Mostrando entradas con la etiqueta Chelsea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chelsea. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de enero de 2014

El gran reto de Mata

El traspaso de Mata al Manchester United es la secuencia acelerada de poco más de año y medio de fútbol en los que se han producido muchos cambios. Juanín significa la apuesta de dos grandes entrenadores para llevar a la gloria sus proyectos con dos estilos de juego diametralmente opuestos. Se enfrenta a su gran reto.
Todavía retiene nítidamente en su memoria aquellos instantes. En realidad, no ha pasado tanto tiempo como para olvidarlo. Pero aquellos momentos no se le borrarán de la mente en la vida. Era sábado por la noche. Tarde. Demasiado tarde para su gusto, teniendo en cuenta cómo se estaban desarrollando los acontecimientos. Es curioso, apenas ha pasado año y medio y ahora parece una eternidad. Significa una etapa anterior, una huella más en ese camino que ahora se abre enigmático ante sus ojos. Cómo han cambiado las cosas.
Un gol de Drogba en el último minuto del tiempo reglamentario significó la prórroga. Un gol de Drogba en el último penalti de la tanda significó la gloria. El fútbol coronaba al Chelsea como rey de Europa por primera vez en su historia. Y también a Juan Mata, cuya carrera vestido de azul comenzó de la mejor manera posible. Ahora, una vez finalizada, podemos concluir que su paso por Stamford Bridge fue corto, pero intenso y prolífico. Fue pieza clave en las dos temporadas más mágicas de la historia del Chelsea, en las que, primero de la mano de Di Matteo y después de la de Benítez, conquistaron la Champions y la Europa League. De hecho fue nombrado mejor jugador blue en ambas temporadas.
Ahora ya nada de eso importa. Comienza una nueva vida, un nuevo Mata aparece en escena. Le aguarda un equipo destrozado, sin ánimo y demasiado lejos de sus objetivos. Nada de eso le desanima. Es más, lo afronta como un reto. Le sirve de motivación. Le motiva vestir esa gloriosa camiseta roja que tantas veces ha escrito con letras doradas la historia del fútbol. Lucirá el número 8 en su espalda y ya es historia de su nuevo club. Aún sin disputar un solo minuto. Los 45 millones de euros por los que se cerró su traspaso suponen la mayor cantidad jamás pagada por el Manchester United.
Mourinho y el mediapunta perfecto
Sus últimos meses en el Chelsea fueron complicados. No es fácil para un jugador de su talla pasar a un segundo plano de la noche a la mañana. El regreso de Mourinho al club lo condicionó todo. El choque entre el portugués y el español fue demasiado fuerte. Existió el caso Mata; pero fue una cuestión estrictamente futbolística. Simplemente, la idea futbolística del técnico no casaba con las cualidades del jugador. Sin embargo, su actitud fue inmejorable hasta el último día. Mata conocía perfectamente el escenario y, a pesar de ello, continuó trabajando para agradar a su entrenador y ser útil a su equipo. En lugar de rendirse, utilizó la situación para crecer como futbolista y aportar a su juego tonalidades que le faltaban en su paleta.
Si Mata no consiguió hacerse un hueco en los planes de Mourinho fue porque otro futbolista enamoró al portugués. El preparador de Setúbal encontró en la plantilla un diamante. Oscar, al contrario que Mata, pasó de ser el eslabón más débil de la cadena blue a convertirse en el eje principal de este nuevo Chelsea. El brasileño es un futbolista enérgico y muy trabajador. Al contrario que el de Mata, su fútbol se caracteriza por su verticalidad, su alto ritmo y su gusto por las largas conducciones. Más arriesgado. Además tiene una deliciosa pierna derecha que resulta muy productiva cuando golpea desde la frontal del área. Es el mediapunta perfecto. Perfecto para Mourinho. Incluso más perfecto que Sneijder u Özil, que alcanzaron el pináculo de sus carreras a las órdenes del luso.
Al rescate de un equipo a la deriva
Mata, amigo de las recepciones en corto y de establecer estrechos vínculos con sus compañeros por medio del balón, no tenía sitio en un fútbol tan directo. Por eso aceptó el reto que le presentó el United. Los diablos rojos han acusado más de lo previsto la transición entre Ferguson y Moyes, y se han estancado en la mitad de la clasificación mientras ven como pasan las jornadas. Tampoco podrán maquillar la temporada con la FA Cup o la Copa de la Liga, pues ya fueron eliminados. Y en la Champions, en primer lugar deberán superar el cruce con el Olympiakos para avanzar en una competición en la que no figuran entre los cinco favoritos al título.
Los principales problemas del United están en el mediocentro. Echan demasiado en falta a un futbolista que acompañe a Carrick y les dé sentido a su juego. En ese sentido Juanín no será la solución a sus problemas, pero los red devils tampoco pretendían que lo fuera. Su zona del campo está bien cubierta por futbolistas como Rooney, Nani, Valencia, Kagawa o el emergente Januzaj. Sin embargo, su fichaje responde a otras necesidades. Mata llega a Manchester para ser el estímulo del equipo, ese rayo de esperanza que sirva para reconducir la situación. Ese futbolista de talla mundial que palie la preocupante falta de talento de la plantilla, sin importar demasiado que haya que reconfigurar los esquemas para que se encuentre cómodo.
Mata es la apuesta de David Moyes. El escocés sabe que está en el filo de la navaja y se ha aferrado al talento del burgalés, un futbolista a priori ideal para su idea de fútbol. Como Oscar para Mourinho. Era la gran opción del mercado.
Cómo pueden cambiar la vida y el fútbol en poco más de año y medio. De ser el mejor futbolista del campeón de Europa, a ser un actor secundario y regresar al primer plano en otro equipo al que le urge el talento. Es el gran reto de Mata, la oportunidad perfecta para demostrar que vale hasta el último penique que han pagado por él. La ocasión ideal para reencontrarse con su fútbol y devolver al Manchester United al lugar del que nunca debió salir.
PabloG.

lunes, 30 de diciembre de 2013

El manual de Mourinho llevó al Chelsea a una seria victoria

El Chelsea ganó al Liverpool en Stamford Bridge (2-1) en un gran partido de fútbol que se volvió una auténtica guerra en la segunda parte. Culpable: Mourinho. Llevó el juego a su terreno para que no se escapara y cosechó una brillante victoria. El Chelsea huele a campeón.


Con un partido brillante en la primera mitad y de una solidez extrema en la segunda, Mourinho y su Chelsea pasaron por encima del Liverpool. Con las dos caras fueron el mejor equipo sobre el césped. Y eso que empezaron perdiendo, porque Skrtel empujó a gol una jugada a balón parado a los tres minutos de juego. Pero después, gracias a una intensidad envidiable y una mentalidad ganadora, Hazard y Eto’o consiguieron darle la vuelta al partido.

Después de criticarlo crudamente, Mourinho plagió a Benítez y colocó a David Luiz de mediocentro. Arriesgó mucho, porque el brasileño es una caja de sorpresas tanto para bien como para mal. Pero le salió redondo. En la segunda parte, Brendan Rodgers quiso anularlo colocando a su espalda a Coutinho para que enlazara con Luis Suárez, aunque ya era demasiado tarde. Para ese entonces David Luiz ya había decidido el partido. Solucionó los problemas de elaboración del Chelsea con un acierto sorprendente. La manera en la que inició la jugada del 2-1, obra de Eto’o, definió su partido: un pase picado, rebosante de confianza, suelto y profundamente vertical. David Luiz marcó los frenéticos tiempos del juego blue para lograr la victoria.

Pero si un futbolista es mourinhismo en su esencia, ese es Willian. El brasileño está irreconocible. Atrás ha quedado ese fútbol de fantasía, de amagos constantes y de velocidad indescriptible que enamoró a Ucrania, Europa y el mundo entero. En el Shakhtar, Willian era pura samba. Ahora ya no es nada de eso. Su fútbol es más feo y mucho menos eléctrico, pero muchísimo más útil para el equipo. Trabaja en defensa, recupera balones (hasta once en el partido de hoy, el jugador que más veces lo hizo) y aporta equilibrio. Se mancha de barro hasta los codos. Y así triunfa. Tanto o más que regateando anárquicamente. Aunque brille menos.

Hazard es un diablillo con el culo muy gordo y una facilidad apabullante para ser decisivo. Cuando llegó a la frontal del área y antes de que le pegara con el interior del pie, todos habíamos adivinado ya la trayectoria de ese balón: moriría en la escuadra. La jugada la inició él, consciente de que si seguía corriendo le llegaría su oportunidad. Tiene tanta mala leche en el cuerpo que su suave toque se convirtió en un misil teledirigido. Nada pudo hacer Mignolet, errático en el segundo gol. El belga cometió un error infantil ante un chacal. Eto’o metió la puntita nada más, lo justo para voltear el partido y el corazón de más de un amante del fútbol. No está en plenitud pero sigue goleando, como siempre.

A este Liverpool le falta picardía y algún que otro tiro en el cuerpo. Casi tantos como le sobran al Chelsea. Los chicos de Brendan Rodgers todavía creen que al fútbol se juega con los pies, haciendo jugadas imposibles y que los goles son lo más importantes. Son muy cándidos. En el fútbol, en este fútbol de altísima competición, cada partido es una guerra. Y más si se juega en Stamford Bridge, donde no desmontan las trincheras entre juego y juego. Ni siquiera por Navidad. Cuando acabó la primera parte, Sakho le pidió la camiseta a Eto’o. Es normal; es un muchacho joven que seguramente creció cantando los goles del camerunés. Pero reflejó lo que era el partido. Futbolísticamente eran niños contra hombres que tenían la lección muy bien aprendida. Y la lección era ganar el partido por talento y preservarlo por la fuerza.

En el descanso, Mourinho quitó a Lampard y metió a Obi Mikel. Quitó a la chispa y metió al músculo. Quitó al emblema del Chelsea y metió a un futbolista que sostenía la bandera de su ideario. Y en ese momento Stamford Bridge supo que el partido no se escapaba. No sólo porque Luis Suárez, el único arma de verdadero peligro del Liverpool estaba desaparecido. No sólo porque le estaban pegando, con y sin balón, para anularlo. No sólo porque sin él el Liverpool no es nada. No. Sabía que no se escapaba porque cuando Mourinho arriesga siempre gana. David Luiz, Willian y Mikel para decidir un partido. Y un profundo olor a seriedad y campeón de la Premier League.

PabloG.

martes, 24 de diciembre de 2013

Arsenal y Chelsea tuvieron respeto por el fútbol

Arsenal y Chelsea empataron (0-0) en un partido que ofreció mucho menos de lo que anunciaba. Pero que sirvió para dejar vivos a ambos equipos en la Premier. El Chelsea, con trivote, fue de más a menos; el Arsenal, que no hizo cambios, se creció con los minutos hasta el punto de tener el partido en sus manos al final.
No fue el más brillante de los partidos, pero sin embargo sirvió de mucho a ambos equipos. Al Chelsea, por ejemplo, para no perder comba con respecto a la cabeza de la liga. Y para demostrar que cuando Mourinho dispone sus fichas sobre el tablero, es capaz de condicionar tácticamente casi a cualquiera. Al Arsenal, aunque perdió el liderato, le sirvió para ganar algo de moral. Ahora son segundos, empatados a treinta y seis puntos con el Liverpool y perjudicados por un goal averagepeor, pero después del ridículo que hicieron contra el Manchester City, sellado con un 6-3, se volvieron a convencer de que pueden plantarles cara a los equipos punteros de la Premier. Que no han sido un espejismo estos meses de competición y que siguen siendo candidatos al título.
Los dos equipos siguieron trayectorias muy diferentes durante los noventa minutos. El Chelsea dominó hasta la primera mitad, asentado en la ventaja táctica que le suponía presentarse hoy en el Emirates con un trivote formado por Lampard, Obi Mikel y Ramires. Tres soldados a las órdenes del mejor de los generales que anularon por completo el juego del Arsenal. En palabras de Mourinho, la inclusión de Mikel en el once respondía a una necesidad de ganar “equilibrio para no quedar expuestos” y sufrir a la contra. Le salió redondo. Obligó a Özil a recibir atrasado y Ramsey no pudo despegar en ningún momento.
Y aún mejor le pudo salir si el larguero no llega a impedir que la volea de Lampard desde la frontal entrara en la portería de Szczesny. Fue la mejor ocasión del Chelsea en la primera mitad y en todo el partido. Y quizá la única de peligro real. Coincidió con el progresivo arranque del Arsenal. O, más bien, fue su causa directa.
Arteta campó a sus anchas por el Emirates. Aprovechó la ausencia de un mediapunta en el Chelsea para situarse inmediatamente por delante de los centrales y desde ahí desplegar su fútbol. Fue lo mejor del Arsenal, el único argumento ante un Chelsea que le ahogaba en el plano táctico. Pero no pudo hacer ninguna maravilla. Ramsey, su teórico primer apoyo, se iba a los tres cuartos de campo. Özil se ofrecía, pero lo máximo que daba era un apoyo de cara. Ni Sagna ni Gibbs eran profundos. El escenario era desolador. Arteta tenía una bomba nuclear en sus manos, pero no había aviones en el aeropuerto que le ayudaran a lanzarla.
Poco a poco se fue asentando el Arsenal. Comenzó a desplegar su fútbol y el partido giró a la ida y vuelta. Un clásico en la Premier, un ingrediente indispensable para que el partido guste. Pero fue una ida y vuelta muy moderada. Muy respetuosa, como todo el partido. Los dos equipos se jugaban demasiado y eran conscientes de que un error les dejaba gravemente heridos en la tabla. Que tenía mucho más que perder el Arsenal también era una realidad. Una derrota tumbaba anímicamente a los de Wenger, además de dejarles a un punto del líder Liverpool.
Y fue por eso por lo que Mourinho quiso romper el empate a cero. Porque ya estaba bien de conservar. Entraron dos de sus hombres de mayor confianza, Schürrle y Oscar, con el objetivo de hacer añicos el partido. Diez minutos más tarde se arrepintió; tuvo que entrar David Luiz por Torres para amarrar el empate. Ya no parecía tan mala idea.
Wenger no hizo cambios pero su Arsenal brilló más al final del partido
El motivo era simple, aunque complejo de entender físicamente hablando. Y es que un Arsenal que no había hecho un solo cambio devoró al Chelsea en los diez minutos finales del partido. Ni un cambio, cero. Wenger ni siquiera quitó a Rosicky, discreto durante los noventa minutos y pasado de revoluciones, a pesar de tener una amarilla. Casi lo borda. En una de las pocas subidas de Gibbs por la izquierda, se asoció de maravilla con el checo. El balón llegó a los pies de Giroud en una posición perfecta. Pero entonces Cech se estiró para tapar todo el espacio posible y mandar el balón a córner. Era la segunda que tenía el francés. La primera la echó fuera después de un gran pase de Ramsey.

Y entonces llegó el final. Acabó un espectáculo que ofreció mucho menos de lo que anunciaba. Pero también se acabaron esos noventa minutos de respeto mutuo entre dos equipos que se saben rivales directos por el título. Unos noventa minutos llenos de lecturas y de matices muy diferentes, contradictorios en algunos casos. El Chelsea sigue vivo y acecha. El Arsenal, por supuesto, también.

sábado, 17 de agosto de 2013

Previa de la Premier League 2013/14

Hoy se da el pistoletazo de salida a la mejor liga del planeta. Da comienzo el espectáculo de una Premier que sufrirá esta temporada multitud de cambios, sobre todo en los banquillos, pero que promete mantener la emoción que han hecho del campeonato inglés una referencia mundial. Al menos tres equipos parten como serios aspirantes a alzarse con el cetro de campeones de Inglaterra, aunque deben tener cuidado con las sorpresas. Pero donde la lucha se hará más crudo será en los puestos europeos y de descenso. Unos delimitan la gloria; los otros el fracaso. Todos quieren lo primero; nadie lo segundo. Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo:


Manchester United: Dos poderosos argumentos hace al United favorito para llevarse el título. El primero y más evidente es que son los vigentes campeones. El segundo, que cuentan en su plantilla con el mejor y más determinante futbolista de toda la Premier League, Robin van Persie. Pero si echamos un vistazo al resto de la plantilla no encontramos muchas más señales que nos indiquen que los red devils son tan superiores al resto. Después de veinticinco años, habrá cambio en el banquillo de Old Trafford. Ferguson deja tras de sí un inmenso legado y un equipo fuerte en las áreas pero con un agujero tremendo en el centro del campo. Aun así, a él le sirvió para sembrar el pánico en las islas y fuera de ellas. Está por ver cómo lo gestiona su compatriota David Moyes y si es capaz de pescar algún pez gordo –se habla de un posible reencuentro con sus expupilos Fellaini y Baines– de aquí al final de un mercado en el que el United ha sido incapaz de mover ficha.

Manchester City: Por fin Manuel Pellegrini podrá demostrar su valía en un equipo grande. Tras su terrible experiencia en Madrid, el Ingeniero llega a un City en el que tendrá a su disposición todos los recursos para hacer una plantilla acorde a su fútbol. La llegada de Navas, Negredo, Jovetic y Fernandinho elevará aún más el nivel de los citizens. De momento ya ha sido capaz de darlo algo al equipo que Mancini no pudo durante su estancia en Manchester: una identidad. Silva, Agüero y Touré ya se frotan las manos pensando en el exquisito fútbol que desarrollarán a las órdenes del chileno. Y esta vez sí, por primera vez desde que entrena en Europa, puede verse recompensado con títulos.

Chelsea: La sola presencia de José Mourinho como técnico eleva el nivel competitivo del equipo de manera increíble. El Chelsea, con el portugués a los mandos, pasa de luchar por la tercera plaza a ser uno de los más firmes candidatos al título. Mou contará en Stamford Bridge con una plantilla poderosa físicamente y de muchísimas garantías: viejos conocidos como Lampard, que volverá a ser vital; especialistas del contragolpe como Moses o Hazard; futbolistas talentosos como Juan Mata, el alma del Chelsea; depredadores del área como Lukaku. A ellos se les unirán otros talentos como Van Ginkel, De Bruyne y, sobre todo, Schürrle, que promete ganarse un puesto en el once titular. En definitiva, Mourinho volverá a contar con once soldados sobre el césped cada semana para pelear por la Premier League.


Arsenal: La situación del Arsenal comienza a ser preocupante. Totalmente descartado de la lucha por el título, está por ver si logrará mantener su codiciada cuarta plaza, la que da acceso a la Champions. Y es que mientras el resto de equipos se refuerzan con buenos futbolistas, el Arsenal fracasa en cada operación que intenta acometer. Fracasó con Higuaín, fracasó con Rooney y volvió a fracasar con Luis Suárez. Y la afición se desespera. Ni siquiera el núcleo duro del wengerismo sabe bien hacia dónde se dirige el equipo. Sin dar el salto de calidad que necesita la plantilla con al menos un fichaje de relumbrón, el Arsenal corre el riesgo de abandonar la nobleza de la Premier. Todo por ser legales, por no querer inflar los precios en esa jungla llamada mercado. Pero la realidad es muy dolorosa. Los gunners necesitan un golpe de timón que los lleve de nuevo a ser los que fueron.

Tottenham: Debe ser la temporada de confirmación de Villas-Boas. Tras una primera toma de contacto con el Tottenham la pasada campaña, esta debe ser la que defina a dónde va su proyecto. Y para eso ha aterrizado Paulinho en White Hart Lane. El futbolista brasileño, que destaca mucho más por su físico que por su técnica, será el faro de los spurs. Compartirá centro del campo con el recién incorporado Capoué y con Dembélé, que parece haber terminado de asimilar los conceptos de su entrenador. Holtby deberá dar un paso al frente en su carrera por pasar de promesa a realidad. También serán muy importantes los goles de Soldado, fichado con el cartel de estrella. Pero sobre todo, lo que marcará las aspiraciones del Tottenham es la continuidad o no de Gareth Bale.

Everton: Llega a Goodison Park el hombre milagro. Roberto Martínez, ingeniero del primer Swansea y héroe del último Wigan, tiene la difícil misión de continuar la obra que creó y perfeccionó durante una década David Moyes. De momento contará con la columna vertebral de la plantilla que el escocés estuvo a un suspiro de meter en Europa, reforzada por hombres de su confianza como Koné, Alcaraz o Joel, y por futbolistas de muchos quilates como Deulofeu o Barkley. Pero cuidado, el mercado sigue abierto y futbolistas vitales como Fellaini o Baines podrían volar en cualquier momento. Si se quedan con los toffees, el objetivo es la Europa League.

Liverpool: Brendan Rodgers afronta su segunda temporada en Anfield con el objetivo de devolver al Liverpool al lugar del que nunca debieron salir. Para ello se ha movido en el mercado en busca de jugadores que pudieran dar un salto cualitativo importante a la plantilla. De este modo han llegado a la ciudad de los Beatles Iago Aspas, Kolo Touré, Luis Alberto o Simon Mignolet, que acompañarán a Gerrard en su enésima cruzada con los reds. Pero sin lugar a dudas, el mejor fichaje que ha podido hacer el Liverpool ha sido mantener en la plantilla a Luis Suárez. El uruguayo es uno de los futbolistas más determinantes de la liga y seguirá escuchando el You’ll Never Walk Alone antes de cada partido en casa, al menos durante una temporada más. Es el factor que hace que el Liverpool pueda ser considerado como un serio aspirante a entrar en Europa la próxima campaña.

West Bromwich Albion: Steve Clarke, el entrenador revelación de la pasada Premier, no debe estar muy contento: esta temporada no podrá contar en su plantilla con Lukaku, autor de diecisiete tantos en la anterior campaña. Para suplir esta sensibilísima baja han llegado dos jugadores de nivel. Al primero lo avala su nombre: Nicolás Anelka. Al segundo, sus veintidós goles en el Watford el año pasado. Y es que la pólvora de Matej Vydra, junto a la de Shane Long, está destinada a otorgar al West Brom la mayor tranquilidad posible. El resto ya lo pone el talento de Clarke.

Swansea: La nueva temporada del Spanish Swansea –siete jugadores españoles integran su plantilla– tiene tres nombres clave: Laudrup, Michu y Bony. Laudrup seguirá al frente de la nave una vez superadas sus diferencias con la directiva y continuará dotando a los cisnes de su excepcional estilo de juego. Michu será de nuevo la estrella, esta vez sin el cartel de revelación colgado de su cuello. Y el marfileño Wilfred Bony, el nuevo delantero centro de los galeses, dará sentido al sistema del primero y liberará mucho más al segundo. Sin duda, el nivel de la plantilla es superior al de la temporada pasada. Pero repetir los éxitos dependerá de cómo asimile la plantilla el reto de jugar dos veces por semana. La participación en la Europa League puede ser un lastre para la Premier.


West Ham: El proyecto de Sam Allardyce seguirá teniendo continuidad una temporada más. Y todo gracias a que la directiva del club del este de Londres colmó sus expectativas firmando a Andy Carroll en propiedad. El delantero seguirá siendo la referencia de los hammers con el objetivo de resucitar al gran delantero que asombró a Inglaterra con la elástica del Newcastle. Además, esta temporada tendrá a sus órdenes a un futbolista tan acorde a su filosofía como Stewart Downing, que también llega procedente del Liverpool. Con el poderío físico de Diamé en el centro del campo y a la espera de que Joe Cole vuelva a ser el que fue, el objetivo, como mínimo, es repetir la hazaña de la temporada anterior.

Norwich: Las buenas sensaciones que transmitió el Norwich de Chris Hughton la pasada campaña deberán prolongarse este año. Quizá no se vuelva a repetir el undécimo puesto de la temporada pasada, quizá sea necesario sufrir un poquito más, pero los fichajes realizados por los canaries invitan al optimismo. Ricky van Wolfswinkel y Gary Hooper vienen a aportar dinamita en la delantera. Mientras, los prometedores Leroy Fer y Nathan Redmond darán una mayor variedad de recursos a uno de los bloques más sólidos de la Premier.  

Fulham: En la era post-Al Fayed, los cottagers se han reforzado con futbolistas experimentados, como Stekelenburg, Amorebieta o Boateng; futbolistas talentosos, como Abdel Taarabt; y futbolistas que pueden llegar a ser decisivos, como Darren Bent. El veterano punta inglés compartirá muchos minutos dentro del área con Dimitar Berbatov, la verdadera estrella del equipo, que aunque la pasada campaña anotó quince tantos, se le echó en cara un visible falta de regularidad en su juego. La gestión de esta plantilla, que tiene pocas aspiraciones más que lograr una permanencia tranquila, corre a cargo de Martin Jol.

Stoke City: Mark Hughes tiene una difícil misión: modernizar al equipo más primitivo de la Premier League con un presupuesto bastante reducido. Y además salvar la categoría. No sabemos cómo acabará esta aventura, pero con futbolistas en la plantilla como Shawcross o Peter Crouch, el tema de rasear la bola parece complicado. ¿Logrará Hughes transformar a la plantilla de arriba abajo u optará por mantener el patapum parriba que Tony Pulis popularizó y convirtió en la seña de identidad del Stoke? El futuro pinta bastante negro para el equipo del Britannia Stadium.

Southampton: La primera temporada completa de Mauricio Pochettino en Inglaterra no puede presentarse mejor. Posee una plantilla con un alto nivel técnico y libertad de acción para exprimirla al máximo. Teniendo en cuenta la calidad del argentino en el banquillo, no sería de extrañar que los saints fuesen la revelación de la temporada. Y jugando un buen fútbol. Al talento de futbolistas como Rickie Lambert, Luke Shaw o el uruguayo Gastón Ramírez se une ahora el de Dejan Lovren y Víctor Wanyama. Refuerzos de nivel para un equipo cuyo límite marcarán los propios jugadores.

Aston Villa: Las aspiraciones de los villanos dependerán única y exclusivamente del estado de forma de Benteke. Si el belga se muestra como en la segunda vuelta de la pasada campaña, el Aston Villa aspira a estar entre los diez primeros. Si no, el equipo Paul Lambert volverá a coquetear con el descenso, algo inadmisible en Villa Park. Pero lo cierto es que, aunque se sabe que lo que ocurrió la temporada pasada no puede volver a ocurrir, el equipo, en principio, no se ha reforzado con hombres que puedan elevar el nivel de la plantilla. ¿Qué hubiera sido del conjunto de Birmingham si algún equipo puntero hubiera pagado los 25 millones exigidos cuando Benteke pidió el transfer request?


Newcastle: Lo que le sucedió la temporada pasada al equipo de Alan Pardew fue un desgraciado accidente. Coquetear con el descenso con una plantilla integrada por futbolistas tan talentosos como Cabaye, Debuchy o Marveaux, tanto potentes como Tioté o Cissoko, tan decisivos como Ben Arfa y tan letales como Papiss Cissé es casi un pecado. El Newcastle debe mirar por encima de la mitad de la tabla y Loïc Remy viene a ayudar a conseguir ese objetivo. El ex del Marsella, que no tuvo una primera experiencia demasiado agradable en la Premier con el QPR busca redimirse en St. James’ Park. Desde luego, en el norte de Inglaterra no podrá usar como excusa que no conoce el idioma: hasta once franceses integran la plantilla de las urracas. Y eso se traduce en un estilo extremadamente físico con algunas pinceladas de una calidad exquisita.

Sunderland: El empujón que le dio Paolo Di Canio al Sunderland cuando tomó las riendas del equipo en abril fue imprescindible para que los black cats lograran in extremis la permanencia. Este año el controvertido preparador italiano tiene ante sí un reto aún mayor: volver a lograr la salvación del equipo en su primera temporada completa en la élite. Para ello se ha hecho con Jozy Altidore y Emanuele Giaccherini por 18 millones de euros. Pero está por ver cuánto aguanta el efecto Di Canio y cómo lo asimila la plantilla. La fuerte personalidad del técnico puede ser un arma de doble filo: o imprime a sus jugadores un carácter guerrero y ganador, o el vestuario se convierte en un polvorín. Y hay más probabilidades de que ocurra lo segundo que lo primero.

Cardiff: Cincuenta y un años lejos de la máxima categoría del fútbol inglés son demasiados años. En la capital galesa lo saben, y por eso no quieren volver a los infiernos a las primeras de cambio. Ese es el principal motivo por el que el Cardiff City ha decidido poner toda la carne en el asador en este mercado de fichajes –han gastado una cifra cercana a los 32 millones de euros–. Eso, y que ser humillados por el Swansea, el eterno rival, sería imperdonable. El caso es que por ese montante han llegado buenos futbolistas como Steven Caulker, Andreas Cornelius y Gary Medel, que se unirán al bloque que logró el ascenso la pasada campaña, comandado por Craig Bellamy. Tras estas incorporaciones, el conjunto galés ha pasado de ser un firme candidato al descenso a poder lograr una permanencia relativamente holgada.

Hull City: Tom Huddlestone, Danny Graham, Jake Livermore y Ahmed Elmohamady han llegado este verano al KC Stadium. Ni siquiera el potencial de estos futbolistas, que esperan relanzar sus carreras a orillas del Hull, impide que los tigres, junto al Crystal Palace, los más claros candidatos al descenso.

Crystal Palace: Aunque la operación se concretó en el pasado mercado invernal, el traspaso se hizo efectivo el 30 de junio. La marcha al Manchester United de Wilfried Zaha, la estrella del equipo la pasada temporada y principal artífice del ascenso, deja huérfano al conjunto del sur de Londres. Sólo un milagro sería capaz de salvar a la peor plantilla de la Premier de un descenso casi seguro.

PabloG.

jueves, 8 de agosto de 2013

Esclavos

Raymond Kopa, el legendario exjugador del Real Madrid y del Stade de Reims, escribió el 4 de julio de 1963 un artículo en el semanario France Dimanche que hizo que los cimientos del fútbol profesional de su país se tambalearan. Bajo un título tan devastador como “Los jugadores son esclavos”, Kopa expresaba con firmeza la injusta situación que vivían los futbolistas de la época: “hoy, en pleno siglo XX, el futbolista profesional es el único ser humano que puede ser vendido y comprado sin contar con su opinión”. Sin embargo, cincuenta años y una alucinante y desproporcionada revolución mediática después, no parece que la situación haya cambiado demasiado. El club que posee los derechos federativos del jugador ya no es el dueño absoluto de su destino, más bien al revés, pero el futbolista profesional sigue siendo esclavo de un poderoso amo: el dinero.


Sólo de este modo se puede dar explicación a la rebeldía de algunos jugadores,  capaces de arremeter contra el club que aman o que les ha dado la oportunidad de brillar cuando nadie confiaba en ellos únicamente por prosperar en lo económico. Es el caso de Robert Lewandowski, delantero centro del Borussia Dortmund. El polaco llegó a la cuenca del Ruhr siendo un completo desconocido y ahora mismo es uno de los puntas más cotizados del mercado. El problema: su contrato vence el próximo mes de junio y sabe que su sueldo no podrá sobrepasar en ningún caso el tope salarial de la plantilla, cifrado en cinco millones. Es aquí donde aparece la figura del todopoderoso Bayern. El club presidido por Uli Hoeness ofrece al jugador una ficha cercana a los siete millones de euros a partir del momento en el que se haga oficial su traspaso. Ese es el motivo por el que Lewandowski quiere abandonar el barco aurinegro de inmediato en lugar de cumplir ese contrato que nadie le obligó a firmar en su momento. Ese, en definitiva, es el motivo por el que el jugador está dispuesto a echarse a toda su afición encima por querer irse al máximo rival. También es el motivo por el que, hipócritamente, llama estafadores a los dirigentes del BVB. Pero la respuesta de Klopp, su entrenador, no pudo ser más clara: "Para mí lo que hace [en el campo] es mil veces más importante que lo que dice porque eso no necesita interpretación".

Si el fútbol ya lleva algún tiempo poco cuerdo, este año es el de su locura definitiva. Los precios en el mercado se han disparado de manera alarmante hasta el punto de que un futbolista del montón puede tasarse en alrededor de 25 millones de euros sin ningún tipo de problema. Traspasos desmesurados como el de Cavani (64,5 millones de euros), Falcao (60 millones), Neymar (57 millones) o James Rodríguez (45 millones) tienen la culpa de esta inflación. Pero el golpe definitivo puede asestarse muy pronto: el Real Madrid está dispuesto a pagar alrededor de 120 millones de euros por el traspaso de Gareth Bale. De confirmarse este movimiento, el galés se convertiría en el futbolista más caro de la historia por encima de los también madridistas Cristiano Ronaldo (94 millones) y Zidane (73,5 millones). Y todo ello sin haber conseguido más que una Copa de la Liga en su carrera.


No todos entran al juego. Como casi siempre suele ocurrir, aparece un rayo de luz para avisar de que se ha perdido el rumbo y que seguir en esa dirección puede ser muy peligroso. En esta ocasión no fue Kopa, sino un compatriota suyo que entrena al Arsenal inglés. “[La oferta por Bale] se ríe de las reglas del Fair Play Financiero. Me parece increíble que en el año en que entran en vigor esas reglas, el mundo del fútbol se haya vuelto completamente loco”. Arsène Wenger sabe de lo que habla. En primer lugar porque está graduado en Ciencias Económicas. En segundo lugar porque es el capitán del barco de un club con una política de compra-venta que le exige cuidar hasta el último penique que paga.

El Arsenal se ha caracterizado en los últimos quince años por comprar jugadores jóvenes a bajo precio para convertirlos en estrellas mundiales y sacarle una gran rentabilidad, bien deportiva o bien económica. La inflación del mercado le afecta de manera mucho más especial que al resto de clubes: es un arma de doble filo. Por un lado sabe que puede sacar un mayor beneficio económico en caso de vender a una de sus estrellas; por otro, el precio de las promesas se dispara, un riesgo altísimo teniendo en cuenta que su rendimiento al máximo nivel, al contrario que el de las grandes estrellas, no está aún comprobado. Pero esta es una temporada especial. Parece que el club está dispuesto a realizar una gran operación que eleve definitivamente el nivel de la plantilla y de nuevo nos topamos con la inflación. Por ese motivo se les escaparon Higuaín y Rooney –aunque el Chelsea pretende que su precio se dispare lo mínimo posible–, y por ese motivo está atascada la negociación por Luis Suárez. Es probable que Suárez acabe en Londres, pero ya avisó Mikel Arteta, voz autorizada del vestuario gunner, que deberán negociar hasta el último minuto.

Es tiempo de clubes que nacen de la nada. De jeques, de magnates que mueven el mercado a su antojo sin importarles lo más mínimo que el dinero que pagan no se corresponde con el precio real de los futbolistas firmados. Es tiempo de la supremacía –de momento económica– de clubes como el Manchester City, el PSG o el Mónaco. Pero no es oro todo lo que reluce. No siempre esta manera de coleccionar cromos es sostenible. El Anzhi, el equipo más extremista a la hora de desembolsar dinero actualmente, ha puesto en venta a toda su plantilla tras los últimos resultados adversos cosechados en la recién comenzada liga rusa. Lo que en Majachkalá llaman “nueva estrategia de desarrollo a largo plazo” aquí se conoce como espantada. ¿Qué ocurrirá con esos futbolistas que antepusieron el dinero al proyecto deportivo que les ofrecían sus clubes? ¿Qué será ahora de Willian, estrella del Shakhtar que dejó el equipo durante una Champions League en la que se estaban saliendo cegado por la codicia? Seguramente acabará en algún equipo puntero de la Premier con un sueldo sustancialmente inferior al actual, pero, como ya dijo Kopa en 1963, seguirá siendo un esclavo.


PabloG.

jueves, 16 de mayo de 2013

¡Qué bello es ser interino!


Diez años y más de 1000 millones de euros después del desembarco de Roman Abramovich en Londres, el Chelsea logró en el día de ayer su segundo título europeo, además, de manera consecutiva. El conjunto blue, de las tres finales que ha disputado sumando las de la Champions y la Europa League, ha ganado dos, un 66% por ciento de victorias. Pero hay un dato aún más interesante: ninguno de los entrenadores que dirigieron al equipo en esas tres finales comenzó la temporada en el banquillo. Es decir, fueron entrenadores interinos, de emergencia y como transición ante el final de un macroproyecto.

El hombre que comenzó la tradición fue el israelí Avram Grant. En la temporada 2007/08, José Mourinho fue fulminantemente destituido en la sexta jornada de la Premier League. El motivo, más que los resultados, que hasta el momento estaban siendo excelentes, fue que en el Chelsea se hartaron de las salidas de tono del Special One. Sus problemas no fueron tanto con Abramovich, sino con sus personas de confianza en la dirección del club y los más reticentes a su regreso, Michael Emenalo y Marina Granovskaia, el auténtico brazo fuerte del club. En ese momento, Grant dejó el despacho que tenía como director deportivo de la entidad para asumir las responsabilidades desde el banquillo. Dejó al equipo subcampeón de la Premier y subcampeón de la Copa de la Liga. Pero su gran derrota, que no su gran fracaso, se produjo en Moscú. Un resbalón del capitán John Terry desde los once metros en la tanda de penaltis frente al Manchester United, convertido ya en icono del fútbol mundial, le privó de convertirse en el primer entrenador de la historia del Chelsea en alzar la Champions League. Quizá su fama de perdedor pesó demasiado.


Con la llegada de Vilas-Boas a Stamford Bridge a comienzos del verano de 2011, todo eran sueños e ilusiones renovadas. Se ponía entre manos de un entrenador joven aunque sobradamente preparado un proyecto a la altura del primer gran Chelsea que condujo Mourinho. La idea era la misma: trabajar a largo plazo con grandes talentos del fútbol mundial y un presupuesto casi ilimitado para lograr el gran objetivo de la Champions League. Pero el sueño se volvió pesadilla demasiado pronto. El vestuario viró en una salvaje oligarquía controlada por los pesos pesados de la plantilla y terminó por devorar a Vilas-Boas y su pésima gestión. Fue cuando su segundo, un viejo conocido del club como Roberto Di Matteo, tomó las riendas del banquillo (¿las tomó realmente?). El técnico italiano, que podría pasar a la historia como el entrenador más rácano de cuantos se han visto, terminó la Premier en quinta posición, pero acabó ganando la FA Cup y el santo grial del club: la Champions League.

Ante esta situación, y probablemente sin estar del todo convencido, Roman Abramovich le ofreció dos campañas más a Di Matteo. “I won it!” (“¡yo la gané!”), le dijo con una sonrisa en la boca el italiano al propietario de su club en el palco de Múnich, consciente de que tenía muchas papeletas de quedarse. Sí, las tenía, pero aún más de marcharse al primer error que cometiera. Fue humillado por Falcao en la Supercopa de Europa y dejó la Champions pendiente de un hilo en la fase de grupos tras un escandaloso 3-0 frente a la Juventus. Su destitución fue inmediata. Llegó Benítez, el “interino”, denominado así por el propio Abramovich.

Los comienzos no sólo no fueron fáciles, sino que fueron durísimos. En el Bridge le aguardó cada fin de semana y desde el primer día un ambiente hostil que no propiciaba el clima de trabajo necesario para elaborar un equipo que aspira a ser campeón. A pesar de todo, Benítez siguió luchando. Así se escapó el Mundialito de Clubes, perdido en la final ante el Corinthians. Pero Benítez no se rindió. Tiró de ingenio para cohesionar sobre el césped una plantilla tan brillante como descompensada, y con David Luiz en el centro del campo, logró asentar poco a poco al equipo.


¿Quién iba a imaginar que ese hombre, tan odiado por su propia afición tras un excelente e imperdonable paso por el Liverpool, iba a llevar a su equipo a la gloria? Ahora, la situación que se vivió hace unos días sobre el verde césped del campo más azul de Londres es más cómica que nunca: los aficionados del Chelsea pedían de vuelta a Mourinho en clara ofensa a Benítez. El madrileño ha llevado al Chelsea a una final europea que además ha ganado, algo que jamás hizo el portugués ocupando el banquillo blue. Cuando acabe la temporada, Benítez se irá, pero con la cabeza bien alta. “¡Qué bello es ser interino!”, pensará. Y razón no le falta.

PabloG.

jueves, 3 de enero de 2013

Demba Ba y el duro gol de Londres


Parece que, salvo algún imprevisto de última hora, Stamford Bridge será el destino del delantero senegalés del Newcastle, Demba Ba. Veintinueve goles en cincuenta y cuatro partidos, y trece de ellos en los veinte choques que ha disputado en la Premier League esta temporada, han sido un argumento de sobra convincente para que el equipo de Abramovich, dirigido desde el banquillo por Rafa Benítez, se haya decidido por su contratación. Los blues necesitan enderezar cuanto antes el camino: eliminados en primera ronda de la Champions, están a catorce puntos del actual líder de la liga inglesa, el Manchester United, aunque con un partido menos. Demba Ba puede ser el revulsivo que necesitan, pero de nada servirá todo lo que haya logrado hasta hoy. Si algún equipo ha demostrado a lo largo de la última década que los delanteros no pueden vivir únicamente de su nombre, ese ha sido el Chelsea.


Adrian Mutu, Hernán Crespo, Mateja Kezman, Eidur Gudjohnsen, Claudio Pizarro, Nicolás Anelka, los fenomenales –y fenomenalmente caros– Andriy Shevchenko y Fernando Torres, y el recién salido rumbo a Liverpool, Daniel Sturridge tienen algo en común: no cumplieron las expectativas. A todos les avalaba una brillante trayectoria en sus anteriores equipos, algunas incluso coronadas con numerosos e importantes títulos colectivos e individuales, pero ninguno cuajó en Stamford Bridge. Demba Ba sabe bien a lo que se enfrenta; sabe que su andadura londinense no será un camino de rosas, pero existe un precedente que le invita al optimismo: Didier Drogba, el futbolista más grande de la historia del Chelsea y máximo responsable de la primera y única Champions League que posee el equipo inglés en su palmarés. Será difícil que Demba Ba consiga ponerse a la altura de semejante leyenda blue, pero nada es imposible.

La lista de la compra de Abramovich para este mercado invernal era no demasiado extensa y muy concisa. Se manejaban tres opciones para el puesto de delantero: la primera, el regreso del belga Lukaku, actualmente cedido en el West Brom donde está firmando una buena temporada, pero al parecer, al potente delantero de ascendencia congoleña no le seducía demasiado la idea de volver a ser un futbolista secundario. La segunda y la más ilusionante para los aficionados del Chelsea era el regreso del ya mencionado Drogba, que se encuentra sin equipo después de rescindir su contrato con el Shanghai Shenhua, aunque parece que prefiere no regresar a Londres para no estropear el buen sabor de boca que dejó a la grada tras la final de Múnich. La tercera era Demba Ba. ¿Qué se puede sacar en claro conociendo estos tres nombres? El Chelsea, Abramovich y Rafa Benítez necesitaban un estilo de delantero que no tenían hasta ahora y que se ha echado en falta en muchos momentos de la temporada: un portento físico, un futbolista veloz y potente a partes iguales, capaz de resolver un partido por pura fuerza. Si Demba Ba se asienta en la capital, será vital en este equipo.

Pero ¿y Torres? ¿Podrá acompañar al senegalés en la punta de ataque? Sí y no. Este fichaje sirve también para apretar las tuercas al fuenlabreño, que aunque últimamente ha recuperado algo su olfato goleador bajo la tutela de su gurú Benítez, sigue sin ser ese delantero determinante por el que Roman Abramovich desembolsó sesenta y cinco millones de euros hace justamente dos años. La llegada de Ba puede servir, o para darle el salto de calidad que necesita, o para cavar definitivamente su tumba como blue. No olvidemos que el nombre de Radamel Falcao viene sonando con fuerza desde hace algún tiempo. Pero esto no quiere decir que Torres y Demba Ba sean incompatibles, que haya que elegir entre uno u otro. Compartirán muchos minutos en el campo, especialmente cuando los marcadores sean adversos y, en principio, el titular es el español. Ese es el objetivo del Demba Ba, hacerse un hueco en el once y un nombre en Stamford Bridge; luchar contra las adversidades y la presión que conlleva ser el delantero centro del Chelsea. En definitiva, triunfar. Y condiciones no le faltan.

PabloG.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Lampard tumba al Everton y su mala suerte


Solamente los grandes son capaces de salir a flote cuando más aprieta la tormenta. Seguramente hoy el Everton mereció más, pero la diosa Fortuna no quiso darle un premio más grande y más justo a un equipo llamado a ocupar los puestos nobles de la tabla de clasificación inglesa. Hoy era el día de otro hombre. Había escenarios más grandes y más atractivos, pero el viejo y romántico Goodison Park reunía, precisamente hoy, todas las condiciones para que Frank Lampard gritara al mundo del fútbol, con voz alta y clara, que todavía tiene mucho talento que derrochar. Allí, donde el legendario Eusebio labró su mito con cuatro goles que tumbaron a la sorprendente Corea del Norte y dieron el pase a semifinales a Portugal en el Mundial de 1966, Lampard cortó de raíz las aspiraciones toffees con dos tantos, uno de cabeza y otro al aprovechar un rechace de Howard a disparo de Mata.


Frankie ya no es el de antes: no asume todo el peso del juego, que ahora lo lleva –indiscutiblemente y con una claridad soberbia–  Mata; no está tan ágil en el regate ni tan rápido; y no puede implicarse tanto como le gustaría en tareas defensivas. Pero sus virtudes de siempre siguen intactas. Es más, quizá hayan mejorado con el tiempo, como los buenos vinos. Hoy jugó algo más adelantado que de costumbre, en su hábitat natural, llegando al área con facilidad para exhibir todo el poderío que atesora, con unos resultados increíbles: dos goles que han dado un respiro tremendo al Chelsea. Cuando más feas se ponían las cosas, el eterno ‘8’ apareció para solucionarlas. Además, Mata es el que canaliza todo el juego ofensivo blue, pero no hay decisión que no pase por el capitán. Con Terry de baja y Drogba fuera del equipo, la vieja guardia se personifica en él. Sabe que es el líder y ejerce como tal.

Pero ni eso parece bastar a Abramovich. Es por todos conocida su obsesión por los equipos jóvenes y atléticos. Poco importa el pasado y lo que han grabado en él esos jugadores que antes eran sus niños mimados. Ahora, pasados los treinta, las opciones son claras: o renovaciones año a año, o hasta aquí hemos llegado. Es triste, pero es la realidad. Mientras Paul Scholes y Ryan Giggs son venerados en Old Trafford –también en el palco– con treinta y ocho y treinta y nueve años respectivamente, a Lampard se le pone entre la espada y la pared con treinta y cuatro y un buen rendimiento. El inglés no parece dispuesto a aceptar estas condiciones y pretende marcharse gratis en junio. De momento, en su último partido antes de poder negociar libremente con cualquier otro club le ha pasado la pelota a la directiva londinense con una exhibición. Quizá el partido de hoy marque un antes y un después para el propio Lampard y para el futuro del Chelsea.

A parte de Lampard y de una nueva demostración de por qué Mata está considerado como uno de los cinco mejores jugadores de la Premier, el Chelsea no ofreció mucho más. No lo tuvo fácil para crear ocasiones claras; cuando las tuvo, Torres no las concretó; y se vio superado por un muy buen Everton. David Moyes es un mago. Es capaz de sacar un rendimiento sensacional a una plantilla sin demasiados excesos, más aun teniendo en cuenta que la estrella del equipo, Marouane Fellaini, está cumpliendo sanción después de propinarle un cabezazo a Shawcross en el Stoke City-Everton de hace unas semanas. La entrega y el poderío que mostraron hoy a punto estuvieron de costarle un disgusto al todopoderoso Chelsea.


Abrieron el partido de maravilla: Pienaar lanzó hacia la derecha para la incorporación profunda de Jagielka, Anichebe remató al poste y el propio Pienaar aprovecho el rebote para hacer el primero. Minuto uno, el Everton daba primero y dejaba claras sus intenciones. Esas venenosas entradas por banda serían una constante. Tanto Jagielka como el genial Baines trajeron de cabeza tanto a Ashley Cole como a Azpilicueta y pudieron hacer que el resultado fuera otro. Pero antes de todo eso, a los ocho minutos, los toffees dieron su segundo y casi mortal aviso con un disparo de falta directa de Jelavic que sólo la madera pudo evitar que se convirtiera en el segundo tanto local. Comenzaba el calvario del delantero croata, el futbolista más activo y determinante de cuantos tenía en el campo el Everton. Se peleó con toda la defensa –especialmente con Ivanovic– pero lo máximo que logró fue un nuevo remate al travesaño a centro de Baines y no acertar a rematar correctamente un balón franco en el área pequeña. Fue la imagen del partido del Everton, negado de cara a la suerte e impotente ante la exhibición del viejo rockero que porta la camiseta número 8 del Chelsea.


PabloG.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Excesos y carencias que condenan a un subcampeonato


No se puede explicar tanta desilusión. O quizá sí. La derrota del Chelsea frente al Corinthians en la final del Mundialito de Clubes es tan sólo la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en el seno del equipo blue. Todo resulta demasiado provisional, demasiados parches para un equipo tan poderoso económica, futbolística y socialmente. Ya a nadie sorprende hablar del mediocentro del Chelsea. Parece mentira que un futbolista que no existe sea capaz de concentrar mayor atención que los veinticinco que componen la plantilla londinense. ¿Desde cuándo se viene tratando este tema? Es tan antiguo que ya perdí la cuenta. No es culpa de Benítez que esta figura no exista; es un problema heredado. Tampoco sería justo culpar a Di Matteo, el pobre hombre hacía lo que le ordenaban. Pero cuidado, los egos son los mayores enemigos de los colectivos.

Cualquier futbolista desea fichar por el Chelsea, de esto no hay duda y es fácilmente contrastable: Hazard, que tenía tras sus pasos a media Europa, prefirió desembarcar en Stamford Bridge que en Old Trafford, por ejemplo. Esto responde a temas de prestigio y, sobre todo, económicos. Pero lo que no queda claro es si los mejores entrenadores están dispuestos a afrontar un proyecto en el que saben que no serán los dueños de su plantilla, que estarán subordinados a los gustos y exigencias de su superior. No parece que a Benítez le quede mucho tiempo en el banquillo blue. Como mucho, hasta final de temporada. Pero, ¿quién aceptará ser su sustituto conociendo los requisitos a cumplir?


Volvamos al fútbol. Es imposible que este Chelsea sea capaz de dominar un partido con el balón en los pies. Imposible. No tiene argumentos para realizar la transición coherentemente desde la defensa hacia la mediapunta. Estas dos líneas son absolutamente brillantes, pero necesitan un elemento aglutinador que a día de hoy no existe. Ni Mikel, ni Ramires, ni Oriol Romeu –lesionado hasta final de temporada– están capacitados para realizar esta labor. Tampoco Lampard, un jugador que encajaría más en la mediapunta en el esquema de Benítez; ni Oscar, que necesita estar cuanto más pegado al delantero, mejor. La solución que más rendimiento ha dado hasta el momento es David Luiz. A vueltas con lo mismo: provisionalidad. El brasileño es uno de los mejores centrales del mundo y el único de la plantilla del Chelsea que es capaz de sacar el balón jugado desde atrás. Trasladarlo al centro del campo sería trasladar el problema a la defensa. Hay partidos en los que no implica ningún riesgo hacerlo, pero no en el de hoy, en el que David Luiz era el más capacitado para frenar a Guerrero.

Decir que el Corinthians realizó un planteamiento inteligente es una verdad a medias: es cierto que encontró la mejor forma de parar al Chelsea –entregarle el balón–, como también lo es que esa es su manera habitual de jugar. Y en un duelo en el que nadie quiere la pelota, por obligación, el Chelsea sale perdiendo. Sale perdiendo porque es el que tiene que asumir la responsabilidad de crear; sale perdiendo porque con el otro equipo encerrado y su deliciosa línea de tres mediapuntas bien cubierta, se convierte en un equipo mediocre, indigno de disputar la final de un campeonato del mundo.


Con este panorama, lo más destacable del partido fue la exhibición de Paolo Guerrero. Pocas veces un apellido define mejor a un futbolista. El peruano dinamitó el partido echándose a su equipo a la espalda. No es un portento técnico, pero su entrega no tiene límites. Es un futbolista intenso –a veces demasiado– y un ganador nato al que cualquier rival, por grande que sea, debe temer. Supo sacar ventaja del caos blue y transformar en oro cualquier ocasión de su equipo. Su asociación con Paulinho fue la clave; su gol, la recompensa a su trabajo. Hizo justicia en un partido en el que el Chelsea mereció perder. Confío en que su situación varíe a partir de enero porque recursos, precisamente, no faltan. Lo que sobran son otras cosas: egos, provisionalidad y malas planificaciones.

PabloG.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Rafa In!


El domingo a las cinco de la tarde me senté con ilusión a ver el partido que iban a disputar el Chelsea y el Manchester City. Al fondo de la habitación, la tele emitía una de las mejores y más emocionantes carreras de la historia de la Fórmula 1. Nada podía distraerme del que era el partido de la jornada en Inglaterra y en Europa. Pero resultó ser un tostón. Sin embargo, un hecho me llamó poderosamente la atención: minuto quince, Kolarov se dispone a botar un córner a favor de los sky blues. A su lado, un grupo de hinchas del Chelsea sujeta pequeñas pancartas con un mensaje demoledor. “Rafa Out!”. Atónito descubro que existen más pancartas de diversos tamaños pero con un mismo objetivo: mostrar que la afición del Chelsea no está con Benítez; que su romance con Di Matteo no acabará a pesar de su destitución. El aplauso atronador del minuto dieciséis como homenaje al italiano fue el culmen de una de las mayores injusticias jamás vistas en la historia del deporte.


Que el Chelsea no practica un juego sensacional es un hecho. Y bastante preocupante, teniendo en cuenta las desorbitadas cantidades que se han pagado por esos futbolista. Pero no se puede culpar de ello a Benítez. No el primer día que se sienta en el banquillo, después de haber dirigido tan sólo un par de entrenamientos. Benítez está en el Chelsea para hacerlo lo mejor posible hasta fin de año e intentar aglutinar a un vestuario dividido al que sólo la suerte y la anarquía han sido capaces de llevar a la gloria. Pero este método no es eterno. El hecho de que el Chelsea –el vigente campeón– tenga pie y medio fuera de la Champions League en la fase de grupos es el mejor ejemplo. Por eso Benítez tiene que dejar de ser el enemigo. Su etapa en el Liverpool terminó hace ya tres años.

Precisamente en la ciudad de los Beatles fue donde se consagró definitivamente como entrenador, por si a alguien le cabía algún tipo de duda después de su fulgurante paso por el Valencia –dos ligas y una copa de la UEFA–. No se debe olvidar que el técnico madrileño fue el primero en apreciar la superioridad del fútbol español sobre el resto. Fue valiente al aplicar el estilo que tantos años se llevaba usando en nuestro país en un fútbol tan cerrado como el inglés y su éxito fue rotundo. La final de Estambul marcó un antes y un después en la historia del fútbol. Si esto fue posible, fue gracias a la mano de Rafa. Cambió radicalmente la imagen y la mentalidad de su equipo en el descanso para remontar un histórico 3-0 al Milan de Kaká y alzarse con la quinta Champions de la historia del Liverpool. En ese equipo, junto a Gerrard y Carragher, Xabi Alonso y Luis García eran piezas clave, y Josemi y Núñez unos suplentes de lujo. Después llegaron Reina, Morientes, Arbeloa, Riera, Dani Pacheco… y Fernando Torres, con el que se volverá a rencontrar en Londres. Rafa es el entrenador que mejor rendimiento le ha sacado al Niño, el que le hizo un nombre en Europa y le permitió dar el salto a Stamford Bridge.


Lo que está claro es que si en algún aspecto va a salir especialmente beneficiado el Chelsea, ese es el táctico. Benítez ha demostrado durante toda su trayectoria ser un estratega nato. En Valencia, su Albelda-Baraja en el centro del campo funcionó a la perfección, aportándole al equipo una gran solidez; lo mismo que sucedió en Liverpool con el Alonso-Mascherano. En su nueva etapa necesita encontrar una pareja igual de fiable que le aporte equilibrio a un equipo que tiende a romperse. Está por ver cuáles serán los cimientos sobre los que tratará de construir su efímero macroproyecto. Sus objetivos quedaron claros en la presentación: lograr los cinco títulos a los que aspira el Chelsea. Talento y plantilla no le faltan para poder lograrlo. Tan sólo necesita que le dejen trabajar.

PabloG.