha, como anfitriona del próximo mundial de 2014, no tiene que disputar partidos de clasificación. O lo que es lo mismo: no tiene ningún compromiso oficial hasta la cita mundialista. El motivo de no entregar el certificado a tiempo esta vez responde a una táctica para ganar tiempo y tratar de convencer a un Costa que sólo quiere jugar con España.

PabloG.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Diego Costa, prófugo

Depredador del fútbol. Y presa de unos medios que lo elevan a límites insospechados y lo despedazan a partes iguales. A él no le gusta ni una cosa ni la otra, por eso huye, se evade. Lo hace como mejor sabe: con intensidad y muchos goles. Así es Diego Costa, un prófugo.



Corre. Corre mucho. Salta, choca. Lucha. No descansa, ni aunque el balón sea imposible: él no conoce de eso. Le llamaron duro y sucio en aquellos tiempos en los que saltaba al césped con la chaqueta de cuero como equipación. Hoy lo adoran. Le dedican portadas y titulares a cinco columnas; abre la sección de deporte de los telediarios y ocupa buena parte de las tertulias futboleras. Pero a él no le gustó antes ni le gusta ahora. Por eso corre, salta y pelea cada balón como si fuera el último: es el medio de vida de Diego Costa y, por encima de todo, su pasión.

No es incierto que hubo un tiempo en el que no fue el más deportivo. Pero ahora es otro futbolista. Ha sabido reeducar su temperamento y transformarlo en un intensidad extrema. Ahora se ha convertido en el futbolista más competitivo del mundo y sostiene sobre sus hombros el peso del Atlético de Madrid, huérfano tras la partida de Falcao. Lo hace con goles, ocho goles en siete partidos de liga hasta la fecha. Uno de ellos al Real Madrid en el Bernabéu. Su equipo aspira a romper la bicefalia de la liga. Él tiene mucha culpa.

Sabe que le debe mucho a Simeone, responsable de su explosión y de su cambio. Cuando el argentino era futbolista le pasaba lo mismo que a él: era amado y odiado al mismo tiempo por la prensa, y tampoco le gustaba en absoluto; era intenso, a veces más de la cuenta, pero era un líder. El Cholo ha sabido transmitirle todo lo que aprendió a lo largo de su carrera. Desde fuera del verde comprende que hay cosas que no se pueden permitir. Se lo hizo ver y lo asimiló no sin dificultades. Ahora, una vez que lo ha comprendido, se lo agradece cada vez que sale al campo. Con intensidad, con goles y con liderazgo. Es el alma de este Atleti porque en el fondo tiene algo de Simeone en sus entrañas. Ni Gabi, ni Koke, ni Suárez; Diego Costa es el mejor representante de este equipo.

Sigue corriendo. Y lo hace de manera extraña, porque es muy alto pero sus piernas no son muy largas. Huye de los debates que se crean entorno a su persona. Oye rumores de la selección brasileña, con la que ya jugó un par de amistosos. También de la selección española. En cada periódico, en cada programa programa televisivo o radiofónico se valora esta posibilidad. Por rendimiento no extraña, pero a él no le interesa nada de eso. Sólo la pelota, y lo que tenga que ser será.

No deja de luchar. Ahora los que lo buscan son los rivales. Lo provocan constantemente, le hacen perrerías buscando una respuesta, intentando prender la mecha de la bomba atómica que esconde en su interior. Todo ello fruto de su pasado. Todo por una fama que le persigue y casi no le deja respirar sobre el césped. ¡Con lo bien que juega y los prejuicios con los que se le mira! No lo entiende, pero no cesa.

Se implica cada vez más. Es el primer defensor, el que inicia la presión del Atleti. No le importa tener que replegarse hasta medio campo si su equipo lo necesita. Él trabaja para ellos porque sabe que ellos trabajan para él. El grupo siempre es lo primero, tanto en defensa como en ataque, donde no le importa asociarse con sus acompañantes. Y si hay que partirse la cara, pues se la parte. Lo que sea por ganar. Es lo que más le importa.

Siempre rinde bien, ya sea en estático o al espacio; dentro del área o fuera de ella. Sabe que su labor es finalizar las jugadas que sus compañeros elaboran. Y tiene la responsabilidad de hacerlo bien. Por eso no se amedrenta ante sus rivales y pelea siempre hasta el final. Por eso, casi siempre, acaba en gol, porque su juego es tan puro que el error es casi imposible.

Todavía pelea, salta, choca, brega. Corre. Huye de los focos porque tan sólo quiere jugar. Es lo que mejor sabe hacer.

PabloG.

domingo, 19 de mayo de 2013

La gran diferencia


Catorce años después se obró el milagro: el Atlético de Madrid ganó un derbi. En el Bernabéu y con la Copa del Rey de por medio. No había mejor manera. Los colchoneros fueron más equipo que el Real Madrid desde el comienzo de la final hasta el último segundo de la prórroga. Sólidos e intensos, pero sobre todo bien situados en el campo. Eso fue lo que le faltó al Madrid, que lamentó que el hombre que lo dirige desde el banquillo estuviera más pendiente de “su lucha” particular que del bien del equipo. Esto no viene de ahora. Y lo peor es que lleva mucho tiempo intuyéndose.

José Mourinho no se jugaba la Copa, sino la defensa de unos ideales. Para ello sacó el equipo más extremista de cuantos se han visto: puso en el campo a sus hombres, a los que están con él en todas, únicamente acompañados de aquellos futbolista que él considera imprescindibles para el equipo, a pesar de que ya hayan demostrado en más de una y dos ocasiones que su concepto del fútbol –no sólo del juego– dista mucho de el del portugués. No encajaba en la cabeza del madridista volver a Özil arrancando desde la derecha después del fracaso de Dortmund. En la de Mourinho sí: Özil es imprescindible pero Modric es de los suyos, ni uno ni otro podía quedar en el banquillo. Y mientras tanto, Pepe, básico en sus esquemas hasta que se pronunció sobre el caso Casillas, veía el partido desde la grada. Ni siquiera la lesión de Varane le permitió entrar en la convocatoria. Decisión técnica.


Hasta ahí la aportación de Mourinho en la final. Una vez que el árbitro señaló el inicio del partido, el portugués se borró y no volvió a aparecer hasta el minuto setenta y seis, cuando fue expulsado. Mientras, su equipo moría sobre el césped, necesitado de un elemento aglutinador que mostrara el camino a seguir, que cumpliera la labor del entrenador. El Madrid estaba roto, y sólo algún destello individual de sus excepcionales futbolistas le permitía inquietar al Atleti. Pudo llevarse la final porque se contaron hasta tres balones estrellados en los postes de la meta de Courtois, pero jamás actuó como un equipo, tan sólo como once muchachos con unas cualidades físico-técnicas excepcionales que coincidieron sobre el césped con la misma ropa.

Mourinho se va y dejará el club desértico, con un vestuario y una masa social dividida entre mourinhistas, antimourinhistas y madridistas, que ven con vergüenza como una persona en tres años ha tornado en guerracivilista su centenario sentimiento. Y encima se les quiere encasillar forzosamente en el segundo grupo por “infieles”, por no defender hasta las últimas consecuencias unas ideas tan demencialmente perniciosas como también lo son las que están en sus antípodas. El madridismo, el fútbol en general no necesita de guerras internas. Tampoco necesita de circos paralelos, de espectáculos como el que ofreció el luso cuando salió al Bernabéu cuarenta minutos antes de un partido para recibir el calor de su público. Acudieron 3.000 de las 80.000 personas que caben en el Bernabéu. Interpretó los aplausos como una victoria sin reparar en la inmensa indiferencia que había causado en el madridismo.

Pero el daño constante que Mourinho realiza a la institución puede ser suavizada con éxitos deportivos. Este año ni eso le salva. El equipo sólo ha ganado la Supercopa de España, un torneo que es consecuencia de la temporada anterior. Atrás queda el segundo puesto en una liga que el Madrid perdió en diciembre, la clara derrota en las semifinales de la Champions ante el Dortmund y la final de Copa. El equipo juega a lo mismo que cuando llegó: a nada, pero ahora los resultados tampoco llegan. Tres títulos en tres años es un balance altamente insuficiente teniendo en cuenta el precio que ha tenido que pagar el club con cada salida de tono del portugués.

Ahora, la pelota está en el tejado del Madrid: con la salida de Mourinho se debe cerrar una etapa e iniciar otra bien distinta. Encontrar a un entrenador que sepa poner los cimientos de un proyecto ganador y levantar de las cenizas del club un nuevo y glorioso imperio. El Madrid necesita a su ‘Cholo’, en definitiva. El argentino es hoy en día lo que cualquier equipo español desea. Ha hecho del Atlético perdedor que le entregaron un ejemplo deportivo casi a la altura de lo que el Dortmund significa en Alemania o el Oporto en Portugal. Victorias cimentadas en la estrecha vinculación de la afición y los jugadores con el club.


Su Atlético es el bloque más sólido de la Liga. Vivió sus mejores momentos coincidiendo con el declive madridista y, aunque últimamente se ha desinflado, ya está clasificado para la Champions por la vía rápida. Sólo hace falta echar un vistazo a sus alineaciones para tomar conciencia de lo que quiere: Falcao, Mario Suárez, Godín, Koke, Diego Costa; mentalidad ganadora, intensidad, no dar un balón por perdido, sacrificio y pelea. Se basa en el fundamento que llevó a la gloria a los mejores equipos de la mitad sur del continente americano y hace que la afición, más unida que nunca, se sienta orgullosa de su equipo. No es cuestión de campeonatos ganados, es una cuestión de estilo. Simeone parte con una ventaja: conoce a la perfección y ama al club.

Toda esa elegancia que pierde su equipo en el campo, la derrocha él en el trato con el público y con la prensa: nunca una palabra más alta que otra, nunca vender una falsa modestia, nunca querer ser el personaje principal. Dice las verdades a la cara pero sin arrugarse el traje. Y eso que siempre fue un hombre impulsivo, emocional, como su Atleti. No es cuestión de dorar la píldora al nefasto periodismo deportivo que habita en nuestro país, es cuestión de hacer las cosas de la forma correcta. Es cuestión, en definitiva, de no crear odios entre la gente a la que –al menos en teoría– le gusta este deporte. El fútbol es algo demasiado bonito como para dejarlo en un segundo plano. Esa es la gran diferencia, no sólo entre Mourinho y Simeone, sino entre un buen entrenador y uno más.

PabloG.

martes, 18 de diciembre de 2012

Las claves de la superioridad azulgrana


No es casualidad. A falta de casi una veintena de jornadas, la Liga de las Estrellas parece tener ya un dueño muy claro, y esta situación radica de un hecho muy concreto: la superioridad del Barça sobre su competidor más directo, el Atlético de Simeone. Con el Madrid de Mourinho combatiendo sombras, la liga carece de sentido. Este equipo es demasiado bueno como para ser parado por los demás. Así lo revela la estadística: dieciséis jornadas, cuarenta y seis puntos, quince victorias y un único empate, concedido frente al equipo blanco. Los de Vilanova atacan y defienden mejor que nadie, y además cuentan con Messi para resolver cualquier tipo de problema. Brutal.



El planteamiento de Simeone fue sencillo: un 4-4-2 con las líneas muy juntas y metidas en su propio campo para no dejar ni el más mínimo espacio a Messi. Funcionó de maravilla. El Barça se sentía demasiado incómodo en los primeros minutos. Tocaba y tocaba sin avanzar ni un palmo y con un Atleti muy fresco enfrente que al más mínimo error se plantaba frente a Valdés. A esto hay que sumarle que Messi tenía que recibir demasiado alejado del área. El argentino no sabía dónde situarse para tener un contacto eficaz con el balón. La pedía con desesperación en la banda y por último decidió asumir el rol de creador del juego azulgrana. El resultado fue el mismo, nada. Además, un error suyo al recibir el balón dio lugar a la contra que desembocó en el gol de Falcao. El Tigre ya había avisado anteriormente con un remate al poste, pero esta vez nada pudo impedir su gol.



Tras esta pérdida, Falcao hizo el primero
La impotencia era palpable. El Barça estaba dominando el partido con excesiva claridad y un setenta y cinco por ciento de posesión, pero no conseguía generar el peligro suficiente como para inquietar a Courtois. Faltaban ocasiones; faltaba un delantero que dislocara a la defensa colchonera. Messi, en definitiva. Y ante la ausencia de Messi, los laterales se destaparon. Comenzaron a hacer de la banda una autopista para envolver al Atleti. La mayor consecuencia, el golazo de Adriano; la exageración máxima, la jugada del minuto cuarenta y dos, con Alba y Adriano dentro del área. La brillantez y el temple de Busquets terminaron por hundir al equipo del Cholo antes del descanso.


Pero lo que hizo que el partido se decidiera definitivamente ocurrió en la segunda mitad. El Barça continuó con su dominio, con su exagerada posesión pero sin presencia en el área. Sin presencia hasta que apareció Messi. Le bastó un balón, probablemente el único que tocó en zona de peligro, para poner el tercero. Y a partir de ese momento, el Barça se liberó definitivamente, tocando, rotando y controlando el partido con el balón en los pies. Quizá en el guión no estaba escrito un último gol, pero Godín se encargó de entregárselo a Messi para que ampliara su récord hasta los noventa goles.


Sin embargo, fue curioso un detalle: Messi siguió situado en el inicio de la jugada incluso después de su primer gol. Ni siquiera la entrada de Thiago por Alexis varió la posición de la Pulga. Estaba empeñado en acompañar posicionalmente el soberbio partido que firmó Iniesta y al talento de Xavi; empeñado en mostrar que es un futbolista total, capaz de generar una jugada de peligro y finalizarla con la misma facilidad.


Que el Barça le debe mucho a Messi es una realidad. Le debe casi todo, pero dentro de ese casi hay un matiz inmenso. El Barça es una máquina que rezuma fútbol por los cuatro costados, tanto en defensa como en ataque. Esto se pudo comprobar en dos momentos bien distintos: primero en los minutos en los que el Atlético más incordió a Valdés y después cuando el partido necesitaba un control que no afeara el espectáculo. Para el primer caso, la defensa culé realizó a la perfección la defensa en rombo; para el segundo, el ágil toque en espacio reducido. Disfrutemos de este equipo, porque es algo irrepetible.



PabloG.

lunes, 8 de octubre de 2012

Falcao decide el partido de la jornada


No fue la noche de Radamel Falcao. Se le vio incómodo durante todo el encuentro gracias al buen hacer de la defensa malaguista. Weligton, Demichelis y Monreal hicieron un trabajo soberbio para que el Tigre se viera impotente. Le aislaron del juego del Atlético y cortaron cualquier balón que pudiera llegar al colombiano e incomodar a Willy Caballero. Sin duda, la actuación de la zaga malaguista fue perfecta. Pero es tan sumamente grande el talento del nueve del Atlético de Madrid, que a pesar de vivir un calvario durante los noventa minutos de juego, en los que se vio maniatado e incapaz de mostrar todo su potencial, fue capaz de decidir el encuentro a favor de su equipo con un primer gol sensacional y otro “medio gol” de oro.


No lo vieron los que estaban disfrutando de los instantes finales del Clásico, pero Falcao volvió a demostrar que dentro del área no tiene parangón. Recuerda a los mejores delanteros de la historia, con movimientos inteligentísimos y un hambre de triunfo incomparable. La suma de esto fue lo que le hizo adelantar a su equipo a los cinco minutos de juego. El colombiano hizo bueno el centro de Emre desde la izquierda con una finta que engañó a Monreal en el segundo palo y le hizo rematar solo en el centro del área pequeña. Fue una nueva exhibición de poderío de un futbolista que está a la altura de los mejores.


Al Málaga le costó asentarse en el partido. Isco no tomó el control, Joaquín no fue tan descarado, Eliseu no estuvo incontrolable. Y el mérito fue del Atlético. El equipo del Cholo juega cada partido como si de una final se tratase. Una final de la Copa Libertadores, más concretamente, porque este Atleti recuerda a los mejores y más aguerridos equipos de Sudamérica. Es intenso, pasional, guerrero y tiene mucho carácter. Pero tiene un gran defecto que puede no salir siempre bien: juega al límite del reglamento. Hasta veinticinco faltas señaló Pérez Lasa a favor del equipo de Pellegrini. Una auténtica exageración que esta vez funcionó de maravilla para que el Málaga no fuera capaz de dominar y entrara en un juego brusco y físico que no le favorece en absoluto.

Pero a pesar de todo, la calidad del equipo de la Costa del Sol se terminó por imponer. Fue una jugada de toque, al más puro estilo de este Málaga que enamora. En ella aparecieron Joaquín e Isco, que abrió el balón a la izquierda para Monreal. El navarro la puso templada al primer palo para que apareciera la cabeza de Santa Cruz. Y el paraguayo apareció, después de ganarle la posición tanto a Godín como al Miranda para poner las tablas al filo del descanso. También de cabeza sabe lucir el Málaga, que está sacando un provecho soberbio a sus dos incorporaciones en la punta de ataque.


Tras el descanso, el plan de Pellegrini sufrió un duro golpe: Santa Cruz, autor del tanto de la igualada y que estaba cuajando una gran actuación enfrentando en el cuerpo a cuerpo a los potentes centrales del Atlético, tuvo que quedarse en el vestuario aquejado de una dolencia muscular. En su lugar entró Saviola, un delantero diametralmente opuesto al paraguayo. El Málaga notó ese cambio, a pesar de que Saviola estuvo participativo. De esto se aprovechó el Atlético, que con las líneas menos estáticas, arrinconó a los boquerones a base de peligrosos achuchones. Especialmente delicadas fueron las jugadas que llevaron como protagonista al talento de Adrián. El asturiano fue un quebradero de cabeza para la zaga blanquiazul, que fue el único obstáculo para que Falcao no transformara en gol sus diabluras. Mientras tanto, el Málaga lo intentaba con jugadas aisladas. Un venenoso disparo lejano de Isco y un centro-chut de Joaquín que hizo que Courtois se empleara a fondo para sacarla de la escuadra, fueron lo único que pudo ofrecer el Málaga en ataque. Pero cuando todo parecía destinado al empate, una jugada a balón parado decantó definitivamente el partido en el descuento.


Falcao no estaba a gusto. Veía que nada de lo que intentaba iba a buen puerto. Se desesperaba cuando veía enfrente a un Monreal que no le dejaba ni a sol ni a sombra. Se desesperaba aún más cuando lograba zafarse del navarro y aparecían en las ayudas tanto Weligton como Demichelis. Enloquecía cuando miraba el reloj y veía que faltaban apenas segundos para el noventa. Pero lo intentó hasta el final. En una de estas jugadas de casta, fue derribado cerca de la frontal. La falta estaba escorada, perfecta para el remate. Sería la última oportunidad del Atleti en el partido. Gabi la botó con maestría. La puso combada en el corazón del área, donde apareció Miranda para tocarla de cabeza y que el balón quedara muerto en el área pequeña. En el territorio de Radamel. Peleó con Weligton y salió victorioso. Entre los dos empujaron el balón al fondo de las mallas para darle el triunfo al Atlético sobre la bocina. Otra vez. Este muchacho es extraordinario.

PabloG.

sábado, 1 de septiembre de 2012

La historia del mejor delantero del mundo


Un jugador puede ganar un partido, un equipo gana campeonatos. Esa es una de las máximas de todos los deportes colectivos. Pero Radamel Falcao está por encima de cualquier máxima, o quizá sea la excepción que confirma la regla. El partido que realizó el colombiano fue legendario, uno de esos que los aficionados al fútbol recordarán para siempre. Pocas veces se ha visto a un jugador tan aplastantemente superior al resto, y mucho menos en una final de la Supercopa de Europa. Pero Falcao en las grandes ocasiones se crece. No existen barreras que puedan pararle ni separarle de su objetivo. Ni siquiera el Chelsea, vigente campeón de Europa. El equipo de Di Matteo fue un juguete en manos del ‘9’ rojiblanco, que hizo lo que quiso con él. Ya a los cuatro minutos, había estrellado un remate en el larguero en lo que parecía un inicio arrollador de los colchoneros. Pero no fue sólo eso, sino el comienzo del partido soñado por el aficionado atlético. Con tres zarpazos más, todos ellos antes del descanso, el tigre dejó el partido encarrilado. El primero llegó en la jugada posterior al remate al larguero, cuando definió a la perfección un contrataque vertiginoso con un preciso y pausado toque picado ante el que ni Cech ni David Luiz pudieron hacer nada. Pero Falcao siempre quiere más, nunca tiene suficiente. Por eso continuó buscando un nuevo gol que dejara las cosas mucho más claras. Lo logró de la mejor forma posible: con un soberbio latigazo con la pierna izquierda que se coló por la escuadra de Cech. Recordó al tanto logrado por el colombiano en la final de la Europa League contra el Athletic, también en las consecuencias. En ese momento los rojiblancos y el tigre se crecieron, elevaron su nivel hasta límites insospechados, y la culminación fue el último golpe maestro de Falcao. Cuando Arda Turan inició la contra, sabía como quería que terminara. Por eso fue paciente y esperó hasta que Falcao apareció en el área. Y no se equivocó. A un minuto para el final del primer tiempo, Falcao culminó una jugada de ensueño con su tercer tanto del encuentro. Pudo haber logrado un cuarto, pero se estrelló en el poste. Dejó claro que es uno de los mejores jugadores del mundo. Dejó claro que es el mejor delantero del mundo.


Pero el Atlético no sólo vivió del acierto de Falcao. Realizó uno de los mejores partidos de su historia y llevó peligro en todas y cada una de sus aproximaciones al marco de Petr Cech. Y todo ello gracias al enorme partido que realizó Arda Turan. El turco marcó el tempo y dirigió con un acierto notable cada una de las acciones ofensivas del equipo de Simeone. Pero si algo marcó la diferencia en el partido, aparte de Falcao, esa fue la implicación del Atleti. El equipo se dejó la piel en el campo y no cesó de correr en los noventa minutos. Ahí jugaron un papel decisivo Koke, Mario Suárez y Gabi. Cuando la fatiga comenzó a castigar al tigre, el Atleti no se deshizo, y además pudo aumentar su ya abultada ventaja, gracias a la inteligencia de Miranda, que aprovechó un balón suelto a la salida de una falta lateral. Fue la puntilla a un partido perfecto.


Mientras tanto, el Chelsea se sentía impotente ante el despliegue Atlético. Parece increíble que un equipo que es el actual campeón de la Champions y que se ha reforzado de manera extraordinaria este verano con jugadores de la talla de Hazard u Oscar, se vea maniatado ante un rival, a priori inferior. Torres tuvo un gris rencuentro con el equipo que le vio nacer como futbolista; Hazard y Ramires primero y Oscar después, se diluyeron en el centro del campo colchonero; se desaprovechó el talento de Mata haciéndole trabajar en la línea de medios… Pero lo más sorprendente es que muestre unos desajustes defensivos tan graves, cuando precisamente fue eso, la defensa más sólida de Europa, la que le llevó a alzarse con el mayor cetro continental. Ahí, el equipo de Di Matteo se vio desbordado por los acosos rojiblancos, que siempre se vieron con superioridad. Y sobre el resto estuvo Falcao, el buque insignia de este Atlético supercampeón de Europa por segunda vez en tres años. Neptuno debe sentirse orgulloso de este fabuloso equipo.


PabloG.

lunes, 28 de mayo de 2012

XIX Torneo Nacional BlueBBVA Alevín de Fútbol 7 en Benalmádena


Desde el pasado viernes 25 de mayo hasta el día 27 del mismo mes, se desarrolló en Arroyo de la Miel el XIX Torneo Nacional BlueBBVA Alevín de Fútbol 7, el torneo Brunete de toda la vida, ese por el que pasaron talentos tales como Iniesta o Fernando Torres, promovido por José Ramón de la Morena a través de la Fundación El Larguero. A la cita acudieron como cada año los veinte equipos de primera división representados a través de sus equipos alevines para brindarnos a los allí presentes un espectáculo formidable y rebosante de talento futbolístico.

El Atlético de Madrid se proclamó campeón del torneo después de derrotar al Valencia por tres a uno en la gran final gracias a un hat-trick de Salomón Obama, que con diez dianas, fue galardonado con el trofeo al máximo goleador de la competición. Los colchoneros pasaron cómodamente por encima de un Valencia que a pesar de contar con el mejor jugador del torneo, Abel Ruiz, no pudo hacer nada ante el despliegue físico de Salomón y Silvano y la calidad de Óscar entre otros.


No fue sencillo el camino hacia la final para ninguno de ellos. Los rojiblancos vencieron en la fase de grupos a Racing, Athletic Club y Levante, pero se vieron sorprendidos por el Osasuna, que los venció por uno a cero. Una vez en la fase final del torneo, el Atlético hizo gala de una gran superioridad y dejó en el camino al Villarreal en cuartos y al Barcelona en semifinales. Por su parte, los chés se plantaron en la final invictos, tras haber derrotado a Málaga, Real Sociedad, Real Madrid y Betis en la fase de grupos, y al Rayo Vallecano y nuevamente al Málaga en cuartos y semis respectivamente.

También pudimos presenciar un magnífico partido por el tercer y cuarto puesto entre el equipo anfitrión, el Málaga, y el Barcelona, que llegó a los penaltis tras un empate a uno en el tiempo reglamentario gracias a los tantos de Arnau y Alfredo. Una vez en la fatídica tanda, ambos porteros mostraron un gran acierto al detener tres penaltis el meta malaguista y dos el culé, ya que el disparo de Alfredo lo repelió la madera. Finalmente, se alzaría con el tercer puesto el Barça con el fallo del portero José Antonio, después de que Pau hubiera anotado su pena máxima.


El torneo nos dejó sin duda un gran ramillete cracks a los que habrá que seguir muy detenidamente de cara al futuro, ya que en unos años los veremos exhibiendo su talento en los campos de primera división. Como nos sería imposible analizarlos a todos, nos centraremos en los más destacados de los cuatro primeros clasificados:

Alfredo Sousa: Este pequeño y habilidoso extremo portugués del Málaga logró meter a su equipo en la fase final del torneo con un tanto sobre la bocina que eliminó al Real Madrid. Salido de la cantera del Sporting de Lisboa, destaca por su desparpajo, por su calidad a la hora de desbordar, por su laborioso trabajo de presión y por su gran colocación a la hora de marcar gol. A veces peca de individualista y eso genera algún que otro problema a la zaga malacitana. Recuerda en más de un gesto a su compatriota Cristiano Ronaldo.

Arnau Comas: Este rubio y espigado futbolista es el líder absoluto de su equipo, además del capitán. Puede actuar tanto de central como en el centro del campo, rindiendo de maravilla en ambas posiciones. Posee un talento descomunal a la hora de sacar el balón jugado y una gran potencia física que utiliza tanto para pisar el área rival como para defender su propia portería, a lo que suma una inteligencia táctica impropia de su edad. Probablemente en unos años sea el heredero de Guardiola en el mediocampo azulgrana.

Abel Ruiz: El nueve del Valencia se coronó finalmente como el mejor jugador del torneo. Es un jugador muy alto que aprovecha todas su cualidades físicas y técnicas para rematar cualquier balón que le llega, por difícil que sea. Pero sin duda, la faceta que mejor realiza es la de recibir el balón de espaldas y aguantarlo, permitiendo la entrada de los extremos para finalizar la jugada, lo que le otorga un valor táctico impagable. Como bien dijo Kiko Narváez, quien lo apadrinó durante la competición, recuerda al ex colchonero cuando era joven.

Salomón Obama: Sin duda fue el jugador más dominante del campeonato, ya que tiró de su equipo en todo momento, lo que le llevó a anotar la friolera de diez tantos en siete encuentros. Con un físico descomunal para sus doce años de edad, este ariete del Atlético de Madrid es pura potencia, aunque no exenta de una calidad deslumbrante. Líder natural del equipo campeón, es dueño de un poderosísimo disparo y de una amplia zancada que le permite ir dejando atrás a los rivales con suma facilidad. No cabe duda de que en pocos años será el Drogba del Atlético de Madrid y llevará a su equipo a lo más alto como ya hizo en el torneo alevín.

Aquí os dejo con una foto que me hice con el máximo goleador de la competición. ¡Qué grande eres Salomón!

Aquí os dejamos el siete ideal de El Banquillo del Cuarto Árbitro:


JOSÉ ANTONIO
(MÁLAGA CF)
BENJAMÍN GARAY     ARNAU COMAS
(REAL MADRID)     (FC BARCELONA)
SILVANO         SALOMÓN OBAMA         ALFREDO SOUSA
(ATLÉTICO)                (ATLÉTICO)               (MÁLAGA CF)
ABEL RUIZ
(VALENCIA CF)

PabloG.

jueves, 10 de mayo de 2012

Final de la UEFA Europa League Atlético de Madrid - Athletic Club


El Tigre se comió a los leones

Llegó el día de las emociones, el más esperado por leones y colchoneros, el día en que el Athletic volvía a una final europea treinta y cinco años después,  el día en que el Atlético podría coronarse  de nuevo campeón como hizo dos años atrás. Llegó el día de la final de la UEFA Europa League y Bucarest se tiñó de rojiblanca.

El duelo estuvo servido desde el primer momento, también en el banquillo, donde dos estrategas como Simeone y Bielsa, pupilo y maestro, se verían las caras e intentarían ganar el dominio táctico en el terreno de juego. Pronto tomaron ventaja los atléticos, que con una presión asfixiante lograron incomodar mucho al Athletic a la hora de sacar el balón jugado y le hacían regalar balones en largo o realizar peligrosas pérdidas en pases cortos. De hecho, en una de estas pérdidas, Diego logró enviar un balón interior para que Falcao se metiera en el pico del área y una vez allí, cuando ya parecía que iba a perder el cuero, driblara a su rival y se sacara un zapatazo con la izquierda que sacó las telarañas de la escuadra de Gorka Iraizoz y acercaba a su equipo a una nueva Europa League.


Tras el bonito tanto del “Tigre”, el Athletic por fin pudo desplegar algo más ese juego atractivo que le ha llevado a la final de la segunda máxima competición europea, aunque sin su chispa característica debido al buen hacer de la férrea defensa atlética liderada por Godín. A pesar de ello, a punto estuvo de hacer el primero de su equipo Fernando Llorente, con un remate mordido a centro de Ander Herrera que se marchó rozando el poste. Poco después el que lo intentó fue Muniain, que sacó un peligroso disparo desde cuarenta metros al que Courtois respondió con un paradón. Los leones lo intentaban una y otra vez, pero no lograban percutir la defensa colchonera con claridad.

Pero entonces, cuando los vascos vivían sus mejores minutos del encuentro, una nueva pérdida les volvió a condenar. Y es que de nuevo Diego vio el hueco para que Turan se metiera hasta la cocina y sirviera en bandeja el balón a Falcao, un balón que el colombiano recibió de espaldas y tras realizar un movimiento de crack que sentó a Aurtenetxe, clavó en la red de Gorka, al que supero al meter el pie por debajo del cuero. El “Tigre”, máximo goleador de la competición por segundo año consecutivo, hacía realidad el sueño atlético, ya que a falta de cuarenta y cinco minutos para el final, tenían una ventaja de dos goles sobre un Athletic al que hicieron mucho daño con gran seriedad defensiva y un juego simple, pragmático y ante todo eficaz.


La segunda mitad comenzó con una revolución en el equipo de Bielsa, que dio entrada a Íñigo Pérez e Ibai Gómez para sentar a Aurtenetxe e Iturraspe, a fin de enderezar una situación excesivamente complicada. Los resultados fueron inmediatos, ya que tan sólo un minuto más tarde Miranda tuvo que salvar in extremis una internada de Muniain. Minutos más tarde el que lo intentó fue Íñigo Pérez con un lejano disparo de falta que puso en aprietos a Courtois.

El Athletic volvió a tomar las riendas del partido, pero pagó caros muchos errores causados por el nerviosismo de sus jóvenes jugadores, a los que a ratos pesó en exceso el escudo que llevaban en el pecho. Para colmo, su líder natural, Llorente, naufragaba una y otra vez ante la pareja de centrales colchonera, sublime en la noche de hoy.

A falta de veinte minutos, los leones se volcaron a la desesperada para lograr un tanto que les pudiera meter de nuevo en la final. Se sucedieron la ocasiones: un centro de Iraola al que Llorente no llegó por poco, un remate de Ibai alto, un jugada del propio Ibai que salvó Courtois y De Marcos en el rechace envió el balón fuera, un disparo de Susaeta que se fue rozando el poste tras tocar en Miranda, otra ocasión de Susaeta a bocajarro que Courtois abortó… El Athletic lo intentaba de todas las maneras, pero se topaba una y otra vez con el muro atlético.

Mientras tanto, los madrileños seguían buscando sin hacer ruido el tercer y definitivo tanto que certificara la consecución del ansiado trofeo. Avisó Falcao, que se vació en una jugada en la que se enfrentó el solo a la defensa bilbaína y en la que tras driblar a dos adversarios, sacó un buen disparo que salió repelido por el poste. Pero el definitivo tanto llegaría de la mano de Diego, que agarró un balón a cuarenta metros del área y, tras entrar en ésta, regateó a Amorebieta arrastrando la bola para después batir a Iraizoz con la izquierda y desatar la locura colchonera que veía a su equipo de nuevo campeón dos años después. Lloraba de emoción el “Cholo” y reía todo el equipo y toda la afición del Atlético de Madrid que vibraba con un nuevo título de su equipo, esta vez logrado gracias al innegable talento y liderazgo de Radamel Falcao y al inmenso trabajo de los Adrián, Turan, Diego, Godín, Filipe… El Atlético de Madrid volverá a pisar Neptuno.


ALINEACIONES

Atlético de Madrid: Courtois; Juanfran, Godín, Miranda, Filipe; Suárez, Gabi, Diego (90’ Koke), Turan (93’ Domínguez), Adrián (88’ Salvio); Falcao.

Athletic Club: Iraizoz; Iraola, Amorebieta, Martínez, Aurtenetxe (45’ Pérez); Iturraspe (45’ Ibai), Herrera (62’ Toquero), De Marcos; Muniain, Susaeta, Llorente.



PabloG.