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sábado, 1 de febrero de 2014

Hipócritas


Cuánta hipocresía hay en la prensa deportiva española. Los mismos que después del Mundial de Alemania 2006 pedían la cabeza de Luis Aragonés y no pararon de dar la tabarra hasta 2008 con que Raúl tenía que ir a la selección sí o sí, hoy lo entronizan.


Luis es un ejemplo. Un ejemplo de cómo no venderse ante los poderes. Un ejemplo de cómo no bajarse los pantalones ante nadie, porque tenía "el culo pelao". No diré que lo hizo en silencio porque sería mentira, Aragonés nunca se calló nada, pero a base de trabajo y más trabajo demostró a toda España que el único que tenía razón era él. Y se fue cuando estaba en lo más alto, cuando la prensa y la afición le limpiaban las botas, porque a cabezón jamás le ganó nadie. Si no lo quisieron en las malas, él no se iba a dejar querer en las buenas, porque de todas todas ese sentimiento era falso.

Aún me acuerdo de la primera vez que vi a España en directo. Fue un España-Francia pocos meses antes de la Eurocopa 2008. Yo vi ese día una pancarta en la que un señor, orgulloso supongo, ponía que Luis se dejara de juegos y convocara a Raúl, haciendo referencia a su ya superada ludopatía. Supongo también que esa pancarta se la comería a cachitos durante la celebración de la Eurocopa. Y seguramente hoy esté camuflado entre esos aduladores que elevan la figura de Luis Aragonés a la altura de los ángeles, cuando el Sabio de Hortaleza jamás fue así.

Hoy, en el día que hemos perdido no sólo a un gran trabajador sino a un gran hombre que se ha ido a la tumba con sus principios, no creo que sea tiempo de elevar su figura a los altares, sino de reflexionar un poco. Si todos esos piropos son sinceros, ¿por qué no se le dedicaron en vida? ¿Por qué se le persiguió sin piedad y se miró con lupa cada uno de sus gestos si tan bueno y tan santo era? No seamos hipócritas.

Hoy el fútbol español se ha quedado huérfano. Ha perdido a uno de los personajes más importantes de su historia. Como Joaquín Peiró, Luis Suárez y muchísimos otros a los que no se les reconocerá lo que fueron hasta que ya no estén con nosotros.

Descansa en Paz, Sabio de Hortaleza. Tu carácter y tu manera de hacer las cosas siempre fueron un ejemplo. Hiciste de tu manera de ver el fútbol tu estilo de vida y muy poquitos te entendieron. Qué pena.

PabloG.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Sergio Ramos, primero futbolista

En medio de la tormenta desatada en torno a él, fútbol. Sergio Ramos sigue siendo futbolista. De los mejores del mundo en su puesto, para ser exactos. Hay pocos en el panorama internacional con su entrega y su garra. Quizá no siempre esté al mejor nivel y quizá a veces se exceda, pero nunca baja el ritmo ni la intensidad. Expulsiones como las del pasado miércoles lo condenan, pero pocos se fijan en lo que hay detrás: Sergio Ramos no esquiva responsabilidades nunca en el terreno de juego. Si se tiene que jugar la roja, se la juega, porque se siente líder y responsable de su equipo. Y eso es muy admirable.


En poco más de una semana, Ramos llegó a ocupar tres posiciones diferentes: mediocentro en el Camp Nou, central contra Sevilla y Rayo Vallecano, y lateral derecho en casa de la Juventus. Su desempeño fue desigual, pero la confianza de su entrenador para entregarle el puesto de mayor responsabilidad en los trascendentales duelos de Barcelona y Turín fue total. Resume muy bien lo que es este jugador que ejecuta con los pies lo que le nace en el corazón.
Sergio Ramos es, probablemente, el defensa más versátil del fútbol actual. Adaptable a varias posiciones, como ya hemos comentado antes, y defensivamente excelso. Su juego aéreo es una de sus armas más explotadas y más poderosas y le permiten cortar multitud de balones. El resto los recupera por pura colocación y un corazón que no le cabe en el pecho. Además es muy rápido. Eso le permite corregir los defectos de su compañero de baile en la zaga.

Pero ofensivamente también es un arma muy peligrosa. Saca el balón desde atrás con soltura y de manera exquisita, ya sea en corto y avanzando con el equipo o con un preciso envío en largo, donde también destaca, porque su pierna derecha es un una delicia. Por precisa y por potente. Líder atrás, sus avances causan pánico en el rival. Y es que no se puede olvidar que hubo un tiempo en el que Ramos vivió más en el ataque que en la defensa, prácticamente.

Corría el año 2008 y la selección española se alzaba campeona de Europa. Allí estaba Ramos, bebiendo de aquel fútbol de ensueño pegado a la banda derecha. Era un auténtico ciclón. Destrozaba a la defensa contraria apareciendo por sorpresa, cuando los sistemas diseñados por los seleccionadores contrarios eran incapaces de detectarlo. Y por eso fue un pilar muy importante, con 22 años, de un equipo mágico. Repitió actuación y éxito en 2010. Y se consolidó en la élite para después brillar como el central más completo del mundo.


Sergio Ramos es una pieza casi insustituible. No existe ningún futbolista en el planeta capaz de ocupar su posición con las mismas garantías que él y a la vez cubrir la misma cantidad de registros. Ha aprendido a lo largo de su carrera como moverse por el mundo del fútbol y ha logrado cambiar la imagen que tenía cuando salió de Sevilla a cambio de 27 millones de euros. Ahora se ve envuelto en un meollo que probablemente no le haga justicia, porque ante todo, es futbolista.

PabloG.

martes, 15 de octubre de 2013

Las dentelladas de Negredo, el tiburón de Vallecas

Como en la película de Spielberg, aparece cuando menos se le espera. Se acerca con sigilo, calcula las distancias y sale a flote para asestar un mortal mordisco a su presa. Su apodo le delata: es un tiburón del área. Es su hábitat natural y el gol, su medio de vida.


Mientras su equipo la toca se encuentra ausente. No se deja ver, no aparece. No quiere saber nada del balón ni de su esférica forma. Parece como si le importara un bledo lo que ocurre en sus narices. Pero la realidad es otra. Bajo el agua, Negredo no deja de aletear en todo el partido. Pelea con los centrales, los mueve para abrir espacios y eso le permite estar siempre en el espacio y tiempo adecuados para hacer el gol. Lo que se ve tan fácil desde fuera, ese toque que sólo empuja el balón para meterlo en la portería georgiana, requiere de minutos y minutos de lucha, de brega. Y en eso Negredo es el mejor.

A la sombra de Diego Costa –de su futuro, más bien–, Negredo se ha hecho fuerte a base de efectividad y entrega. Sale a gol y derroche físico por partido, un arma de la que la España preciosista de Del Bosque no puede prescindir de ninguna manera. Es un delantero centro de los de verdad, de los de siempre. De esos que te fabrican un gol resolutivo de la nada. Esa especie de futbolista en peligro de extinción capaz de marcar con la oreja o con el ombligo ese tanto que el resto de sus compañeros no puede ni con el más ortodoxo y ajustado de los tiros.  O con una chilena, le da lo mismo. Pero además, Negredo es de los buenos. De los mejores, para ser más concretos.

Este tiburón tiene un extra del que pocos más pueden presumir: es vallecano. Y como buen vallecano, es combativo. Despreciado por el Real Madrid, se tomó la justicia por su mano en Almería hasta transformarse en uno de los mejores delanteros del país. Le llegó la oportunidad de formar parte de una escuadra mítica como la del Sevilla y no desaprovechó la ocasión: goles, goles y más goles; goles de todos los colores para ser tenido en cuenta, para poder formar parte de ese grupo mágico que arrasaba en Europa y el mundo. Le costó lo suyo, a pesar de que siempre cumplía. Pero por fin lo ha conseguido. Ya es miembro de pleno derecho de esta histórica selección.

Se ha montado un gran revuelo a raíz de su partido ante Bielorrusia. Gente muy entendida, o que al menos lo aparenta, en esto del fútbol que se tira de los pelos y se pregunta que qué le hace falta a Negredo para ser considerado un futbolista de referencia mundial en su posición. La respuesta es fácil: goles son amores, pero sin un buen altavoz mediático que difunda ese querer por los cinco continentes, la cosa está complicada. En Manchester se encuentra ahora mucho más cerca de esa posición que cuando goleaba en Nervión o en el Juegos del Mediterráneo. Pero todavía le falta el peso que te da jugar en el Madrid, en el Barcelona o en el Bayern.

Pero mientras se fijan o no en él; mientras se preocupan o no de dedicarle las portadas y titulares que merece, el tiburón de Vallecas seguirá buceando en busca de nuevos retos, de nuevos desafíos. Continuará destrozando a mordiscos todo lo que se le cruce en su camino. No cree en la suerte. No espera que nadie lo agarre un día de los brazos y lo lleve volando hasta el paraíso que se gana día a día con su fútbol: sabe que sin trabajo nada es posible. Sabe que la suerte se busca y se conquista, no se merece ni se espera. En eso es más vallecano que nadie.


Un segundo. ¿No oyes esa musiquilla irritante? Cada vez es más intensa y estridente. ¡Ya viene! ¡Cuidado con el tiburón!

PabloG.

lunes, 14 de octubre de 2013

Iniesta pondrá el punto

En un lugar de la Mancha, cuyo nombre es conocido por todos, Fuentealbilla, no ha mucho tiempo que vivía el futbolista más importante de la historia de España. Concretamente diecisiete años hace que un chiquillo de doce partió a Barcelona para cumplir sus sueños.


Ahora es el fútbol quien va a su casa a buscarlo. “Toc toc. ¿Está Andrés? Necesito que me eche una manilla… No, no es nada; simplemente se trata de hacer un grafiti con su nombre en los muros de la historia”. Chico –como lo llaman en casa–, que es un muchacho humilde, sencillo y generoso, llegará puntual a la cita. En Albacete, junto a los suyos; en el Carlos Belmonte, el estadio que lo vio debutar con la Roja y aquel en el que tantas veces soñó con triunfar cuando aún vivía en el pueblo, estará presente para sellar el pasaporte de España rumbo a Brasil para la defensa de su corona mundial. Sí, aquella que en la agradable noche del 11 de julio de 2010 regaló a su país con un derechazo nacido en lo más profundo de su alma.

A las 21.00 horas, Andrés no saltará solo al césped en lo que se presume una fiesta del fútbol español, aunque en teoría vayan a ser él y diez más. Con él estará ese inigualable grupo de futbolistas que tantas alegrías ha dado a los amantes del fútbol y del deporte en general, pero sobre todo a los españoles. Él, que se sabe el anfitrión será el encargado de liderarlos y organizarlos para la victoria. Dará un paso al frente y se erigirá de nuevo en el héroe.

Existen muchas incógnitas alrededor de los once elegidos para el partido final. No es de extrañar; en un grupo tan talentoso y competitivo debe ser difícil elegir sólo a unos pocos. Ante las cuestiones más complejas, el seleccionador fue salomónico en el partido anterior: en el asunto Monreal-Moreno dio prioridad a los galones para sacrificar el rodaje y el estado de forma; en el que atañía a Valdés y a Casillas –y a Reina, ese gran olvidado…–, hizo justamente lo contrario, dar prioridad al nivel mostrado en las últimas semanas. Lo que está por ver ahora es si Del Bosque considera que este encuentro pertenece a los que no estuvieron frente a los rusos blancos o si decide seguir con su apuesta.

También está el tema de los nueves, que tanto dan que hablar últimamente. Por los que no están, por los que están y por los que estarán. De momento, el que parte con ligera ventaja es Negredo. El delantero del Manchester City ha enamorado al gol en este inicio de temporada y le está sacando un buen provecho: sale a un tanto cada 84 minutos disputados, ya sea con su equipo o con la selección. El último partido fue un ejemplo: veni, vidi, vici. Hizo en media hora lo que Michu no logró hacer en tres cuartos. Ahora mismo es el delantero español más en forma.

Todos ellos saben que el objetivo está cerca, qué después de la tormenta, ha llegado por fin la calma. Atrás quedaron los sufrimientos frente a Francia, la impotencia frente a Bielorrusia y los amargos lamentos tras el empate rascado por Finlandia. También quedaron atrás las dudas, los murmullos y los dedos acusadores. Sólo falta un punto. Un punto que legitimará a España para batirse en duelo con cualquiera que intente birlarle su tesoro más preciado sobre suelo carioco.


Un punto que sin embargo habrá que arrancar de sus garras a la orgullosa Georgia, que ya espera con el autobús plantado sobre el verde. Que estos molinos de viento nos serán gigantes, pero opondrán la misma resistencia. Para combatir este mal sobradamente conocido, Del Bosque deberá emplear el mismo remedio de siempre: paciencia, confianza en el talento y alguna que otra ruptura al espacio, que tampoco viene mal de vez en cuando. Y unas gotas de heroicidad, las que aportará don Andrés cuando se dirija a la batalla a lomos de su fútbol guiando al ejército del tiki taka.

PabloG.

domingo, 13 de octubre de 2013

Grandes esperanzas e ilusiones rotas rumbo a Brasil

A falta de lo que ocurra en la última jornada de las eliminatorias europeas y americanas, de los decisivos partidos africanos y de las posteriores repescas, ya se conoce a buena parte de las selecciones que competirán en Brasil por clavar su bandera en la cima del mundo. Y como siempre, las sorpresas están a la orden del día.


Con Estados Unidos, Costa Rica, Argentina, Colombia, Holanda, Italia, Alemania, Bélgica, Suiza, Japón, Corea del Sur, Irán y Australia, además de la anfitriona Brasil, ya clasificados de iure; y España, Rusia, Honduras, de facto, la cita mundialista del próximo mes de junio va tomando forma. Algunas de las grandes selecciones de siempre están en la piel de Rómulo Augústolo. Ven como sus imperios son asaltados por grupos sorprendentemente jóvenes y ambiciosos que quieren reafirmar en Brasil lo que llevan mucho tiempo destilando en la fase de clasificación: pueden ser alternativas reales al campeonato.

Es el caso de explosiones futbolísticas tales como la belga o la suiza, que ya tienen su pasaporte. Sus situaciones son muy similares: cuentan con jugadores de mucho talento, muy jóvenes y la gran mayoría de ellos, o bien ha nacido en otro país, o es de descendientes extranjeros. En Bélgica destaca por encima de todos el gran héroe de la clasificación, Romelu Lukaku, de ascendencia congoleña y autor de los dos goles ante Croacia que sellaron la clasificación de los diablos rojos. El jugador del Chelsea, ahora cedido en el Everton, es uno de los estandartes de Bélgica junto a Fellaini, Kompany, Benteke, Courtois, De Bruyne o Hazard, por citar algunos de los grandísimos futbolistas que forman esta selección.

En Suiza, la inmigración tiene su punto de partida en los primeros años 90. En esa época tan turbulenta para Europa del Este, con la desintegración definitiva del bloque comunista y el inicio de la guerra de los Balcanes, muchos ciudadanos yugoslavos decidieron partir hacia Suiza en busca de refugio. Una situación que aparentemente no tendría casi ninguna trascendencia en el mundo del deporte ha deparado a Suiza un grupo muy competitivo formado por numerosos jugadores de origen balcánico, como Xhaka, Bunjaku, Behrami, Mehmedi o la gran estrella del equipo, el jugador del Bayern Xherdan Shaqiri.

Mientras, Portugal navega sin rumbo. Los hombres de Paulo Bento vieron como un error de Rui Patricio en los minutos finales del partido frente a Israel les complicaba la existencia. Y de qué modo: salvo milagro de la virgen de Fátima están condenados a la repesca. Cristiano Ronaldo, la gran estrella lusa, era consciente del riesgo que corrían de no estar en Brasil y comentó que no quiere como rival a Francia por ser “teóricamente la más fuerte” y porque puede haber “muchos intereses”.

Entre los grupos europeos que quedan por decidir quién pasará directamente a la fase final del mundial destaca uno por encima del resto, el G. A falta de una jornada, Bosnia y Grecia se encuentran empatadas a veintidós puntos, aunque los eslavos cuentan con la ventaja del goal average. En el resto, un empate valdría a Rusia y a España para estar en el mundial. Sin embargo, Inglaterra necesitaría de los tres puntos en Wembley contra Polonia ante una hipotética victoria de Ucrania.

Raúl Jiménez, héroe mexicano

Al otro lado del charco, México logró espantar, al menos por ahora, a ese fantasma irritante que le susurraba al oído que no estaría en Brasil. Un golazo de chilena casi al final del tiempo reglamentario acabó con el sueño mundialista de la Panamá de Dely Valdés y metió a los aztecas, como mínimo, en la repesca, a expensas de lo que pueda ocurrir en la última jornada. Es una carambola complicada, pero México todavía podría conseguir el pase directo en detrimento de Honduras. Sea quien sea finalmente el cuarto clasificado de la Concacaf, deberá jugarse su presencia en el mundial a doble partido frente a Nueva Zelanda, el campeón de Oceanía.

No hace falta decir que Raúl Jiménez, el autor de la obra de arte que devolvió la esperanza a México, ya es considerado héroe nacional.

Sin sorpresas en Sudamérica

En la zona sur del continente no hubo sorpresas. Argentina aprovechó la ausencia de Brasil para hacer aún más grande su dominio y la estupenda selección colombiana de Falcao se destapó como gran potencia futbolística. Los cafeteros certificaron su pase en un partido demencial contra Chile en el que llegaron a ponerse 0-3 abajo en el marcador y que terminaron enmendando. Finalizaron 3-3 y lograron el punto que les faltaba.


No hubo sorpresas, aunque sí grandes decepciones. Es el caso de Venezuela, que contaba con el que probablemente sea el mejor equipo de su historia y todo el país tenía depositadas sus esperanzas en que la vinotinto pudiera realizar en Brasil la primera intervención mundialista de su historia. Aunque su trabajo está siendo impecable y la mejoría es evidente, el premio deberá esperar, al menos, cuatro años más.

Salvo milagro, Uruguay tendrá que superar a doble partido a la sorprendente Jordania, que eliminó a una a priori superior Uzbekistán en el playoff asiático para llegar a Brasil. Un empate entre Chile y Ecuador, que se enfrentan en la última jornada, serviría a ambas para confirmar su presencia en el país carioca y enviar a los charrúas a la repesca. Pero claro, son eliminatorias mundialistas: cualquier cosa puede pasar.

PabloG.

Cesc Fàbregas, el multiusos

El catalán es un futbolista con problemas de identidad. No sabe muy bien si es centrocampista o delantero. Y además tiende a la desconexión. Pero en forma deja a la vista su naturaleza: incontrolable, como su fútbol, que sirve lo mismo para un roto que para un descosido.


Hasta pocas horas antes del comienzo del partido iba a ser la referencia ofensiva de España. Después, durante el transcurso del partido, fue el que trató de encender las luces en la oscuridad que propuso Bielorrusia desde el centro del campo. Ese es el sino de Cesc Fàbregas, un futbolista que  hace de todo y todo lo hace bien. Un multiusos al que muy pocas veces se le reconoce su esfuerzo: rinde muy bien arriba sin ser delantero pero se le achaca que le falta gol; crea y llega al área con frecuencia jugando como interior pero se habla de su fragilidad defensiva. Y mientras tanto, Cesc sigue a lo suyo.

Es propenso a la desconexión. Se nubla, aparecen nubarrones sobre su cabeza y nada le sale bien. Prácticamente se deprime sobre el césped. Durante ciertos tramos de la temporada no existe Cesc Fàbregas. Su cabeza sigue procesando a cien mil revoluciones por segundo, pero sus piernas no le responden, no ejecutan los planes que maquina con esmero. Le ocurre desde que era pequeño y un genio alsaciano decidió llevárselo a Londres. Y es increíble que aún le siga ocurriendo: ha progresado tantísimo como futbolista en tan poco tiempo que sorprende que aún no haya pulido ese aspecto.

Cuando se fue al Arsenal, Fàbregas era un diamante en bruto. Un constructor de juego excelente con una visión de juego privilegiada pero con graves problemas de mentalidad. Partidos brillantes y desastrosos a partes iguales, pero su talento estaba ahí. El Barça no se atrevió a conservarlo y acabó en la city.
Fue subiendo peldaños de cinco en cinco. Pronto se convirtió en la mayor promesa del club gunner y su debut en el primer equipo no se hizo esperar: se produjo con 16 años y 177 días. La marcha de Vieira le dio las llaves de la titularidad y la eliminatoria de Champions frente al Real Madrid de la temporada 2005/06 marcó un antes y un después. El Arsenal perdió la final de ese torneo contra el Barcelona en París y Cesc dio un paso al frente como estandarte del grupo junto a Henry.

En los años siguientes, en medio de la decadencia londinense, Cesc agrandó aún más su figura. Era un futbolista mucho más maduro, más responsable y, a la vez, más arriesgado con el balón. Wenger comprendió la evolución del de Arenys de Mar y lo rescató del inicio de la jugada para acercarlo cada vez más al área. Se destapó como líder y sus registros goleadores se dispararon. Sólo un pero: se desconectaba.
Cesc, que dejó seca la fuente de conocimiento de Wenger, aceptó la oferta que el Barcelona hizo por repatriar a su hijo pródigo en busca de nuevos retos. Y Guardiola revolucionó su manera de jugar. Entendió que su progresión lógica era acabar como delantero, pero no un delantero centro al uso, un delantero móvil y generoso. Fàbregas pasó de mediocentro a delantero en apenas cinco temporadas y con sólo 24 años. Asimiló los conceptos de todas las posiciones que ocupó y se erigió como un futbolista completísimo, pero innegablemente indefinido.

Cuando uno se refiere a Cesc Fàbregas no sabe si habla de un mediapunta, de un interior, de un falso delantero o de un mediocentro. Juega de maravilla en todas esas posiciones, pero no está encasillado en ninguna. Sirve para desatascar arrancando desde atrás o para continuar la jugada apareciendo desde arriba. Es muy útil cuando el ataque posicional se atasca y cuando el partido necesita de un golpe que lo decida.
Hoy mostró muchas de sus virtudes en un partido muy poco propenso al lucimiento. Apareció en el área cada vez que tuvo ocasión y aportó en la elaboración de la interminable jugada. No jugó de falso delantero, sino que lo hizo de Cesc Fàbregas. Porque su fútbol es tan incontrolable como su talento, que lo mismo sirve para golear que para elaborar.

Desde que regresó a España, pocas veces se ha sido justo con Cesc Fàbregas. Se han exagerado sus carencias y empequeñecido sus virtudes. Sobre todo, la más grande que tiene: cuando se desconecta es el que más trabaja del equipo. Lo hace arriba, en el centro o cerca de la banda. Porque Cesc, aunque todavía no sepamos de qué clase de futbolista se trata, es un multiusos. Y no uno cualquiera: su calidad es exquisita.

PabloG.

viernes, 11 de octubre de 2013

A los mejores sólo les vale ganar

España tiene la necesidad de vencer a Bielorrusia si quiere estar en Brasil para defender su cetro de campeón del mundo. No lo tendrá fácil, pero nadie dijo que ser el mejor fuera sencillo. La aportación de los nuevos será clave y la de los veteranos, vital. Sólo vale ganar.


Esta es la historia del mejor equipo del mundo. Un equipo ejemplar, tanto dentro como fuera del césped. Capaz de hacer soñar a millones de personas con solo darle patadas a un balón, capaz de hacerles olvidarse de sus problemas, que hoy en día no son pocos. Y de hacerles disfrutar con un juego exquisito. El Sabio le transmitió sus conocimientos y desde que está el Marqués a los mandos cualquiera le tose. Muchas naciones se rindieron a sus pies: es Virrey de Europa y Emperador del mundo. Todo ello con mano de seda y por las buenas, sometiendo a través de la belleza.

Sin embargo, es la historia de un equipo que no puede descansar ni un instante. Sus soldados defienden la causa de sus ejércitos locales y cuando se reúnen en el mejor equipo de la historia se sienten agotados. Continuos e infinitos viajes alrededor del globo pocas veces agradecidos y mil gotas de sudor derramadas por el camino. No es una tarea fácil ser el mejor del mundo, por eso es necesario turnar y dar descanso a los mejores para dar una oportunidad a los más jóvenes, los que vienen desde atrás para comerse ese mundo que futbolísticamente les pertenece.

Ellos tendrán el mañana en sus pies, pero ahora lo tienen en sus manos. Vienen de Sevilla, de Donostia, de Madrid y hasta del sur Gales con un único objetivo: quedarse ya para siempre en el grupo. Por ello lucharan cada pelota como si fuese la última. Puede serlo.

Junto a los nuevos, los de siempre para aportar galones a un grupo cada vez más multicultural. Antes sólo había preciosismo, ahora también hay mucho trabajo. Esa mezcla de estilos hace del mejor equipo del mundo algo todavía superior. Le da carácter, poderío y agresividad sin perder su identidad. Es como una lírica suave y delicada con el corazón de la prosa más dura y directa. Pega con guante de seda y se defiende con una armadura de acero.

Todo con tal de seguir dominando, porque tampoco puede descansar en cuanto a resultados se refiere. Atrás quedaron los gritos que provocaron los goles de don Fernando y don Andrés que encendieron la llama de la felicidad del país entero. Eso ya es pasado, por eso sólo queda mirar hacia delante. Seguir ganando es lo único que importa. Si no, nada de lo hecho habrá tenido sentido alguno. Brasil es la última frontera, el territorio que albergará la batalla final y ellos han de estar allí para defender su preciada corona que tanto esfuerzo costó.

Para ello tendrán que superar a un rival complicado pero ni mucho menos grandioso. Aunque hubo un tiempo que no fue así. Cuando lo que hoy es Bielorrusia lucía en el pecho el famoso CCCP junto a un puñado de países más, la cosa cambiaba bastante. Eran temidos y odiados a partes iguales. Por su fútbol y por matices que trascendían lo meramente deportivo. Eran bravos y aguerridos, representantes de una idea y una forma de ver la vida. Y aunque la antigua Unión Soviética hace ya más de dos décadas que no existe, su espíritu se mantiene intacto aunque repartido por cada una de sus repúblicas. Quizá Bielorrusia, por poco dotada en cuanto a fútbol se refiere, sea de las más guerreras.

El fútbol dictará sentencia cuando el balón eche a rodar a las diez de la noche en el estadio de Son Moix. Sólo vale la victoria.

PabloG.

jueves, 10 de octubre de 2013

Hambre de mundial

España se lo juega todo contra Bielorrusia y el ambiente en la concentración es inmejorable. La tranquilidad reina, pero en el fondo todo está cambiando a un ritmo vertiginoso. Los nuevos aportan agresividad y ganas. Los viejos, serenidad y liderazgo. Y el beneficiado siempre es el grupo.


Experimentos y pruebas en cada entrenamiento. Suplentes con titulares y titulares con suplentes. Petos para acá y para allá. Y una responsabilidad sobre sus hombros: certificar el pase a Brasil 2014 y hacerlo cuanto antes. Para eso, lo mejor es introducir hambre y genes competitivos en el grupo. Del Bosque lo sabe, y por eso prueba y experimenta de cara al decisivo choque contra Bielorrusia. No quiere que nadie se relaje, ya se llame Casillas o Alberto Moreno. No quiere sustos ni sorpresas; no le gustan. Siempre fue un hombre tranquilo.

Las dudas, aunque en apariencia responden a ciertos jugadores para ocupar ciertas posiciones no son tales. Más bien se centran en hacer girar una idea con la agresividad y las ganas de ganar como centro gravitatorio. Es el caso de la punta del ataque, cuyo dueño parece que será de nuevo Cesc Fàbregas. El de Arenys de Mar, que pasó en un pispás de mediocentro a delantero, ha demostrado un gran nivel jugando en esa posición. Pero sobre todo ha exhibido un hambre que no se le veía desde que abandonó las islas británicas para regresar al Barça. Y eso a Del Bosque le encanta. Ve en él un hombre en el que puede confiar para llevar la nave a buen puerto.

Michu deberá esperar. El espigado futbolista del Swansea, que se estrena como absoluto, necesita adaptarse aún a lo que significa la Roja. No es una cuestión de calidad: alto, majestuoso y elegante como un cisne, Michu es un jugador ideal para esta selección, a pesar de no ser brasileño. Lo ha demostrado cada vez que ha tenido ocasión en Gales e Inglaterra. Además, aporta ese carácter competitivo tan necesario en partidos en los que el rival no motiva en exceso. Por eso, cuando entre en la dinámica, será tan importante.

El que no necesita aclimatación es Koke. Su exquisita temporada tendrán como premio minutos de importancia con la absoluta. Deberá cambiar el chip: en la selección el concepto colectivo adquiere unas connotaciones diferentes a las que tiene en el Atlético. Aquí los jugadores se unen a través del trabajo sobre el césped, sí, pero sobre todo lo hacen con el balón en los pies. Construyen a base de toques cortos y posesiones a ese monstruo imparable que conquistó Europa y el mundo. Koke también sirve para eso. Tiene talento para armar el juego y darle sentido. Y un plus que pocos dan: a pesar de ser un jugador ofensivo, su capacidad para trabajar y recuperar balones es sobrenatural.

Iniesta y Piqué, que llegaron con molestias a la concentración, ya están listos para la cita. Dos jugadores vitales en la forma de entender y ejecutar la idea de fútbol de España podrán estar sobre el césped. Suman argumentos y calidad al equipo. Y galones. Si el carácter y la competitividad son importantes en este tipo de citas, es sin duda el momento de los líderes.

Torbellino zurdo

Y entonces irrumpe Alberto. El torbellino zurdo que ha desmontado la Liga con la elástica sevillista está por fin listo para formar parte del grupo. Por fútbol y por madurez. Si su Europeo sub-21 no era un argumento lo suficientemente sólido para tenerlo en cuenta como el lateral del futuro, se ha encargado de construir el armazón de su presencia en Brasil con un inicio de temporada fulgurante. Su presencia no significa minutos, aunque podría; va más allá. Es una declaración de intenciones a cerca de lo que será la España del mañana cimentada en su talento, el de Isco y el de algunos pocos elegidos más. 

Pero el mañana se decide hoy. Todo pasa por el partido contra Bielorrusia. Y después pasará por el de Georgia. Por eso si Alberto quiere liderar a este equipo en el futuro debe, al menos, apretar las tuercas a sus compañeros al máximo. Y disfrutar. También es aplicable a una España experimental en estos días pero que no pierde su identidad. No sólo eso, añade lo que le falta: carácter.

PabloG.

domingo, 6 de octubre de 2013

Lo que rodea al jugador de moda

Diego Costa está en boca de todos. Lo está por su buen hacer en el campo y por sus goles, pero también por un tema que lo persigue donde quiera que va: ¿jugar con España o con Brasil? El debate interminable pronto llegará a su fin. Diego Costa lo apuesta todo al rojo.



Es el delantero centro más en forma de España. Así debe comenzar cualquier texto que verse sobre Diego Costa, autor de diez goles en ocho partidos de liga con el Atlético de Madrid. Su progreso ha sido fulgurante: de vivir a la sombra de Falcao a sostener sobre sus hombros el peso del equipo colchonero. Su buen hacer sobre el césped no ha pasado desapercibido para nadie. Pero eso tiene también sus consecuencias negativas. La selección española lo quiere reclutar pero no puede; la brasileña, con la que ya disputó dos partidos amistosos, en principio no, pero duda. Ahora, Diego Costa vive inmerso en una espiral de debate sin fin. ¿Debe ir convocado con la selección española o con la brasileña?

Las dudas en la selección española en torno a la figura del delantero centro no son nuevas. Ya en la Eurocopa de 2012, disputada en Polonia y Ucrania y ganada precisamente por España, hubo bastante ruido alrededor del tema. Incluso durante la fase de clasificación al torneo. Por aquel entonces se optó por colocar a Cesc Fàbregas en la punta del ataque, haciendo de falso delantero, para paliar la baja de David Villa y el bajo nivel de forma mostrado por Fernando Torres en el Chelsea. También comenzaron a aparecer en las convocatorias los nombres de Soldado y Negredo, gracias a sus buenos registros goleadores con Valencia y Sevilla respectivamente.

Ahora aparece el nombre de Diego Costa por una cuestión meramente futbolística: aporta cosas que el resto, por cualidades técnicas, físicas y mentales, no puede. Costa es un futbolista letal en el área, potentísimo al espacio y sensacional en el juego aéreo, lo que permitiría una salida en largo fiable cuando fuera necesario. Pero sobre todo, es ultracompetitivo. En ese sentido daría a la Roja algo que le falta: carácter para superar las dificultades.

Para jugar con la selección española, Diego Costa debería seguir una serie de trámites entre los que se encuentra su nacionalización (ya la tiene); es decir, sería una especie de fichaje burocrático que adulteraría en cierto modo la naturaleza de las selecciones nacionales. En este punto, es conveniente señalar que el jugador del Atlético aterrizó en Portugal con dieciséis años para jugar en el Sporting de Braga y un año más tarde, en 2007, el club de la capital de España acordó su fichaje, por lo que su formación futbolística en Brasil llegó únicamente hasta la categoría de cadete.

La RFEF, contenta con la actitud del jugador

Uno de los puntos a tener en cuenta es la adaptación del hispano-brasileño al bloque y al vestuario de la campeona del mundo, y ahí juega un papel vital la personalidad del jugador. Costa ha sido señalado en multitud de ocasiones como un futbolista conflictivo y antideportivo, un carácter difícil de contener. Pero en las últimas fechas Diego Costa ha sido capaz de reeducar esos impulsos y adaptarlos a su estilo de juego. El resultado ha sido más que satisfactorio: su competitividad ha alcanzado niveles increíbles.

En ese sentido, la Federación Española de Fútbol (RFEF) se muestra muy satisfecho con el delantero. Incluso Vicente del Bosque está sorprendido con la forma de ser del jugador. Fuentes cercanas al seleccionador cuentan que a Del Bosque le agradó mucho la cercanía de un Diego Costa cuya actitud fuera del campo es diametralmente opuesta a la que muestra dentro. Es un hombre sencillo y cercano.

Pero lo que más gusta en la Federación es la predisposición que muestra para vestirse de rojo. Ya ha dicho por activa y por pasiva a su entorno que su deseo es jugar con España, el país que lo formó como futbolista. Si la Roja desea contar con él, estaría encantado.

Las dudas brasileñas

"Si un jugador quiere jugar aquí o allí, no será nuestra entidad quien diga no. Esta es mi posición y tengo la certeza que es también la posición del presidente (José María Marín)". Esas fueron las palabras del vicepresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) acerca del ‘caso Costa’. Son bastante claras: la CBF no pondrá ninguna traba para que Diego Costa juegue con España si ese es su deseo.

En la práctica, la cosa no ha sido igual. Lo único que impide a Diego Costa jugar con España es un documento sellado por la CBF que indique que el jugador no ha disputado ningún partido oficial en ninguna categoría con la selección brasileña. Un documento que la federación brasileña ha retrasado convenientemente para que no estuviera listo para esta convocatoria de la selección española.

La canarinha, como anfitriona del próximo mundial de 2014, no tiene que disputar partidos de clasificación. O lo que es lo mismo: no tiene ningún compromiso oficial hasta la cita mundialista. El motivo de no entregar el certificado a tiempo esta vez responde a una táctica para ganar tiempo y tratar de convencer a un Costa que sólo quiere jugar con España.

PabloG.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Diego Costa, prófugo

Depredador del fútbol. Y presa de unos medios que lo elevan a límites insospechados y lo despedazan a partes iguales. A él no le gusta ni una cosa ni la otra, por eso huye, se evade. Lo hace como mejor sabe: con intensidad y muchos goles. Así es Diego Costa, un prófugo.



Corre. Corre mucho. Salta, choca. Lucha. No descansa, ni aunque el balón sea imposible: él no conoce de eso. Le llamaron duro y sucio en aquellos tiempos en los que saltaba al césped con la chaqueta de cuero como equipación. Hoy lo adoran. Le dedican portadas y titulares a cinco columnas; abre la sección de deporte de los telediarios y ocupa buena parte de las tertulias futboleras. Pero a él no le gustó antes ni le gusta ahora. Por eso corre, salta y pelea cada balón como si fuera el último: es el medio de vida de Diego Costa y, por encima de todo, su pasión.

No es incierto que hubo un tiempo en el que no fue el más deportivo. Pero ahora es otro futbolista. Ha sabido reeducar su temperamento y transformarlo en un intensidad extrema. Ahora se ha convertido en el futbolista más competitivo del mundo y sostiene sobre sus hombros el peso del Atlético de Madrid, huérfano tras la partida de Falcao. Lo hace con goles, ocho goles en siete partidos de liga hasta la fecha. Uno de ellos al Real Madrid en el Bernabéu. Su equipo aspira a romper la bicefalia de la liga. Él tiene mucha culpa.

Sabe que le debe mucho a Simeone, responsable de su explosión y de su cambio. Cuando el argentino era futbolista le pasaba lo mismo que a él: era amado y odiado al mismo tiempo por la prensa, y tampoco le gustaba en absoluto; era intenso, a veces más de la cuenta, pero era un líder. El Cholo ha sabido transmitirle todo lo que aprendió a lo largo de su carrera. Desde fuera del verde comprende que hay cosas que no se pueden permitir. Se lo hizo ver y lo asimiló no sin dificultades. Ahora, una vez que lo ha comprendido, se lo agradece cada vez que sale al campo. Con intensidad, con goles y con liderazgo. Es el alma de este Atleti porque en el fondo tiene algo de Simeone en sus entrañas. Ni Gabi, ni Koke, ni Suárez; Diego Costa es el mejor representante de este equipo.

Sigue corriendo. Y lo hace de manera extraña, porque es muy alto pero sus piernas no son muy largas. Huye de los debates que se crean entorno a su persona. Oye rumores de la selección brasileña, con la que ya jugó un par de amistosos. También de la selección española. En cada periódico, en cada programa programa televisivo o radiofónico se valora esta posibilidad. Por rendimiento no extraña, pero a él no le interesa nada de eso. Sólo la pelota, y lo que tenga que ser será.

No deja de luchar. Ahora los que lo buscan son los rivales. Lo provocan constantemente, le hacen perrerías buscando una respuesta, intentando prender la mecha de la bomba atómica que esconde en su interior. Todo ello fruto de su pasado. Todo por una fama que le persigue y casi no le deja respirar sobre el césped. ¡Con lo bien que juega y los prejuicios con los que se le mira! No lo entiende, pero no cesa.

Se implica cada vez más. Es el primer defensor, el que inicia la presión del Atleti. No le importa tener que replegarse hasta medio campo si su equipo lo necesita. Él trabaja para ellos porque sabe que ellos trabajan para él. El grupo siempre es lo primero, tanto en defensa como en ataque, donde no le importa asociarse con sus acompañantes. Y si hay que partirse la cara, pues se la parte. Lo que sea por ganar. Es lo que más le importa.

Siempre rinde bien, ya sea en estático o al espacio; dentro del área o fuera de ella. Sabe que su labor es finalizar las jugadas que sus compañeros elaboran. Y tiene la responsabilidad de hacerlo bien. Por eso no se amedrenta ante sus rivales y pelea siempre hasta el final. Por eso, casi siempre, acaba en gol, porque su juego es tan puro que el error es casi imposible.

Todavía pelea, salta, choca, brega. Corre. Huye de los focos porque tan sólo quiere jugar. Es lo que mejor sabe hacer.

PabloG.

miércoles, 3 de julio de 2013

¿Por qué Brasil arrolló a España?

No me gusta la Copa Confederaciones. Aprieta excesiva e innecesariamente el calendario y no creo que sea justo que se la sitúe a la altura de un Mundial o una copa continental de naciones. Es una opinión personal, pero no deja de ser un torneo de verano. De grandes selecciones y de jugadores con un nivel altísimo, pero un torneo de verano. En definitiva, un negocio cuyo único benefactor es su organizador, la FIFA, y que poco tiene en cuenta el nivel de fatiga que los jugadores llevan acumulado durante toda la temporada. Pero como ocurre con todos los partidos de fútbol del mundo, independientemente del nivel que tengan, siempre dejan detalles de los que aprender. Y en esta ocasión no fue un detalle, sino un detallazo: se puso en duda un modelo hasta ahora indiscutible. España, la campeona del mundo y bicampeona de Europa hincó la rodilla ante el Brasil de Scolari y el orden establecido se tambaleó. Ahora, intentaré desgranar cuáles fueron las claves de la abultada derrota de la Roja y cuáles serán sus consecuencias:


1.- Empecemos por el principio: si Brasil pudo tumbar a España fue gracias a su mentalidad. Salió enchufadísimo desde el principio, con una gran labor de presión arriba que dejó sin argumentos a las primeras de cambio a la selección española. Fue la mejor versión de la canarinha que pretende dominar el mundo con Scolari a los mandos, altamente competitiva e intensa. Si a eso le sumamos el fabuloso ambiente que se respiraba en Maracaná, nos queda un aspirante muy serio a alcanzar el hexacampeonato del mundo.

2.- Como contrapartida, Brasil perdió definitivamente su histórica identidad. Más bien hubo un intercambio de papeles: el Brasil más europeo arrolló a la España más sudamericana. La diferencia se hizo visible, sobre todo, en el centro del campo. Ahí España fue destrozada sin piedad. Busquets, su único volante de contención, se vio superado una y otra vez por la riqueza táctica y el dominio posicional de la selección brasileña y las continuas arrancadas de sus centrocampistas. ¿Quién iba a imaginar hace veinte años que uno de los mayores argumentos de Brasil iba a ser el boxtoboxismo?

3.- Los jugadores que mejor definen este nuevo estilo europeizado son dos de las revelaciones de este torneo: Luiz Gustavo y Paulinho. El primero secó literalmente a los motores del preciosista estilo de España, Xavi e Iniesta. El segundo, como máximo exponente del boxtoboxismo antes apuntado, terminó el trabajo de su compañero y arrastró a los dos futbolistas con más talento de la Roja a seguirlos durante todo el partido. Entre los dos arrancaron el balón a España y la hicieron sufrir corriendo, algo que no se había visto jamás desde junio de 2008.

4.- Pero no todo fueron sombras para la selección española. Hubo un momento de lucidez que pudo cambiar el partido. Mata apareció –por primera y última vez– cerca de las zonas centrales y filtró un pase perfecto para Pedro que el canario remató de maravilla para batir a Julio César. No contó con un factor: el coloso David Luiz juega para Brasil. El excelente central del Chelsea, aparte de realizar un partido excepcional tanto en defensa como iniciando desde atrás, salvó la mejor ocasión de España sobre la línea de gol. Sin saberlo, marcó el punto de inflexión del partido: de haber sido gol, nadie sabe cómo hubiera reaccionado la canarinha frente a una creciente campeona del mundo.


5.- Aunque ese gol pudo cambiar por completo el marcador final, el partido de España fue, como poco, decepcionante. Sus carencias en defensa quedaron al desnudo en cada golpe brasileño. En el lateral derecho, Arbeloa fue un drama, sobrepasado continuamente por Neymar y por las circunstancias. Azpilicueta tampoco mejoró la cosa; en el eje de la zaga, Piqué y Ramos no sólo no supieron corregir los fallos de sus compañeros, sino que penalizaron bastante al equipo con los despistes propios. De hecho, el central azulgrana ni siquiera terminó el partido por roja directa; en el lateral izquierdo, Jordi Alba estuvo desaparecido, tanto en ataque como en defensa. Además, ninguno de ellos fue capaz de desatascar a la selección ofreciendo una salida limpia del balón desde atrás.

6.- No obstante, si algo definió el partido de España fueron sus cambios: Azpilicueta por Arbeloa; Navas por Mata; Villa por Torres. Jugador por jugador, pocas variaciones tácticas y una impotencia palpable. La Roja, una vez que le quitaron el balón, se quedó sin recursos y sin alternativas en el banquillo que pudieran introducir un golpe de efecto decisivo que decantara la balanza a su favor.

7.- Y por encima de todos, Neymar. El futbolista brasileño se consagró como estrella mundial en el mejor escenario posible. En Maracaná, con el ‘10’ de la canarinha a su espalda y frente a la campeona del mundo, el fútbol vio su futuro. Brasil se agarró a su crack como el último reducto de su estilo y él no defraudó. Se echó al equipo al hombro y bailó a España arrancando desde la izquierda y apareciendo allá donde hiciera falta. No sólo se ganó el MVP del partido y del torneo, sino el respeto del mundo del balón, que vio perplejo su deslumbrante exhibición.

8.- Ahora a España se le presenta un escenario inquietante: debe corregir unos conceptos hasta ahora inamovibles. Se avecinan tiempos de grandes y urgentes decisiones. La primera, y la más importante, la relación de Xavi con el modelo; prescindir o no del precursor del ciclo más exitoso de la historia de la selección española. Pero no es sólo una cuestión de Xavi sí o Xavi no, hay que ver qué papel debe desarrollar en este nuevo ciclo que se avecina y también buscar a un futbolista que sea capaz de relevarlo en sus funciones de mando, de elaboración y de organización.

y 9.- Pero también se presenta una ocasión única para hacer retoques que antes de la derrota hubieran parecido una locura. Es el momento de hacer cambios en las convocatorias, de dejar a un lado a los jugadores que no sean capaces de ofrecer el nivel que este grupo requiere y de dar oportunidades a los que vienen pujando fuerte. La sub 21 campeona del Europeo de Israel puede y debe aportar soluciones de garantías a las posiciones más débiles de la absoluta. Pero tampoco hay que dramatizar. Los cambios, aunque importantes, serán puntuales. No olvidemos que este mismo grupo alcanzó la gloria el pasado verano y que hasta que el balón echó a rodar en Maracaná era la referencia mundial de este deporte.


PabloG.

martes, 13 de noviembre de 2012

Con la calidad en las venas


El fútbol español puede respirar tranquilo: tiene un futuro casi igual de esplendoroso que su presente. Venció con autoridad la sub-21 en Italia, un triunfo que da aún más crédito a un equipo que parece haber superado ya definitivamente el trauma que provocó su lamentable actuación en los Juegos Olímpicos de Londres. No debe ser fácil reponerse ante una situación tan complicada, pero para este grupo de futbolistas parecen no existir límites. Rodrigo, Deulofeu y Álvaro Vázquez no hicieron más que justicia a lo que propuso España en el campo: una delicia.


Bajo la dirección de Isco y Sarabia, España bailó en el césped. Son dos futbolistas finísimos, delicados, estratosféricos. No tardarán en dar el salto a la Absoluta. Y cuando lo hagan, será para tener un papel muy relevante. Su calidad no les permite otra cosa. El madrileño dirigió al centro del campo con maestría; el malagueño fue el enlace ideal para Rodrigo. Y bajo sus batutas, Deulofeu se convirtió en un arma excesivamente peligrosa por la izquierda, a pierna cambiada. Pero hubo un futbolista que se saltó el guión por completo: Koke. El colchonero prescindió se saltó a la torera las imposiciones de Isco y Sarabia con el balón y quiso ser el protagonista. Mandó un balón medido a la espalda de la defensa desde el medio campo que dejó a Rodrigo solo frente a Bardi. El brasileño marcó tras sentar al meta italiano. No podía ser de otra manera. Puso su firma al partido con su duodécimo gol en diez partidos, igualando el récord anotador de Óscar García Junyent.

Italia quería tomar el mando, pero jugaba a algo que no estaba bien definido. Movía el balón de un lado a otro, pero sin ritmo ni intención. No lograba inquietar bajo ningún concepto la portería de Mariño. Quizá acusó demasiado las tempraneras lesiones de Saponara y, sobre todo, Sala, uno de los futbolistas más peligrosos de este combinado sub-21. Sea como fuere, España no perdonó. Volvió a aparecer Sarabia, esta vez con Deulofeu como invitado de excepción. El canterano culé puso un pase medido al ex madridista para que encarara portería. Vio que Isco se aproximaba por la izquierda libre de marca para hacer el segundo. No se la pasó. Prefirió ser agradecido y devolvérsela en boca de gol a Deulofeu cuando se encontraba frente a Bardi. La primera mitad retratada en una jugada trazada con escuadra y cartabón.


Cambió de cara Italia tras la reanudación. La entrada del espanyolista Longo resultó decisiva para ello. El joven delantero cedido al conjunto perico por el Inter de Milán incomodó más que todos sus compañeros juntos moviéndose por todo el frente del ataque. De hecho fue el autor del gol transalpino al aprovechar un gran pase profundo de Sansone desde la izquierda. Longo se lanzó a por él, ganó la partida a Carvajal y batió a Mariño con un disparo cruzado. España estaba fuera del partido. Y los numerosos cambios que se estaban realizando no contribuyeron a mejorar la situación. No en ese mismo instante, aunque después resultaron decisivos para hacer el tercer y definitivo tanto en una jugada calcada a la del primer gol, con protagonistas diferentes. Esta vez, Muniain –que acababa de entrar– hizo de Koke y Álvaro Vázquez, de Rodrigo. Venció España y convenció. Es un lujo y una alegría constante ver jugar a cualquier equipo que vista la camiseta roja de la selección española.

PabloG.

miércoles, 17 de octubre de 2012

España y el síndrome de Johan


No quiero parecer fatalista, pero que Francia ayer encontró la clave para vencer a España es un hecho. Y lo hizo sin violencia y sin racanería, simplemente sacando el máximo provecho de los errores que cometía la Roja, que no fueron pocos. Este hecho dejó a la vista las carencias de esta selección, carencias que se pueden observar con dos actitudes bien distintas: la pasiva y más propia de los cuentos de los hermanos Grimm, en la que España es un equipo perfecto e invencible que tan sólo tuvo un pequeño traspié frente a Francia; y la crítica, mucho más objetiva y recomendable.

La España cruyffista tiende al cruyffismo hasta el infinito. Asumió su juego colectivo y sus cambios de posiciones en los primeros años, el uso de los extremos prescindiendo del punta referencial en la segunda etapa, y ahora se está adentrando en una senda peligrosa, la misma que hizo que el holandés tuviera que salir del banquillo del Camp Nou: busca soluciones estrafalarias a problemas demasiado serios. Poner a Busquets de central, por ejemplo. Busquets es un futbolista expeditivo, que va bien por alto y que va bien al cruce, pero que necesita jugar varios metros por delante del área para lucir. No es el futbolista más indicado para esa posición, al menos no ante una selección fuerte como Francia.

Pero España no es sólo cruyffista, también es guardiolista. Sobre todo en el tema del gol. Para el holandés era secundario encajar cuatro goles si se terminaba ganando el partido; para Guardiola la seguridad defensiva era lo primero, pero a veces dejaba demasiado de lado el gol. No cabe duda de que es increíblemente bello ver a un equipo en el que los centrocampistas mueven el balón tan bien como lo hace España. Y mientras más centrocampistas hay en el campo, más control hay del partido. Eso es una máxima. Ayer España salió con seis, tres en el centro del campo, uno de central, otro de extremo y otro de delantero centro. Pero ojo, el control en el fútbol no lo es todo. Sobre todo si no tienes a Messi en tu equipo. En estas se halla una selección que sufre lo indecible sin Villa al mejor nivel, el único jugador que siempre tiene en mente la portería de todos los que van convocados con España.

La pregunta es la siguiente, ¿por qué tiene que jugar Busquets fuera de su posición natural en una selección? Porque España se ha acomodado en una especie de elitismo incomprensible. Con Puyol y Piqué, todo funciona de maravilla en defensa, y con Villa, el ataque es un lujo. Pero Puyol y Piqué están lesionados y Villa no está en condiciones. Urge buscar una solución, pero no necesariamente tiene que venir del Madrid o del Barcelona. Quizá nadie se acuerda, pero Marchena era el central titular de la selección campeona de Europa en 2008. Y su suplente era Juanito, que compartía banquillo con Dani Güiza. Esto quiere decir que si la clase media cumple, puede ser el complemento perfecto  para las superestrellas españolas. Aunque sólo sea circunstancialmente mientras se encuentra una solución eficaz y definitiva, porque el mejor delantero y el mejor central de España cuentan con treinta y treinta y cuatro años respectivamente. Está claro que un central como Ramos, capaz de salvar al equipo en defensa y de marcar el gol del triunfo en ataque no sale todos los días. Ni en España, ni en ningún lugar del mundo. Pero un jugador como Íñigo Martínez si que podría ser válido para la selección siempre y cuando vaya entrando en la dinámica. Donde sí tenemos un fenómeno es en la punta de ataque, que termina de foguearse en la sub 21 a pesar de que es uno de los jugadores más importantes de un equipo puntero como el Benfica. Rodrigo sí que se adaptaría a la filosofía del equipo.

Filosofía. Llevada al extremo, la palabra más peligrosa que existe en el mundo del fútbol. Y el ejemplo más claro es España. El error de Juanfran que propició el gol de Giroud sobre la bocina no fue más que la consecuencia de llevar la filosofía al extremo. Un pelotazo a tiempo hubiera supuesto el final del partido, pero no sólo Juanfran, sino España, se empeñó en no traicionar sus principios. Unos principios que, la verdad sea dicha, nos han llevado a ser campeones del mundo y dos veces de Europa. Unos principios que son estéticamente preciosos y muy efectivos en el transcurrir del partido. Pero a veces, el instinto animal de supervivencia debe imponerse a los ideales futbolísticos, sobre todo cuando hay tanto en juego.


Que Francia mereció ganar el partido es un secreto a voces. Se sintió acomplejada en la primera parte, pero en la segunda fue muy superior. Conquistó el territorio del centro del campo a base de músculo y dejó sin argumentos a España. Benzema fue muy peligroso en ataque, sobre todo cuando se asoció con el talento de Valbuena y la velocidad de Ribèry, un futbolista fantástico desde el punto de vista técnico y peligroso desde el punto de vista táctico. Fue una amenaza constante para Arbeloa, que no pudo prodigarse en ataque. Pero Juanfran no vio la magnitud del problema y se confió. El gol de Giroud no hizo justicia, pero hizo el resultado algo más justo. Como había hecho Lloris antes deteniendo el penalti a Cesc, porque Francia mereció ganar y debió hacerlo. Sólo Felix Brych pudo evitarlo al anular un gol legal fraguado entre Benzema y Menez. De todas formas, España sigue siendo la mejor selección del mundo. A pesar de que sufre el síndrome de Johan.

PabloG.

miércoles, 11 de julio de 2012

"¡Iniesta!, ¡Iniesta!"


Después de lo visto en esta pasada Eurocopa, no ha quedado lugar a dudas. Ni Messi, ni Ronaldo, ni nada que se le parezca. Iniesta, ese es el nombre que hay que repetir en un campo de fútbol cuando el objetivo sea hacer que algún futbolista se sienta inferior, porque sin lugar a dudas, el de Fuentealbilla no admite comparaciones con el resto. Y eso se lo ha ganado dentro del campo, donde su regate de seda y su privilegiada visión de juego le han hecho elevarse como la gran referencia de la selección española, la campeona del mundo y bicampeona de Europa. Andrés no necesita proclamarse como el mejor en las ruedas de prensa, así como tampoco necesita acordarse de otros futbolistas que no están –salvo si es para ensalzar su figura–, porque como él mismo dice, no juega para ganar Balones de Oro, juega porque este deporte es lo que le apasiona, lo que le llena realmente. No quiere que los focos le apunten, ni que los periodistas le acosen, tan sólo quiere un balón pegado a su pie para llevar a cabo sus fantasías, esas que únicamente él es capaz de imaginar. Y de llevar a cabo, lo que es aún más difícil.

Mucho se ha hablado sobre él: unos dicen que se parece al mejor Laudrup; otros al mejor Zidane. Puede ser que ambas corrientes lleven su parte de razón, pero a mí a lo único que me recuerda Iniesta cuando toma la pelota es al fútbol. Al mejor, para ser más concretos. Y es que como una imagen vale más que mil palabras, la de Iniesta rodeado de jugadores italianos, al más puro estilo de Oliver Atom, define la superioridad que muestra actualmente en Europa y, probablemente, en el mundo. Una vez que toma contacto con el cuero, es imparable. De nada sirvieron los férreos marcajes que le impusieron todos y cada uno de los seleccionadores rivales durante la Eurocopa, Andrés los derribó sin esfuerzo aparente. Especialmente llamativo fue el caso del partido frente a Francia, en el que Blanc pareció haber encontrado el antídoto a la “Iniestitis” al colocar una doble marca en la banda derecha, inspirado en aquella Croacia combativa que se hartó de nadar para morir en la orilla, curiosamente también por culpa de Andrés. Pero sólo duró diecinueve minutos, lo que tardó el ‘6’ en filtrar un pase al hueco para que Alba hiciera diabluras por la línea de fondo. Ahí el fútbol comprendió la grandeza del hombre silencioso, justamente nombrado MVP de la Euro 2012.

Pero como todas las grandes historias, esta no tuvo un comienzo fácil. Debutó pronto en el Barcelona de la mano de Van Gaal, y fue alternando encuentros con el primer equipo y con el filial hasta que por fin dio el salto a la primera plantilla. Tan sólo hubo un único pero: aquel Barça no era el Barça perdedor que había sido durante los últimos años. Y lo que es peor, había un futbolista que le cerraba el paso hacía la titularidad, el portugués Deco. A pesar de ello, la calidad de Iniesta se fue imponiendo poco a poco hasta convertirse en un jugador imprescindible para la plantilla, a pesar de no ser titular, y los títulos se fueron sucediendo. El talento de Andrés era innegable, pero se le achacaba una a veces preocupante falta de gol. Y nadie en ese momento se paró a pensar la soberana estupidez que se estaba diciendo, porque Iniesta no es un futbolista que garantice veinte goles por temporada, no lo necesita. Pero eso no quiere decir que no posea el don de los grandes goleadores: el de marcar los goles más decisivos. La primera muestra la dejó la tarde-noche del seis de mayo en Stamford Bridge, al culminar una jugada fraguada con el último aliento de un Barcelona superior que se veía frenado por la muralla azul. Pero cuando todo parecía perdido, apareció un rayo de luz surgido de la bota de Andrés al que nada pudo responder Cech. Ese gol fue sin duda uno de los más importantes de la historia del Barcelona, que lograba la final, podía seguir optando al triplete, y, sobre todo, dejaba atrás el tormentoso final de la era Rijkaard para siempre. Pero esto tan sólo fue un anticipo de lo que la historia le tenía reservado al bueno de Iniesta, tal día como hoy hace dos años. Esta vez no fue el Barça, sino España; no fueron las semifinales de la Champions, sino la final de un Mundial. Pero la hazaña, fue la misma, y el escenario, similar. España se veía asfixiada ante una Holanda que sólo podía pegar ante el vendaval futbolístico que tenía enfrente. La impotencia cada vez se hacía más evidente, acrecentada con lo escasos minutos que le quedaban a la prórroga. España se tendría que jugar a la lotería lo que había merecido con esfuerzo y sacrificio. Pero entonces, una contra iniciada por Torres llegó a los pies de Cesc, que se la cedió a Iniesta para que pusiese su firma a la final. Andrés reventó el balón. Le pegó con el alma. Con la suya, con la de Jarque, con la de Puerta, con la de todos los españoles. Y ese disparo se hizo imparable y le hizo elevarse a la categoría de mito, acrecentado por su dedicatoria a su fallecido “hermano” Dani. Allí estaba Andrés, regalándole a su amigo el gol más importante de su vida, el más importante de la historia de España, uno de los más importantes de la historia del fútbol. Iniesta mostraba al fútbol y al mundo que se puede ser grande sin perder los valores fundamentales de las personas humildes, daba una lección maestra con un simple gesto.


Andrés, ya sabemos que tú no necesitas el estímulo de los Balones de Oro para rendir como el mejor, para hacernos vibrar cada vez que te vistes de corto, pero haznos caso, éste te lo mereces como el que más. Te lo mereces por tu honradez, por tu entrega y tu sacrificio; por tu talento, tu calidad y tu percepción del juego. Se lo merece España. Se lo merece el fútbol. Más que nada, porque eres inigualable.

PabloG.