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sábado, 1 de febrero de 2014

El Barça se descalabra ante el Valencia

El Valencia de Pizzi dio la campanada en el Camp Nou (2-3) para dejar el liderato en el aire. Los ché, que no jugaron un partido excesivamente brillante, se impusieron a un Barcelona esperpéntico en defensa en el día en el que el coliseo azulgrana guardó luto en memoria de Luis Aragonés.


Con el corazón destrozado y el alma aún encogida, Barcelona y Valencia saltaron al Camp Nou para honrar la memoria de Luis Aragonés. El Sabio de Hortaleza pasó por ambos banquillos y dejó una huella imborrable, de modo que ese minuto de silencio, más corto de la cuenta, fue una forma poética de darle las gracias por tanto. Con Puyol en la grada e Iniesta en el campo, los focos se centraron en Xavi. Su gesto representaba a la perfección el sentir del fútbol español. De sentimiento profundo y sorpresa desmesurada. Todavía nadie se cree que Zapatones se haya ido para siempre. Xavi quedó huérfano, pues partió su maestro, aquel que le entregó el timón del fútbol cortito y al pie.

Sin embargo, el Barça no tenía cuerpo para homenajes. El encuentro, aunque precioso para el espectador, fue un suplicio para los blaugrana. Fue un partido de dos caras para ambos equipos: la bonita, la ofensiva; la fea, la defensiva. La bonita para el Barça fue la primera parte, en la que avasalló a su rival y sin embargo se fue al vestuario con el partido 1-1, muy probablemente de forma inmerecida. La fea, que más que eso fue horrorosa, llegó en la segunda mitad. Para el Valencia fue justo al contrario. Los hombres de Pizzi, sin hacer un partido excelso, supieron sobrevivir a los mejores minutos del Barcelona, empatar el partido en el primer descuido y aprovechar al máximo la decadencia defensiva de la zaga culé en la segunda mitad para llevarse la victoria.

El partido parecía seguir el guión con normalidad en los primeros minutos. El Barça arrasaba con Messi a la cabeza. El argentino ha mutado de repente de grandísimo goleador a grandísimo director de orquesta. Y el Barça lo agradece. Porque sigue siendo desequilibrante y además hace mejores a sus compañeros. Enriquece el fútbol del equipo. En una de las primeras acciones en las que le dejaron hacer, hizo. Se inventó un pase desde la izquierda para que Alexis rematara con la misma fortuna que espectacularidad y batiera a Diego Alves por alto.

Se gustaba el Barça, que quería hacer sangre a un frágil Valencia que se desarmaba en transición. Golpeaba una, y otra, y otra vez. Con Cesc descifrando el fútbol y Pedro como un auténtico puñal. Y golpear, golpear y golpear y volver a golpear, y golpear, y golpear, y golpear, parafraseando al mítico Luis. Pero los valencianos resistían de forma épica. Ayudó también la exhibición de reflejos de Diego Alves, salvador de su equipo en cada ocasión de peligro. Era lo único rescatable, junto a Feghouli, de un Valencia desmontado y sin rumbo.

Precisamente fue el argelino quien marcó el cambio de rumbo del partido. Se despegó por la banda otra vez, como ya lo había intentado un ciento de veces antes que esa. La diferencia fue que encontró compañía y el Valencia llegó hasta el fondo. Feghouli levantó la cabeza y vio llegar a Parejo desde atrás con ímpetu y se la regaló para que empatara el partido. Un pase de la muerte, como esos que se pusieron tan de moda en los 90.

El talento de Parejo guió al Valencia

El partido de hoy pasará a la historia como el del día en que Parejo devoró al centro del campo del Barcelona. El canterano madridista hizo su la parcela central del césped y se impuso con claridad primero a Xavi y Busquets, y luego también a Iniesta. Dio un auténtico recital de estrategia, de cómo organizar a un equipo para alcanzar la victoria sin ser brillante. Y lo sujetó con acierto durante todo el partido. Parejo se está erigiendo poco a poco en el líder de este nuevo Valencia de Pizzi. Por talento y por un carácter ganador que hasta ahora no había mostrado al máximo nivel de competición pero que se le presuponía en su brillante paso por las categorías inferiores de nuestro fútbol. Está ocupando ese vacío de liderazgo que acusaba la plantilla para empujar a su equipo hacia arriba.

Y entre un Parejo imperial y un Barça que se puso nervioso atrás, apareció Piatti de cabeza para hacer realidad todos los temores blaugrana. El argentino, con su metro sesenta y tres de altura, ya puede añadir a su currículum un gol de cabeza tanto al Madrid como al Barcelona esta temporada. Algo que no habla muy bien de ninguna de las dos defensas.

De poco sirvió el conato de resurrección culé, que alcanzó su pináculo con un gol de Messi de penalti tras una rigurosa mano de Ricardo Costa. Fue un espejismo. Seis minutos después el que marcaba era Paco Alcacer para confirmar el esperpento de la zaga del Barça: hizo un desmarque al primer palo que Piqué no entendió y remató a placer mientras el catalán giraba la cadera de manera extraña.


Para más inri, Jordi Alba se marchó a la caseta antes de tiempo, acabando con cualquier esperanza de remontada. Es la primera expulsión del Barcelona esta temporada y probablemente la más dolorosa, porque ocurrió justo el día menos oportuno. El día en que el Barça dejó en el aire su liderato con una surrealista segunda parte.

PabloG.

miércoles, 29 de enero de 2014

El Atlético profana a lo grande La Catedral

En el partido de fútbol más intenso que se ha visto en el joven San Mamés, el Atlético de Madrid ganó como los equipos grandes (1-2). El Athletic lo revolcó en la primera mitad, pero los de Simeone se levantaron, ganaron el partido y se enfrentarán en semifinales al Real Madrid.



Los equipos grandes se caracterizan especialmente por ser capaces de vencer incluso cuando las condiciones son las menos favorables. El Atlético de Madrid hoy hizo gala de ello en el nuevo San Mamés, superando a un Athletic que lo hizo trizas en la primera mitad. Pero los colchoneros no sólo resistieron los golpes. Cómo vigentes campeones, se levantaron con la cara amoratada y tiraron de corazón para ganar la pelea. Empataron el gol de Aduriz con un trallazo de Raúl García que los ponía en ventaja en el global de la eliminatoria. Y a partir de ahí tomaron el control del juego, cuidando hasta el último detalle, para que el partido no se escapara. El postrero gol de Diego Costa no fue más que la confirmación del estatus de este equipo, que jugará una semifinal de la Copa por tercera vez en los últimas cinco temporadas.

San Mamés lloró para mojar un poco más con sus lágrimas ese césped empapado por la poderosa lluvia que no cesó durante todo el partido. Su corazón está roto. Once desalmados le arrancaron sin piedad de sus entrañas lo que guardaba con más cariño: ese invicto que hacía del Athletic uno de los equipos más temibles de España. Un Athletic potente, que se encuentra en uno de los mejores momentos de su historia. Aúnan con maestría las combinaciones cortas, seña de identidad del fútbol de Valverde y de su reciente etapa bielsista, con los rasgos más esenciales que definieron durante un siglo su fútbol, con balones directos y peligrosos centros desde los costados. Es un fútbol total. Y, sin embargo, no fue suficiente.

No lo fue porque no tuvo en la segunda mitad la continuidad necesaria. En la primera, el Athletic fue rey de San Mamés y Simeone no sabía a ciencia cierta por dónde le venían los golpes. Se los asestaba, principalmente Muniain, que estaba desbocado y se eregía como némesis del cholismo. El pequeño genio navarro hizo suya la parcela central del campo en el que el Atlético desplegaba su 4-1-4-1 y desmontó una y otra vez al rival. Se asociaba con Ander para locura de Gabi y llegaba arriba con peligro. Pero no estaba solo. Susaeta aprovechó la tempranera lesión de Filipe Luis para hacer una y otra vez malintencionadas diagonales que le dejaban vía libre a Iraola para aparecer. El lateral brasileño del Atlético tuvo que abandonar el campo en camilla por su aductor dijo basta de mala manera y a su sustituto, Insúa, le tocó bailar con la más fea.

Desmontado el Atlético, con Koke y Raúl García en labores que por talento no le pertenecen, con Adrián haciendo casi un doble lateral en la parte izquierda, los leones bailaban. Pero no materializaban sus ocasiones. Hasta que Aduriz enganchó en lo alto un balón templado por Balenziaga, que llegó como un guerrero hasta la línea de fondo para poner el servicio. Entonces San Mamés rugió aún más. Con auténtico convencimiento de que su Athletic triunfaría esta noche como ya lo hizo en muchas otras.


Pero cuando los colchoneros parecían muertos, cuando San Mamés y el Athletic alcanzaban la simbiosis y eran un auténtico ciclón, apareció un coloso para cambiar el rumbo del partido. Desde la portería, Courtois dio alas a su equipo. Dos paradas imposibles, primero a Mikel Rico y después, de manera todavía más espectacular a Aduriz, mantuvieron al Atleti en pie y le permitieron llegar vivo al descanso. Dos paradas que acabaron suponiendo el pase de ronda, pues los colchoneros mutaron tras pasar por los vestuarios.

Se fue un equipo derrotado y regresó un equipo campeón. El del control absoluto, el del temple y el saber estar, el del peligro constante. Volvió el Atlético que arrasa esta temporada en España y en Europa para llevarse la eliminatoria. Ya poco importaron el ímpetu de Muniain, la calidad de Ander Herrera o las carreras de Susaeta. Todo eso estaba en el guión que el Cholo le entregó a sus jugadores y había un final feliz. Un gol de Raúl García para derribar al Athletic. Otro de Diego Costa por si quedaban dudas. El hispano-brasileño hizo a última hora lo que no pudo en los primeros segundos de juego: batir a un inmenso Herrerín. Debe agradecer parte del tanto a San José y su horrorosa maniobra para tirar un fuera de juego imposible.


El Atlético de Madrid, tirando de oficio, casta, cabeza y corazón se convirtió en el primer equipo en profanar La Catedral. No sólo ganó la eliminatoria, sino que se llevó el partido porque así había que hacerlo. Necesitaban mandar un mensaje a sus competidores ahora que aparece el Real Madrid en el horizonte: el campeón está muy vivo.

PabloG.

lunes, 27 de enero de 2014

Después de la tormenta siempre llega Messi

El Barça supo reponerse a los duros golpes recibido durante la semana y vencer a un laborioso Málaga (3-0) que se desinfló a los cuarenta minutos. Con un gran Xavi al mando de las operaciones y con un Messi entonado, el Camp Nou disfrutó del fútbol.


Un huracán sacudió al Barcelona esta semana y lo hizo trizas por dentro. Otro, esta vez futbolístico, reparó los daños más superficiales. El Barça demostró que lo que ocurre en los despachos influye muy poco a lo que se desarrolla en el campo. Y que sigue siendo un rival temible. Piqué, Pedro y Alexis sentenciaron a un Málaga que aguantó el tipo durante cuarenta minutos, pero que poco a poco se fue desinflando e hincando la rodilla. Tres jugadores a los que cada vez sorprende menos ver marcar. Suman entre ellos veintiocho goles en liga esta temporada.

Xavi Hernández tomó las riendas del equipo para dirigirlo a una de las victorias más importantes de su historia. Una victoria de estabilidad en un partido que le sirvió para reivindicarse. Justo el día que su casa lo homenajeaba por sus más de 700 partidos de azulgrana. Justo cuando más se le necesitaba. El egarense exhibió clarividencia y sus estímulos al juego fueron respondidos por la electricidad de Messi y la precisión de Fàbregas, actores principales en las jugadas de los goles del Barça.

El partido estuvo desequilibrado desde el primer momento. El Málaga conocía a la perfección sus opciones y su rol en el partido. Dedicaron todo su esfuerzo a mantener el orden defensivo y achicar espacios ante cada envite culé. Y no salió del todo mal. Es más, Valdés tuvo que emplearse a fondo en un par de ocasiones para que la calma reinara en Can Barça. Pero entonces el partido se rompió definitivamente. Santa Cruz, el guerrero más fiero de la plantilla de Schuster, tuvo que abandonar el campo lesionado. Y el plan se vino abajo. Adiós a la intensidad en la presión y a la salida larga. El Málaga necesitaba generar peligro desde atrás y se perdía. Y concedía terreno al Barcelona.

Para ese entonces Alexis ya había estrellado un tiro al poste, pero el león culé no estaba más que enseñando los dientes. Fue un poco más tarde cuando ya se abalanzó definitivamente. Y los goles se sucedieron, porque la situación era propicia. Xavi campaba a sus anchas por el medio, Cesc movía el balón entre líneas y Messi recibía lejos de la portería para arrancar con violencia. El primero llegó en un saque de esquina pésimamente defendido por la zaga malaguista que Piqué envió al fondo de las mallas sin acelerarse demasiado. Tuvo todo el tiempo del mundo.

Y fue entonces cuando comenzó el auténtico recital de Messi. El argentino estuvo mucho tiempo agazapado, enredado en la tela de araña que propuso Schuster. Cada vez que recibía, cuatro jugadores blanquiazules lo envolvían. Hasta que dijo basta. Abandonó su posición habitual y desde donde quiso se puso a crear. Y a bailar en medio del caos. Una y dos arrancadas. Lo suficiente para descolocar a la defensa rival y generar dos goles más, obra de Alexis y Pedro. El del canario, una delicia: sin apenas espacio y en un movimiento vertiginoso, sentó a Angeleri y la puso imposible para Caballero, héroe malaguista pero en el fondo también humano.


Con ritmo y ocasiones el Barça, que fue otra vez el Barça de Xavi y Messi, venció al Málaga. Aparcaron la crisis institucional para centrarse en el fútbol. Y cuando la pelota está por medio, el Barcelona casi siempre sale ganando. Marcaron tres goles y abrazaron de nuevo el liderato. Al final, esto es lo que importa.

PabloG.

jueves, 23 de enero de 2014

Godín rompe un perfecto empate a todo

El Atlético de Madrid venció al Athletic de Bilbao en el Calderón (1-0) gracias a un testarazo de Godín que hizo bueno el gran envío de Koke desde la derecha. Un tanto que desequilibró un partido que fue un perfecto empate a todo, y que da a los colchoneros ventaja de cara al partido de vuelta.


Cuando la competición llega al límite, este Atlético de Madrid siempre vence. Aunque no lo merezca, como hoy, que se vio en el Vicente Calderón un empate a todo encuadrado en un grandísimo partido de fútbol. Y son esas victorias inmerecidas pero cosechadas de todas maneras la que hacen tan grande a este equipo. Las que lo sitúan a la altura de los mejores. Su rival ya sabe de antemano que no sólo tendrá que competir el partido hasta el final y ser mejor que el Atleti. Puede que con eso no le alcance ni siquiera para arrancar un empate. Necesitan aplastar al equipo de Simeone para que no se les escape la victoria. Algo altamente improbable. Algo que aún no hemos visto esta temporada. El gol de Godín quizá no hizo justicia a lo que ofreció el global del partido, pero sirvió para prolongar la mística de este equipo que quiere seguir peleando por todo.

Marcó el Atlético de Madrid el ritmo del partido y de repente no hubo opción para su rival. Aunque lo intentara de mil formas, aunque se volcara en el área con más de cinco futbolistas. El Athletic siempre encontró lo mismo: nada. O, a lo sumo, un ¡huy! La partida que planteó Simeone era difícil de contrarrestar. Y eso que Valverde, estratega como pocos, lo intentó en todo momento. Calculó con precisión los movimientos del Cholo y los contrarrestó adecuadamente en función del estilo de su equipo y de los jugadores de los que disponía. El Athletic no encontró nada a pesar de que Ibai percutió por la izquierda, de que el ímpetu de De Marcos empujó una y otra vez primero a Filipe Luis y luego a Juanfran, de que Susaeta atacó sin piedad cada minúsculo espacio que dejaba el Atleti.

Aunque el dominio, durante el mayor tiempo del partido, fue vasco, el que controlaba el partido era el Atleti. El indefinido e indefinible Guilavogui condicionó en exceso el juego de su equipo en la primera mitad: obligó a Koke y a Raúl García a pegarse demasiado al centro para hacer funciones que no les corresponde ni por calidad ni por instinto. Pero aun así los colchoneros controlaron, y con la entrada de Gabi, descansaron sobre el pilar más importante de este equipo. Gabi es el principio y el fin de cada jugada. El que primero toma contacto con el balón en la sala de máquinas y el que destruye el avance enemigo si las cosas no salen bien. El pegamento perfecto que cohesiona un ataque brillante y una defensa feroz, y que le da al Atleti ese empaque tan característico que le hace sumar puntos por inercia.

El que no estuvo centrado en el partido fue Diego Costa. Y no lo estuvo porque pinchó en un hueso que, sorprendentemente, fue demasiado duro. El trabajo que hicieron sobre el hispano-brasileño Gurpegi y, especialmente, Laporte fue excelente. El central francés es a sus 19 años uno de los centrales más elegantes de la liga. Su salida de balón es soberbia, su golpeo de balón es exquisito y técnicamente no tiene símil. Pero siempre se le achacó una preocupante fragilidad defensiva. Hoy, en el escenario más duro posible, con una bestia como Diego Costa enfrente, sacó matrícula de honor. No sólo secó al punta atlético, sino que lo sacó del partido y le hizo aflorar esa agresividad que tanto afean su juego. Y todo con una limpieza y una elegancia ejemplares, a pesar de que Costa lo agredió en dos ocasiones.

Un centro perfecto de Koke desde la izquierda y un remate de cabeza de Godín, que entró en el área con más fuerza que un tren de mercancía. Eso fue lo que separó a Atlético y Athletic en el Calderón. Un tanto de gran factura y de capital importancia. Los colchoneros aterrizarán en el todavía incorrupto nuevo San Mamés con ventaja en una de las eliminatorias más vibrantes de la presente edición de la Copa del Rey. Porque sí, los chicos del Cholo también ganan aunque no lo merezcan del todo.

PabloG.

sábado, 4 de enero de 2014

Koke salva al Atleti en la guerra de La Rosaleda

El Atlético de Madrid venció al Málaga en La Rosaleda (0-1) con un gol de Koke y más sufrimiento del esperado. El intenso y renovado equipo de Schuster se lo puso muy difícil al de Simeone. Pero acabaron ganando, como casi siempre, y siguen en lo más alto de la clasificación.


Fue una guerra lo que se vivió en la tarde de verano con la que camuflaba Málaga este cuatro de enero. Y en ella, volvió a triunfar el Atleti líder en solitario a la espera de noticias desde Can Barça. El equipo del Cholo Simeone, a falta de creatividad ante un rival que lo asfixiaba, tiró de oficio para solventar el compromiso. José Antonio Teixeira Vitienes apuntó en su libretilla el nombre de Juanfran, que se perderá por acumulación de tarjetas la final que les espera la próxima semana a los colchoneros en el Calderón contra el Barcelona. También apuntó el de Koke, autor del único gol del Atleti, que continúa con paso firme.

Quiso innovar Bernd Schuster. Asediado por la prensa y por una afición con un paladar ya demasiado exquisito, el alemán trató de darle el empuje competitivo que necesita su equipo cimentándolo desde la defensa. Hasta cinco alineó de salida. Angeleri, Weligton y Sergio Sánchez en el eje; Antunes y Jesús Gámez volando por los costados. Y se pudo ver un Málaga transformado, que se armaba con un 5-4-1 en defensa y se desplegaba en un 3-4-3 en ataque. Arropado por una afición entregada, los boquerones sintieron que podían con el Atleti. Contuvieron a su rival durante buena parte del partido. No hubo noticias de Diego Costa, totalmente aislado de la realidad y rodeado en todo momento por tres camisetas blanquiazules.

El Málaga aguantaba e incomodaba. Samu firmó un buen partido, Eliseu lo 
puso ímpetu a la causa y Gámez y Antunes llevaron peligro en sus acercamientos. Se estaba gestando un gran partido, un duelo de poder, un choque a ver quién era más fuerte de los dos. Un cabezazo de Eliseu a centro de Samu casi pone en ventaja a los blanquiazules, pero el balón se fue alto.

El Cholo tuvo que reaccionar. Se le veía intranquilo a medida que avanzaba el partido. En el descanso dijo basta. Sacrificó al joven Oliver Torres y puso en el campo a Adrián. Si no se ganaba por talento, se ganaría por la fuerza. Tiago cogió el escudo y se colocó como único pivote. A su lado aparecieron Arda Turan y Koke. Arriba, dinamita: Villa, Adrián y Diego Costa.

Y en un momento dado, en un tramo del partido en el que el Málaga atacaba con todo la portería de Courtois, el partido se descontroló. No fue por demasiado tiempo, tan sólo un par de ocasiones para ambos equipos, pero en ese momento reinó el caos en La Rosaleda. Y Diego Costa es el señor del caos. Arrancó con potencia para regalarle un balón a Adrián que, tras un recorte, sólo Weligton pudo evitar que se transformara en gol. A la siguiente, el Atlético no perdonó. Otra vez arrancó Costa, pero esta vez arrastró consigo a Angeleri, Weligton y Sergio Sánchez. Los tres centrales pendientes de sus movimientos. Y los tuvo a los tres. Metió un delicioso balón para Adrián que Willy Caballero salvó. Mismos protagonistas, pero distinto final, porque ahí apareció Koke para reventar el balón suelto y poner al Atleti en ventaja.

Tanto sufrió el Atlético de Madrid en La Rosaleda, que tras el uno a cero dio un gran suspiro de alivio. Simeone quitó a Villa y metió a Alderweireld. El partido no se podía escapar. Poco le importó que Schuster desmontara su planteamiento y se metiera en campo contrario con Santa cruz como faro para guiar al Málaga a la victoria. También le importó poco dejar en el banquillo a Sosa, aliciente extra para un partido ya caliente, pues el jugador argentino tenía un acuerdo verbal con el Málaga y acabó firmando por el Atleti –y el público le hecho una buena reprimenda por ello–. El Cholo fue pragmático. Y Juanfran y Filipe Luis, notables durante todo el partido en ataque, se juntaron con el resto de sus compañeros para formar una muralla infranqueable.

El Atleti lidera la liga y el próximo sábado espera al Barcelona en el Calderón. Será un partido a vida o muerte, una final en toda regla. Un partido para decidir el futuro y los objetivos de este equipo. Pero hasta ese momento, siguen siendo el mejor equipo de España.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Sergio Ramos, primero futbolista

En medio de la tormenta desatada en torno a él, fútbol. Sergio Ramos sigue siendo futbolista. De los mejores del mundo en su puesto, para ser exactos. Hay pocos en el panorama internacional con su entrega y su garra. Quizá no siempre esté al mejor nivel y quizá a veces se exceda, pero nunca baja el ritmo ni la intensidad. Expulsiones como las del pasado miércoles lo condenan, pero pocos se fijan en lo que hay detrás: Sergio Ramos no esquiva responsabilidades nunca en el terreno de juego. Si se tiene que jugar la roja, se la juega, porque se siente líder y responsable de su equipo. Y eso es muy admirable.


En poco más de una semana, Ramos llegó a ocupar tres posiciones diferentes: mediocentro en el Camp Nou, central contra Sevilla y Rayo Vallecano, y lateral derecho en casa de la Juventus. Su desempeño fue desigual, pero la confianza de su entrenador para entregarle el puesto de mayor responsabilidad en los trascendentales duelos de Barcelona y Turín fue total. Resume muy bien lo que es este jugador que ejecuta con los pies lo que le nace en el corazón.
Sergio Ramos es, probablemente, el defensa más versátil del fútbol actual. Adaptable a varias posiciones, como ya hemos comentado antes, y defensivamente excelso. Su juego aéreo es una de sus armas más explotadas y más poderosas y le permiten cortar multitud de balones. El resto los recupera por pura colocación y un corazón que no le cabe en el pecho. Además es muy rápido. Eso le permite corregir los defectos de su compañero de baile en la zaga.

Pero ofensivamente también es un arma muy peligrosa. Saca el balón desde atrás con soltura y de manera exquisita, ya sea en corto y avanzando con el equipo o con un preciso envío en largo, donde también destaca, porque su pierna derecha es un una delicia. Por precisa y por potente. Líder atrás, sus avances causan pánico en el rival. Y es que no se puede olvidar que hubo un tiempo en el que Ramos vivió más en el ataque que en la defensa, prácticamente.

Corría el año 2008 y la selección española se alzaba campeona de Europa. Allí estaba Ramos, bebiendo de aquel fútbol de ensueño pegado a la banda derecha. Era un auténtico ciclón. Destrozaba a la defensa contraria apareciendo por sorpresa, cuando los sistemas diseñados por los seleccionadores contrarios eran incapaces de detectarlo. Y por eso fue un pilar muy importante, con 22 años, de un equipo mágico. Repitió actuación y éxito en 2010. Y se consolidó en la élite para después brillar como el central más completo del mundo.


Sergio Ramos es una pieza casi insustituible. No existe ningún futbolista en el planeta capaz de ocupar su posición con las mismas garantías que él y a la vez cubrir la misma cantidad de registros. Ha aprendido a lo largo de su carrera como moverse por el mundo del fútbol y ha logrado cambiar la imagen que tenía cuando salió de Sevilla a cambio de 27 millones de euros. Ahora se ve envuelto en un meollo que probablemente no le haga justicia, porque ante todo, es futbolista.

PabloG.

martes, 22 de octubre de 2013

Messi, un gigante en cuerpo enano

En un partido en el que el Barcelona continuó viviendo el síndrome de Pamplona, sólo la luz que aportó Messi –ni muchísimo menos a su mejor nivel– le permitió seguir en el partido. Sin espacios, el argentino hizo un gol y regaló varios balones de ensueño. Es increíble.


Por momentos, el aficionado culé que puso el Milan-Barça en la pantalla de su televisor tuvo miedo de que los que iban de rayas negras y rojas fuesen los jugadores de Osasuna disfrazados. Después descubrieron que no, que esto era mucho peor: estos eran italianos. Con el paso de los minutos, el Milan se iba cerrando cada vez más, para no dejar solo al pobre Amelia. Y para no dejar ni un huequecito al Barça, que necesita muy poco para fabricar un gol. Porque aparte de los Iniesta, Xavi, Neymar y compañía, tiene a Messi.

Al argentino le importa muy poco la táctica o la técnica del equipo rival, él sólo conoce del balón porque con él es el mejor. No está a su mejor nivel, porque últimamente las lesiones se han cebado con él como en los viejos tiempos. Pero aun así sigue siendo el más determinante, decisivo para el devenir del partido. Hoy aprovechó un error del Milan y un acierto de Iniesta para hacer un gol que pocos hubieran logrado. No había espacio y si dos gigantes que chocaron con él, pero consiguió mantener la verticalidad, armar la pierna y darle al Barcelona un poco más de tranquilidad.

Lo que hace Messi parece simple pero no lo es. Resiste cualquier tipo de impacto con una armadura que, en teoría, no está preparada para ello. Con 1, 69 metros de altura y 67 kilogramos de peso, Messi es imparable. Primero porque lleva la pelota siempre pegada al pie; después, porque sus piernas son tan fuertes que lo mantienen siempre arriba, sin importar la dureza del impacto o la envergadura del que impacta. Es algo sobrenatural. Hay muchos jugadores con esa extraña habilidad hoy en día: Agüero, Isco, Wilshere, Ribèry… pero ninguno le saca tanto partido como la Pulga.

Pero Messi no sólo marca goles y resiste contactos incluso cuando su estado físico no es óptimo. También sigue siendo bueno en lo que desde pequeñito fue su mejor virtud: ver la rendija que nadie más es capaz de percibir. Así estuvo a punto de llegar el desempate, pero Adriano falló en el último instante. Y es que Messi no sólo remata los partidos con pinceladas magistrales; su dibujo de las jugadas es académico.

Sus habilidades y su juego son únicos y es un privilegio ver jugar a este futbolista, porque es irrepetible. Ahora es el tiempo de Messi, como en su momento lo fue de Cruyff, de Maradona, de Beckenbauer, de Di Stéfano o de Pelé. Lo que hace sobre el césped es magia, pura fantasía al servicio del fútbol. Y nuestros ojos son testigos de algo tan inmenso que se escapa a las palabras.

Todo ello lo hizo enmarcado dentro de una tela de araña roja y negra, a años luz de su mejor nivel físico y en uno de los campos más complicados del mundo. Todo, en un partido en el que el Barça fue menos Barça que nunca. Leo, ¿hasta dónde eres capaz de llegar?

PabloG.

domingo, 6 de octubre de 2013

Lo que rodea al jugador de moda

Diego Costa está en boca de todos. Lo está por su buen hacer en el campo y por sus goles, pero también por un tema que lo persigue donde quiera que va: ¿jugar con España o con Brasil? El debate interminable pronto llegará a su fin. Diego Costa lo apuesta todo al rojo.



Es el delantero centro más en forma de España. Así debe comenzar cualquier texto que verse sobre Diego Costa, autor de diez goles en ocho partidos de liga con el Atlético de Madrid. Su progreso ha sido fulgurante: de vivir a la sombra de Falcao a sostener sobre sus hombros el peso del equipo colchonero. Su buen hacer sobre el césped no ha pasado desapercibido para nadie. Pero eso tiene también sus consecuencias negativas. La selección española lo quiere reclutar pero no puede; la brasileña, con la que ya disputó dos partidos amistosos, en principio no, pero duda. Ahora, Diego Costa vive inmerso en una espiral de debate sin fin. ¿Debe ir convocado con la selección española o con la brasileña?

Las dudas en la selección española en torno a la figura del delantero centro no son nuevas. Ya en la Eurocopa de 2012, disputada en Polonia y Ucrania y ganada precisamente por España, hubo bastante ruido alrededor del tema. Incluso durante la fase de clasificación al torneo. Por aquel entonces se optó por colocar a Cesc Fàbregas en la punta del ataque, haciendo de falso delantero, para paliar la baja de David Villa y el bajo nivel de forma mostrado por Fernando Torres en el Chelsea. También comenzaron a aparecer en las convocatorias los nombres de Soldado y Negredo, gracias a sus buenos registros goleadores con Valencia y Sevilla respectivamente.

Ahora aparece el nombre de Diego Costa por una cuestión meramente futbolística: aporta cosas que el resto, por cualidades técnicas, físicas y mentales, no puede. Costa es un futbolista letal en el área, potentísimo al espacio y sensacional en el juego aéreo, lo que permitiría una salida en largo fiable cuando fuera necesario. Pero sobre todo, es ultracompetitivo. En ese sentido daría a la Roja algo que le falta: carácter para superar las dificultades.

Para jugar con la selección española, Diego Costa debería seguir una serie de trámites entre los que se encuentra su nacionalización (ya la tiene); es decir, sería una especie de fichaje burocrático que adulteraría en cierto modo la naturaleza de las selecciones nacionales. En este punto, es conveniente señalar que el jugador del Atlético aterrizó en Portugal con dieciséis años para jugar en el Sporting de Braga y un año más tarde, en 2007, el club de la capital de España acordó su fichaje, por lo que su formación futbolística en Brasil llegó únicamente hasta la categoría de cadete.

La RFEF, contenta con la actitud del jugador

Uno de los puntos a tener en cuenta es la adaptación del hispano-brasileño al bloque y al vestuario de la campeona del mundo, y ahí juega un papel vital la personalidad del jugador. Costa ha sido señalado en multitud de ocasiones como un futbolista conflictivo y antideportivo, un carácter difícil de contener. Pero en las últimas fechas Diego Costa ha sido capaz de reeducar esos impulsos y adaptarlos a su estilo de juego. El resultado ha sido más que satisfactorio: su competitividad ha alcanzado niveles increíbles.

En ese sentido, la Federación Española de Fútbol (RFEF) se muestra muy satisfecho con el delantero. Incluso Vicente del Bosque está sorprendido con la forma de ser del jugador. Fuentes cercanas al seleccionador cuentan que a Del Bosque le agradó mucho la cercanía de un Diego Costa cuya actitud fuera del campo es diametralmente opuesta a la que muestra dentro. Es un hombre sencillo y cercano.

Pero lo que más gusta en la Federación es la predisposición que muestra para vestirse de rojo. Ya ha dicho por activa y por pasiva a su entorno que su deseo es jugar con España, el país que lo formó como futbolista. Si la Roja desea contar con él, estaría encantado.

Las dudas brasileñas

"Si un jugador quiere jugar aquí o allí, no será nuestra entidad quien diga no. Esta es mi posición y tengo la certeza que es también la posición del presidente (José María Marín)". Esas fueron las palabras del vicepresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) acerca del ‘caso Costa’. Son bastante claras: la CBF no pondrá ninguna traba para que Diego Costa juegue con España si ese es su deseo.

En la práctica, la cosa no ha sido igual. Lo único que impide a Diego Costa jugar con España es un documento sellado por la CBF que indique que el jugador no ha disputado ningún partido oficial en ninguna categoría con la selección brasileña. Un documento que la federación brasileña ha retrasado convenientemente para que no estuviera listo para esta convocatoria de la selección española.

La canarinha, como anfitriona del próximo mundial de 2014, no tiene que disputar partidos de clasificación. O lo que es lo mismo: no tiene ningún compromiso oficial hasta la cita mundialista. El motivo de no entregar el certificado a tiempo esta vez responde a una táctica para ganar tiempo y tratar de convencer a un Costa que sólo quiere jugar con España.

PabloG.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Diego Costa, prófugo

Depredador del fútbol. Y presa de unos medios que lo elevan a límites insospechados y lo despedazan a partes iguales. A él no le gusta ni una cosa ni la otra, por eso huye, se evade. Lo hace como mejor sabe: con intensidad y muchos goles. Así es Diego Costa, un prófugo.



Corre. Corre mucho. Salta, choca. Lucha. No descansa, ni aunque el balón sea imposible: él no conoce de eso. Le llamaron duro y sucio en aquellos tiempos en los que saltaba al césped con la chaqueta de cuero como equipación. Hoy lo adoran. Le dedican portadas y titulares a cinco columnas; abre la sección de deporte de los telediarios y ocupa buena parte de las tertulias futboleras. Pero a él no le gustó antes ni le gusta ahora. Por eso corre, salta y pelea cada balón como si fuera el último: es el medio de vida de Diego Costa y, por encima de todo, su pasión.

No es incierto que hubo un tiempo en el que no fue el más deportivo. Pero ahora es otro futbolista. Ha sabido reeducar su temperamento y transformarlo en un intensidad extrema. Ahora se ha convertido en el futbolista más competitivo del mundo y sostiene sobre sus hombros el peso del Atlético de Madrid, huérfano tras la partida de Falcao. Lo hace con goles, ocho goles en siete partidos de liga hasta la fecha. Uno de ellos al Real Madrid en el Bernabéu. Su equipo aspira a romper la bicefalia de la liga. Él tiene mucha culpa.

Sabe que le debe mucho a Simeone, responsable de su explosión y de su cambio. Cuando el argentino era futbolista le pasaba lo mismo que a él: era amado y odiado al mismo tiempo por la prensa, y tampoco le gustaba en absoluto; era intenso, a veces más de la cuenta, pero era un líder. El Cholo ha sabido transmitirle todo lo que aprendió a lo largo de su carrera. Desde fuera del verde comprende que hay cosas que no se pueden permitir. Se lo hizo ver y lo asimiló no sin dificultades. Ahora, una vez que lo ha comprendido, se lo agradece cada vez que sale al campo. Con intensidad, con goles y con liderazgo. Es el alma de este Atleti porque en el fondo tiene algo de Simeone en sus entrañas. Ni Gabi, ni Koke, ni Suárez; Diego Costa es el mejor representante de este equipo.

Sigue corriendo. Y lo hace de manera extraña, porque es muy alto pero sus piernas no son muy largas. Huye de los debates que se crean entorno a su persona. Oye rumores de la selección brasileña, con la que ya jugó un par de amistosos. También de la selección española. En cada periódico, en cada programa programa televisivo o radiofónico se valora esta posibilidad. Por rendimiento no extraña, pero a él no le interesa nada de eso. Sólo la pelota, y lo que tenga que ser será.

No deja de luchar. Ahora los que lo buscan son los rivales. Lo provocan constantemente, le hacen perrerías buscando una respuesta, intentando prender la mecha de la bomba atómica que esconde en su interior. Todo ello fruto de su pasado. Todo por una fama que le persigue y casi no le deja respirar sobre el césped. ¡Con lo bien que juega y los prejuicios con los que se le mira! No lo entiende, pero no cesa.

Se implica cada vez más. Es el primer defensor, el que inicia la presión del Atleti. No le importa tener que replegarse hasta medio campo si su equipo lo necesita. Él trabaja para ellos porque sabe que ellos trabajan para él. El grupo siempre es lo primero, tanto en defensa como en ataque, donde no le importa asociarse con sus acompañantes. Y si hay que partirse la cara, pues se la parte. Lo que sea por ganar. Es lo que más le importa.

Siempre rinde bien, ya sea en estático o al espacio; dentro del área o fuera de ella. Sabe que su labor es finalizar las jugadas que sus compañeros elaboran. Y tiene la responsabilidad de hacerlo bien. Por eso no se amedrenta ante sus rivales y pelea siempre hasta el final. Por eso, casi siempre, acaba en gol, porque su juego es tan puro que el error es casi imposible.

Todavía pelea, salta, choca, brega. Corre. Huye de los focos porque tan sólo quiere jugar. Es lo que mejor sabe hacer.

PabloG.

martes, 17 de septiembre de 2013

Peces y cañas

Este artículo no se publica hoy por casualidad. Lo pude hacer ayer, pero hubiera sido absurdo. ¿El motivo? Una cuestión muy simple: nadie hubiera prestado ni la más mínima atención a un texto que critica a un equipo que ha humillado a su rival endosándole un contundente 5-0. Hoy, una vez pasada la tormenta, espero que se le preste un poco de atención. Porque no, no es oro todo lo que reluce. Definitivamente no. El Málaga, por fases, no me gustó un pelo.


La seña de identidad del equipo que entrenaba Manuel Pellegrini la temporada pasada era un ataque posicional exquisito. El Málaga era un ciclón con el balón en los pies. Lo movía de un lado a otro, encontraba los espacios ocultos y desangraba al rival. La mayoría de las veces estos espacios llegaban por banda, donde los laterales llegaban hasta línea de fondo y desmontaban el entramado defensivo del rival. Pero lo que diferenciaba a ese Málaga del resto de equipos de la liga española y probablemente también de Europa era su intercambio de posiciones. El balón rodaba, y al mismo tiempo se producía el desorden a partir de la línea de tres cuartos de campo. Un desorden ordenado, claro. Y altamente productivo.

Ahora la situación ha cambiado: Pellegrini se ha ido, y con él los grandes peloteros. Han llegado Schuster y otra clase de jugadores. Y aunque el alemán dijo en su presentación que su idea del fútbol no se encuentra muy lejos de la de Pellegrini, es lógico que haya variaciones. Más que nada porque el Málaga ha cambiado su plantilla de arriba abajo. Pero lo que no concibo es lo que se vio contra al Rayo. El Málaga se basó exclusivamente en los balones largos cuando le tocaba proponer fútbol. Hubo ratos en los que lo único que diferenció al Málaga de Schuster con el Stoke City de Pulis fueron los saques de banda: en La Rosaleda se hacían en corto.


Los hombres de Paco Jémez tienen bien aprendida la lección: tocar, tocar y tocar. Es de admirar que un equipo tan humilde sea tan valiente. Incluso se atreven con la salida lavolpiana. Es decir, sacar el balón desde atrás con los centrales bien abiertos, incrustando al medicentro entre ellos y abriendo mucho a los laterales, que se sitúan a la altura de la línea central. Esta peculiar manera de iniciar la jugada la desarrolló el argentino Lavolpe, sobre todo, en la selección mexicana que disputó el Mundial de Alemania en 2006, de ahí el nombre. Su realización es tremendamente dificultosa y arriesgada, pero si sale bien no hay mejor forma de dominar al rival, porque abre huecos por todos lados. Un ejemplo de su dificultad es que al Bayern de Guardiola le está costando un mundo asimilarla. Sin embargo, el Rayo la hace de maravilla.


En la Rosaleda, Galvez y Galeano (después Arbilla) se abrían y Tito y Nacho ganaban la línea divisoria. En medio de los centrales se situaba Saúl Ñíguez, dueño y señor del encuentro durante la primera parte. El canterano atlético desquició a un Málaga que nunca supo leer ese inicio de la jugada. El Hamdaoui iba a presionar a los centrales y Sergi Darder se veía obligado a seguir a Saúl. El problema: esto hacía que Trashorras se quedara solo en el centro del campo, con lo que ello implica. La mala lectura de esta jugada, que se repitió cada vez que el Rayo arrancaba desde atrás, provocó que los franjirrojos bailaran al Málaga durante buena parte de la primera mitad.

El Málaga, sin embargo, basó el partido en su efectividad. Con balones en largo o enlazando a la contra (ahí pocos equipos están a su altura) pudo plantarse varias veces frente a la portería de Rubén y perdonó pocas de ellas. Consiguió con goles lo que no pudo hacer con fútbol. Pero ¿qué pasará cuando esos balones no entren, cuando esas ocasiones (que fueron más porque los vallecanos defienden de manera calamitosa) tarden y tarden en llegar? El partido dejó clara una cosa: Schuster le da a su equipo un cubo de pescado en forma de buenos futbolistas; Paco Jémez, en cambio, les da una caña.


PabloG.

sábado, 13 de julio de 2013

Una puesta de sol

Cuando mi familia va a la playa, lo hace a lo grande. Colocamos la primera sombrilla mediada la mañana y no sacamos la última hasta que el sol no se esconde detrás de las montañas, dejando un paisaje absolutamente inigualable. Pero no todos los que entramos a la playa por la mañana podemos presenciar esa estampa. Es el caso de los más pequeños, que se marchan antes, completamente agotados por no parar en todo el día. El pasado domingo ocurrió un hecho excepcional: uno de mis primos más pequeños me dijo “hoy tiene que ser el mejor día de mi vida, porque me voy a ir a las nueve”. Quizá el de ayer no fue el día más feliz de la vida de Illarramendi. Quizá él, realista de corazón, elegiría otros momentos más especiales como el ascenso a Primera de hace tres temporadas o la reciente clasificación para la Champions. Pero también sabe que desde Madrid podrá ver puestas de sol no mejores ni más bonitas que las de San Sebastián, aunque sí más importantes.


La tónica general al referirse a Illarra es considerarlo un fichaje de futuro. “El sucesor de Xabi Alonso”, “El futuro del Real Madrid”. Quizá eso sea porque su edad, apenas veintitrés años, invita a pensar en un futbolista que necesita madurar, como ese jovencito que asume un trabajo de verano normalmente no remunerado para aprender cierto oficio. Pero de lo que no se dan cuenta es de que Asier Illarramendi, ya a día de hoy, es una realidad. Es innegable que con esa edad y con ese talento sus capacidades irán evolucionando paulatinamente con el paso del tiempo. Pero también es un sacrilegio no considerarlo ya un futbolista preparado para triunfar en el Real Madrid. Su capacidad para entender el juego, su inteligencia a la hora de situarse en el campo y su facilidad para realizar entregas precisas que oxigenen al equipo hacen de él uno de los mejores futbolistas del mundo en su posición. Y por si quedaban algunas dudas, su exuberante Europeo sub-21 se encargó de despejarlas.

Once tipo del Milan de Ancelotti
Es por eso que a Illarra, más que “el sustituto de” se le debería considerar “el complemento a”. Su contratación ofrece a la plantilla comandada por un maestro de los banquillos como Carlo Ancelotti, una amplitud y una variedad táctica extraordinaria. Y estoy seguro de que Carletto sabrá gestionarla de maravilla. El italiano, un auténtico camaleón en la pizarra, está confeccionando un potentísimo grupo a su gusto en el que por encima de todo prima el talento. A tenor de las incorporaciones realizadas hasta el momento (Carvajal, Isco e Illarramendi), de las renovaciones (Nacho), de las posibles salidas (Higuaín, Coentrão y Di María) y de las bajas ya oficializadas (Callejón y Carvalho), intuyo que Ancelotti optará por un esquema 4-1-2-1-2. Es decir, colocando un rombo en el centro del campo, prescindiendo de los extremos y llenando el hueco que estos dejan con laterales profundos. Este sistema pone fin –o debe hacerlo– al que nos quieren colar como culebrón del verano: Gareth Bale no firmará este año por el Real Madrid. Sobre todo porque no tiene sitio.

Este esquema no es nuevo para Ancelotti, porque así llevó al Milan a coronarse, entre otras cosas, dos veces campeón de Europa. En ese equipo el rombo lo formaban Pirlo como regista, flanqueado por el músculo de Gattuso y el oficio de Seedorf, para dejar libertad en la mediapunta primero al talento de Rui Costa y, una vez que terminó de explotar, a la brillantez del mejor Kaká.

En ese sentido, el rombo madridista tendrá notables variaciones. Quizá en su primera pieza sea donde menos se note porque ahí Xabi Alonso, o Modric en su defecto, seguirán haciendo la labor de quarterback que se le asignó a Pirlo en el Milan. Más diferencias habrá, sin embargo, en el flanco derecho. Desde ahí, Khedira, con Casemiro como recambio, explotará para pisar con frecuencia el área, desempeñando el rol que más le favorece y con el que deslumbró en la pasada Eurocopa con Alemania: jugando como box to box y no como mediocentro de contención. O si no, Illarra pondrá pausa y control en el centro del campo, complementando a Xabi y no sustituyéndolo. En la izquierda, Isco o incluso Modric de nuevo darán rienda suelta a su imaginación para crear y sumarse a la última línea si procede. Y en la cúspide Özil, poco más que añadir.

Para desarrollar este sistema son necesarios dos requisitos indispensables: dos delanteros móviles y laterales de proyección ofensiva. Jugadores que cumplan el rol que desempeñaron en su día Shevchenko, Inzaghi, Cafú y Maldini. A priori, encontrar jugadores así parecería imposible, pero no hay que olvidar que hablamos del Real Madrid. Cristiano Ronaldo y Benzema cumplen el primero, con Jesé y Morata como recambios; Marcelo y Carvajal el segundo. Y Nacho y Arbeloa ofrecen otra variante, en principio más conservadora.

Es importante tener dos delanteros que estén continuamente en movimiento por una sencilla razón: el Real Madrid basará su juego en triángulos más o menos complejos en función de la jugada. Aquí Isco toma un papel vital. Para el buen funcionamiento del equipo, será imprescindible que se entienda con Xabi, Özil y Ronaldo. Del primero recibirá para que entregue al alemán, y con este maquinará para activar a Ronaldo u ofrecer él mismo soluciones dentro del área. Su función, aunque parta desde más atrás que Özil, es situarse muchas veces por delante de él para hacer valer ese deje a Romario que tiene en muchas acciones dentro del área. Además, la anarquía ofensiva que ofrece Marcelo arrancando desde el lateral terminará de configurar el lado fuerte del Real Madrid.
Posible once del Real Madrid de Ancelotti
en fase ofensiva. Las flechas azules indican
pase y las rojas desplazamiento.

En el lado débil, la diferencia la marcará Carvajal. Si es capaz de llegar a la línea de fondo con soltura y de ofrecer buenos balones por el camino, el Bernabéu disfrutará de un equipo alegre y amenazante. Si no, el potencial del equipo se reduce al lado izquierdo o a alguna explosión de Khedira. Me inclino más por la primera opción teniendo en cuenta la progresión de Carvajal desde que salió del Castilla la temporada pasada. En Alemania se hizo hombre y se colocó en la élite de su posición. Es mucho menos anárquico que Marcelo en sus subidas, pero mucho más efectivo en ocasiones porque se asocia con los centrocampistas, el mediapunta e incluso los delanteros, siendo capaz de finalizar las jugadas dentro del área. Además, su implicación defensiva es intachable. Un futbolista tácticamente casi perfecto al servicio de un genio de la pizarra.

Pero si pensamos en la perfección táctica debemos pensar obligatoriamente en Illarramendi. Jamás pierde la posición, lo que le permite robar más balones que nadie sin hacer ningún ruido. Es muy probable que alguna que otra vez se le critique, no por ser irregular, sino por lo poco vistoso de su juego la mayoría de las veces. Pero Illarra siempre cumple, siempre está ahí, en su sitio, rayando al nivel más alto posible. Lo que realiza este mediocentro de, recordemos, veintitrés años de edad es pura poesía. Y esa poesía no tiene precio. Ni treinta y dos, ni treinta y nueve, ni cien millones  pueden pagar la labor que Illarramendi realiza sobre el césped. Esa labor tan precisa, tan necesitada de un cierto relieve intelectual para comprenderla completamente, es tan bella que pocas cosas más agradables de ver se me ocurren ahora mismo en el panorama internacional.

Con estos mimbres, no cabe duda de que en las puestas de sol de Madrid tendrán puestos sus ojos muchísimos aficionados al fútbol alrededor del globo. Muchos más de los que lo hacían anteriormente, muchos más de los que ven al Madrid porque sienten su escudo en el corazón. Y no es de extrañar, porque esos ocasos se antojan uno de los más bellos del planeta. Puede que incluso el sol más dorado se ponga por décima vez en la capital de España. Pero ocurra lo que ocurra, una cosa está muy clara: Illarramendi estará ahí para presenciarlo en primera persona. Y quizá llegue un momento en el que, presenciando como el astro rey se esconde, diga “es el día más feliz de mi vida”.

PabloG.

domingo, 9 de junio de 2013

¿Por qué es necesaria una liga de filiales?

 Ayer fue un día muy de promesas y de filiales. Se disputó la segunda jornada del Europeo sub-21 de Israel, el Castilla acabó dos puntos por encima del Barça B en Segunda y se consolidó como mejor filial de España, y además me topé con este genial artículo en la red. Todo ello me hizo plantearme la situación que viven las canteras de los equipos en España. Lo cierto es que, en tiempos de crisis, la explotación de éstas ha aumentado considerablemente. Eso demuestra que se está trabajando de maravilla en las categorías inferiores del fútbol español. Pero ¿se está trabajando en las mejores condiciones, al máximo posible? Mi respuesta es no. Y no porque los equipos no quieran o no sepan. Simplemente no pueden. No como están configuradas las competiciones en España actualmente. Urge crear una liga de filiales, un proyecto del que ya se ha hablado varias veces pero que finalmente ha quedado en nada. Y éstos, para mí, son los motivos principales:

1.- Mejora de la competitividad y la formación. El motivo esencial. Es difícil formar a jugadores talentosos y que den buen trato al balón en campos de Segunda B y Tercera. Es difícil, porque por lo general los equipos que disputan esas categorías son demasiado rudos, demasiado físicos. Es difícil, porque esos equipos necesitan ganar a toda costa y sin importar las consecuencias, porque cada fin de semana se juegan la vida. En definitiva, los equipos filiales se acaban contagiando. Eso provoca esquemas cerrados y con poca libertad que no permiten que fluya la creatividad. Demasiados pelotazos para jóvenes futbolistas que quieren ganarse la vida en Primera División.

2.- Estancamiento en los pozos de Segunda B y Tercera. No es fácil salir de estas categorías. Como ya hemos citado en el punto anterior, son ligas muy físicas, y necesitas imponerte a estos equipos tan rudos, o bien por medio de la fuerza, o bien por medio de la técnica. La primera forma es complicada teniendo en cuenta que la mayoría de futbolistas de los filiales tienen entre 18 y 23 años. La segunda, aún más, teniendo en cuenta la dureza de los equipos rivales y las pésimas condiciones que presentan la mayoría de campos. Además, después de terminar la liga, es necesario disputar interminables playoffs que resuelvan los ascensos.

3.- Los jugadores experimentados. Para hacer frente a las duras categorías inferiores del profesionalismo español, muchos clubes recurren a los fichajes de jugadores con amplia experiencia que aporten galones a unos grupos tan jóvenes. Esto permite ver a jugadores que rebasan la treintena de edad compartiendo vestuario con niños de 18. Y la idea, como tal, no es mala. El problema surge cuando esos futbolistas de treinta le quitan el puesto a los de dieciocho, estancando de este modo su progresión.

4.- Los jugadores prueban el éxito. Una vez que el filial logra salir del pozo de Segunda B, llega a Segunda. Ahora los problemas son de otro tipo: después de la primera o la segunda temporada, los futbolistas prueban las mieles del éxito y no quieren arriesgarse a esperar una llamada del primer equipo que puede que nunca llegue a producirse. Ya se han probado en una liga de exigencia y creen que están preparados, o bien para fichar por un equipo puntero de la categoría, o bien para hacerlo por alguno modesto de primera. Esto pasará la próxima temporada con la mayoría de futbolistas de Barça B y Castilla, y la experiencia ya nos dice que no siempre salen bien esta clase de aventuras, muchas veces por falta de cocción.

5.- El filial deja de ser un filial. Este punto es consecuencia directa del anterior. Cuando se produce la primera desbandada, los clubes no suelen apostar por una subida progresiva de juveniles. Se dedican a fichar promesas de otros equipos y acaban por formar un batiburrillo de jóvenes futbolistas con buenos representantes, no realmente un equipo. Además, se pierde de vista el objetivo fundamental del filial: prima mantener la categoría, no formar futbolistas. Como ya le ocurrió recientemente a Málaga, Sevilla y Villarreal, este conglomerado de futbolistas no termina de cuajar y acaba devolviendo al equipo al pozo de Segunda B.

6.- Liga adulterada. Castilla y Barça B, de momento, son casos aparte. Los filiales de los dos gigantes del fútbol español se encuentran cómodamente en Segunda, goleando incluso a sus rivales en varias ocasiones. No es de extrañar: el presupuesto que destinan estos equipos a su cantera supera ampliamente al del resto de equipos de la categoría (sólo superado esta temporada por los 30 millones del Villarreal). Real Madrid y Barça dominan con mano de hierro la liga, también en Segunda. Y la adulteran, además, ya que estos equipos no tienen permitido el ascenso y “roban” puntos vitales al resto de equipos para luego –normalmente– dejarse llevar cuando la salvación está lograda.

y 7.- Igualdad de oportunidades. Los mastodónticos presupuestos, apoyados en el sistema actual, provocan un curioso círculo vicioso que siempre acaba beneficiando a los más grandes: más dinero implica mejores jugadores; mejores jugadores implica mejores categorías; mejores categorías implica más dinero. Esto no ocurriría con una liga de filiales, lo cual daría lugar a que los jugadores no eligieran una cantera en función de la categoría que ésta pueda ofrecer, sino al trabajo que desarrolle con los futbolistas. Primaría la meritocracia y no los antiguos privilegios de los clubes adinerados que están destruyendo poco a poco la competencia y, con ella, la liga.

PabloG.