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martes, 28 de enero de 2014

El gran reto de Mata

El traspaso de Mata al Manchester United es la secuencia acelerada de poco más de año y medio de fútbol en los que se han producido muchos cambios. Juanín significa la apuesta de dos grandes entrenadores para llevar a la gloria sus proyectos con dos estilos de juego diametralmente opuestos. Se enfrenta a su gran reto.
Todavía retiene nítidamente en su memoria aquellos instantes. En realidad, no ha pasado tanto tiempo como para olvidarlo. Pero aquellos momentos no se le borrarán de la mente en la vida. Era sábado por la noche. Tarde. Demasiado tarde para su gusto, teniendo en cuenta cómo se estaban desarrollando los acontecimientos. Es curioso, apenas ha pasado año y medio y ahora parece una eternidad. Significa una etapa anterior, una huella más en ese camino que ahora se abre enigmático ante sus ojos. Cómo han cambiado las cosas.
Un gol de Drogba en el último minuto del tiempo reglamentario significó la prórroga. Un gol de Drogba en el último penalti de la tanda significó la gloria. El fútbol coronaba al Chelsea como rey de Europa por primera vez en su historia. Y también a Juan Mata, cuya carrera vestido de azul comenzó de la mejor manera posible. Ahora, una vez finalizada, podemos concluir que su paso por Stamford Bridge fue corto, pero intenso y prolífico. Fue pieza clave en las dos temporadas más mágicas de la historia del Chelsea, en las que, primero de la mano de Di Matteo y después de la de Benítez, conquistaron la Champions y la Europa League. De hecho fue nombrado mejor jugador blue en ambas temporadas.
Ahora ya nada de eso importa. Comienza una nueva vida, un nuevo Mata aparece en escena. Le aguarda un equipo destrozado, sin ánimo y demasiado lejos de sus objetivos. Nada de eso le desanima. Es más, lo afronta como un reto. Le sirve de motivación. Le motiva vestir esa gloriosa camiseta roja que tantas veces ha escrito con letras doradas la historia del fútbol. Lucirá el número 8 en su espalda y ya es historia de su nuevo club. Aún sin disputar un solo minuto. Los 45 millones de euros por los que se cerró su traspaso suponen la mayor cantidad jamás pagada por el Manchester United.
Mourinho y el mediapunta perfecto
Sus últimos meses en el Chelsea fueron complicados. No es fácil para un jugador de su talla pasar a un segundo plano de la noche a la mañana. El regreso de Mourinho al club lo condicionó todo. El choque entre el portugués y el español fue demasiado fuerte. Existió el caso Mata; pero fue una cuestión estrictamente futbolística. Simplemente, la idea futbolística del técnico no casaba con las cualidades del jugador. Sin embargo, su actitud fue inmejorable hasta el último día. Mata conocía perfectamente el escenario y, a pesar de ello, continuó trabajando para agradar a su entrenador y ser útil a su equipo. En lugar de rendirse, utilizó la situación para crecer como futbolista y aportar a su juego tonalidades que le faltaban en su paleta.
Si Mata no consiguió hacerse un hueco en los planes de Mourinho fue porque otro futbolista enamoró al portugués. El preparador de Setúbal encontró en la plantilla un diamante. Oscar, al contrario que Mata, pasó de ser el eslabón más débil de la cadena blue a convertirse en el eje principal de este nuevo Chelsea. El brasileño es un futbolista enérgico y muy trabajador. Al contrario que el de Mata, su fútbol se caracteriza por su verticalidad, su alto ritmo y su gusto por las largas conducciones. Más arriesgado. Además tiene una deliciosa pierna derecha que resulta muy productiva cuando golpea desde la frontal del área. Es el mediapunta perfecto. Perfecto para Mourinho. Incluso más perfecto que Sneijder u Özil, que alcanzaron el pináculo de sus carreras a las órdenes del luso.
Al rescate de un equipo a la deriva
Mata, amigo de las recepciones en corto y de establecer estrechos vínculos con sus compañeros por medio del balón, no tenía sitio en un fútbol tan directo. Por eso aceptó el reto que le presentó el United. Los diablos rojos han acusado más de lo previsto la transición entre Ferguson y Moyes, y se han estancado en la mitad de la clasificación mientras ven como pasan las jornadas. Tampoco podrán maquillar la temporada con la FA Cup o la Copa de la Liga, pues ya fueron eliminados. Y en la Champions, en primer lugar deberán superar el cruce con el Olympiakos para avanzar en una competición en la que no figuran entre los cinco favoritos al título.
Los principales problemas del United están en el mediocentro. Echan demasiado en falta a un futbolista que acompañe a Carrick y les dé sentido a su juego. En ese sentido Juanín no será la solución a sus problemas, pero los red devils tampoco pretendían que lo fuera. Su zona del campo está bien cubierta por futbolistas como Rooney, Nani, Valencia, Kagawa o el emergente Januzaj. Sin embargo, su fichaje responde a otras necesidades. Mata llega a Manchester para ser el estímulo del equipo, ese rayo de esperanza que sirva para reconducir la situación. Ese futbolista de talla mundial que palie la preocupante falta de talento de la plantilla, sin importar demasiado que haya que reconfigurar los esquemas para que se encuentre cómodo.
Mata es la apuesta de David Moyes. El escocés sabe que está en el filo de la navaja y se ha aferrado al talento del burgalés, un futbolista a priori ideal para su idea de fútbol. Como Oscar para Mourinho. Era la gran opción del mercado.
Cómo pueden cambiar la vida y el fútbol en poco más de año y medio. De ser el mejor futbolista del campeón de Europa, a ser un actor secundario y regresar al primer plano en otro equipo al que le urge el talento. Es el gran reto de Mata, la oportunidad perfecta para demostrar que vale hasta el último penique que han pagado por él. La ocasión ideal para reencontrarse con su fútbol y devolver al Manchester United al lugar del que nunca debió salir.
PabloG.

sábado, 17 de agosto de 2013

Previa de la Premier League 2013/14

Hoy se da el pistoletazo de salida a la mejor liga del planeta. Da comienzo el espectáculo de una Premier que sufrirá esta temporada multitud de cambios, sobre todo en los banquillos, pero que promete mantener la emoción que han hecho del campeonato inglés una referencia mundial. Al menos tres equipos parten como serios aspirantes a alzarse con el cetro de campeones de Inglaterra, aunque deben tener cuidado con las sorpresas. Pero donde la lucha se hará más crudo será en los puestos europeos y de descenso. Unos delimitan la gloria; los otros el fracaso. Todos quieren lo primero; nadie lo segundo. Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo:


Manchester United: Dos poderosos argumentos hace al United favorito para llevarse el título. El primero y más evidente es que son los vigentes campeones. El segundo, que cuentan en su plantilla con el mejor y más determinante futbolista de toda la Premier League, Robin van Persie. Pero si echamos un vistazo al resto de la plantilla no encontramos muchas más señales que nos indiquen que los red devils son tan superiores al resto. Después de veinticinco años, habrá cambio en el banquillo de Old Trafford. Ferguson deja tras de sí un inmenso legado y un equipo fuerte en las áreas pero con un agujero tremendo en el centro del campo. Aun así, a él le sirvió para sembrar el pánico en las islas y fuera de ellas. Está por ver cómo lo gestiona su compatriota David Moyes y si es capaz de pescar algún pez gordo –se habla de un posible reencuentro con sus expupilos Fellaini y Baines– de aquí al final de un mercado en el que el United ha sido incapaz de mover ficha.

Manchester City: Por fin Manuel Pellegrini podrá demostrar su valía en un equipo grande. Tras su terrible experiencia en Madrid, el Ingeniero llega a un City en el que tendrá a su disposición todos los recursos para hacer una plantilla acorde a su fútbol. La llegada de Navas, Negredo, Jovetic y Fernandinho elevará aún más el nivel de los citizens. De momento ya ha sido capaz de darlo algo al equipo que Mancini no pudo durante su estancia en Manchester: una identidad. Silva, Agüero y Touré ya se frotan las manos pensando en el exquisito fútbol que desarrollarán a las órdenes del chileno. Y esta vez sí, por primera vez desde que entrena en Europa, puede verse recompensado con títulos.

Chelsea: La sola presencia de José Mourinho como técnico eleva el nivel competitivo del equipo de manera increíble. El Chelsea, con el portugués a los mandos, pasa de luchar por la tercera plaza a ser uno de los más firmes candidatos al título. Mou contará en Stamford Bridge con una plantilla poderosa físicamente y de muchísimas garantías: viejos conocidos como Lampard, que volverá a ser vital; especialistas del contragolpe como Moses o Hazard; futbolistas talentosos como Juan Mata, el alma del Chelsea; depredadores del área como Lukaku. A ellos se les unirán otros talentos como Van Ginkel, De Bruyne y, sobre todo, Schürrle, que promete ganarse un puesto en el once titular. En definitiva, Mourinho volverá a contar con once soldados sobre el césped cada semana para pelear por la Premier League.


Arsenal: La situación del Arsenal comienza a ser preocupante. Totalmente descartado de la lucha por el título, está por ver si logrará mantener su codiciada cuarta plaza, la que da acceso a la Champions. Y es que mientras el resto de equipos se refuerzan con buenos futbolistas, el Arsenal fracasa en cada operación que intenta acometer. Fracasó con Higuaín, fracasó con Rooney y volvió a fracasar con Luis Suárez. Y la afición se desespera. Ni siquiera el núcleo duro del wengerismo sabe bien hacia dónde se dirige el equipo. Sin dar el salto de calidad que necesita la plantilla con al menos un fichaje de relumbrón, el Arsenal corre el riesgo de abandonar la nobleza de la Premier. Todo por ser legales, por no querer inflar los precios en esa jungla llamada mercado. Pero la realidad es muy dolorosa. Los gunners necesitan un golpe de timón que los lleve de nuevo a ser los que fueron.

Tottenham: Debe ser la temporada de confirmación de Villas-Boas. Tras una primera toma de contacto con el Tottenham la pasada campaña, esta debe ser la que defina a dónde va su proyecto. Y para eso ha aterrizado Paulinho en White Hart Lane. El futbolista brasileño, que destaca mucho más por su físico que por su técnica, será el faro de los spurs. Compartirá centro del campo con el recién incorporado Capoué y con Dembélé, que parece haber terminado de asimilar los conceptos de su entrenador. Holtby deberá dar un paso al frente en su carrera por pasar de promesa a realidad. También serán muy importantes los goles de Soldado, fichado con el cartel de estrella. Pero sobre todo, lo que marcará las aspiraciones del Tottenham es la continuidad o no de Gareth Bale.

Everton: Llega a Goodison Park el hombre milagro. Roberto Martínez, ingeniero del primer Swansea y héroe del último Wigan, tiene la difícil misión de continuar la obra que creó y perfeccionó durante una década David Moyes. De momento contará con la columna vertebral de la plantilla que el escocés estuvo a un suspiro de meter en Europa, reforzada por hombres de su confianza como Koné, Alcaraz o Joel, y por futbolistas de muchos quilates como Deulofeu o Barkley. Pero cuidado, el mercado sigue abierto y futbolistas vitales como Fellaini o Baines podrían volar en cualquier momento. Si se quedan con los toffees, el objetivo es la Europa League.

Liverpool: Brendan Rodgers afronta su segunda temporada en Anfield con el objetivo de devolver al Liverpool al lugar del que nunca debieron salir. Para ello se ha movido en el mercado en busca de jugadores que pudieran dar un salto cualitativo importante a la plantilla. De este modo han llegado a la ciudad de los Beatles Iago Aspas, Kolo Touré, Luis Alberto o Simon Mignolet, que acompañarán a Gerrard en su enésima cruzada con los reds. Pero sin lugar a dudas, el mejor fichaje que ha podido hacer el Liverpool ha sido mantener en la plantilla a Luis Suárez. El uruguayo es uno de los futbolistas más determinantes de la liga y seguirá escuchando el You’ll Never Walk Alone antes de cada partido en casa, al menos durante una temporada más. Es el factor que hace que el Liverpool pueda ser considerado como un serio aspirante a entrar en Europa la próxima campaña.

West Bromwich Albion: Steve Clarke, el entrenador revelación de la pasada Premier, no debe estar muy contento: esta temporada no podrá contar en su plantilla con Lukaku, autor de diecisiete tantos en la anterior campaña. Para suplir esta sensibilísima baja han llegado dos jugadores de nivel. Al primero lo avala su nombre: Nicolás Anelka. Al segundo, sus veintidós goles en el Watford el año pasado. Y es que la pólvora de Matej Vydra, junto a la de Shane Long, está destinada a otorgar al West Brom la mayor tranquilidad posible. El resto ya lo pone el talento de Clarke.

Swansea: La nueva temporada del Spanish Swansea –siete jugadores españoles integran su plantilla– tiene tres nombres clave: Laudrup, Michu y Bony. Laudrup seguirá al frente de la nave una vez superadas sus diferencias con la directiva y continuará dotando a los cisnes de su excepcional estilo de juego. Michu será de nuevo la estrella, esta vez sin el cartel de revelación colgado de su cuello. Y el marfileño Wilfred Bony, el nuevo delantero centro de los galeses, dará sentido al sistema del primero y liberará mucho más al segundo. Sin duda, el nivel de la plantilla es superior al de la temporada pasada. Pero repetir los éxitos dependerá de cómo asimile la plantilla el reto de jugar dos veces por semana. La participación en la Europa League puede ser un lastre para la Premier.


West Ham: El proyecto de Sam Allardyce seguirá teniendo continuidad una temporada más. Y todo gracias a que la directiva del club del este de Londres colmó sus expectativas firmando a Andy Carroll en propiedad. El delantero seguirá siendo la referencia de los hammers con el objetivo de resucitar al gran delantero que asombró a Inglaterra con la elástica del Newcastle. Además, esta temporada tendrá a sus órdenes a un futbolista tan acorde a su filosofía como Stewart Downing, que también llega procedente del Liverpool. Con el poderío físico de Diamé en el centro del campo y a la espera de que Joe Cole vuelva a ser el que fue, el objetivo, como mínimo, es repetir la hazaña de la temporada anterior.

Norwich: Las buenas sensaciones que transmitió el Norwich de Chris Hughton la pasada campaña deberán prolongarse este año. Quizá no se vuelva a repetir el undécimo puesto de la temporada pasada, quizá sea necesario sufrir un poquito más, pero los fichajes realizados por los canaries invitan al optimismo. Ricky van Wolfswinkel y Gary Hooper vienen a aportar dinamita en la delantera. Mientras, los prometedores Leroy Fer y Nathan Redmond darán una mayor variedad de recursos a uno de los bloques más sólidos de la Premier.  

Fulham: En la era post-Al Fayed, los cottagers se han reforzado con futbolistas experimentados, como Stekelenburg, Amorebieta o Boateng; futbolistas talentosos, como Abdel Taarabt; y futbolistas que pueden llegar a ser decisivos, como Darren Bent. El veterano punta inglés compartirá muchos minutos dentro del área con Dimitar Berbatov, la verdadera estrella del equipo, que aunque la pasada campaña anotó quince tantos, se le echó en cara un visible falta de regularidad en su juego. La gestión de esta plantilla, que tiene pocas aspiraciones más que lograr una permanencia tranquila, corre a cargo de Martin Jol.

Stoke City: Mark Hughes tiene una difícil misión: modernizar al equipo más primitivo de la Premier League con un presupuesto bastante reducido. Y además salvar la categoría. No sabemos cómo acabará esta aventura, pero con futbolistas en la plantilla como Shawcross o Peter Crouch, el tema de rasear la bola parece complicado. ¿Logrará Hughes transformar a la plantilla de arriba abajo u optará por mantener el patapum parriba que Tony Pulis popularizó y convirtió en la seña de identidad del Stoke? El futuro pinta bastante negro para el equipo del Britannia Stadium.

Southampton: La primera temporada completa de Mauricio Pochettino en Inglaterra no puede presentarse mejor. Posee una plantilla con un alto nivel técnico y libertad de acción para exprimirla al máximo. Teniendo en cuenta la calidad del argentino en el banquillo, no sería de extrañar que los saints fuesen la revelación de la temporada. Y jugando un buen fútbol. Al talento de futbolistas como Rickie Lambert, Luke Shaw o el uruguayo Gastón Ramírez se une ahora el de Dejan Lovren y Víctor Wanyama. Refuerzos de nivel para un equipo cuyo límite marcarán los propios jugadores.

Aston Villa: Las aspiraciones de los villanos dependerán única y exclusivamente del estado de forma de Benteke. Si el belga se muestra como en la segunda vuelta de la pasada campaña, el Aston Villa aspira a estar entre los diez primeros. Si no, el equipo Paul Lambert volverá a coquetear con el descenso, algo inadmisible en Villa Park. Pero lo cierto es que, aunque se sabe que lo que ocurrió la temporada pasada no puede volver a ocurrir, el equipo, en principio, no se ha reforzado con hombres que puedan elevar el nivel de la plantilla. ¿Qué hubiera sido del conjunto de Birmingham si algún equipo puntero hubiera pagado los 25 millones exigidos cuando Benteke pidió el transfer request?


Newcastle: Lo que le sucedió la temporada pasada al equipo de Alan Pardew fue un desgraciado accidente. Coquetear con el descenso con una plantilla integrada por futbolistas tan talentosos como Cabaye, Debuchy o Marveaux, tanto potentes como Tioté o Cissoko, tan decisivos como Ben Arfa y tan letales como Papiss Cissé es casi un pecado. El Newcastle debe mirar por encima de la mitad de la tabla y Loïc Remy viene a ayudar a conseguir ese objetivo. El ex del Marsella, que no tuvo una primera experiencia demasiado agradable en la Premier con el QPR busca redimirse en St. James’ Park. Desde luego, en el norte de Inglaterra no podrá usar como excusa que no conoce el idioma: hasta once franceses integran la plantilla de las urracas. Y eso se traduce en un estilo extremadamente físico con algunas pinceladas de una calidad exquisita.

Sunderland: El empujón que le dio Paolo Di Canio al Sunderland cuando tomó las riendas del equipo en abril fue imprescindible para que los black cats lograran in extremis la permanencia. Este año el controvertido preparador italiano tiene ante sí un reto aún mayor: volver a lograr la salvación del equipo en su primera temporada completa en la élite. Para ello se ha hecho con Jozy Altidore y Emanuele Giaccherini por 18 millones de euros. Pero está por ver cuánto aguanta el efecto Di Canio y cómo lo asimila la plantilla. La fuerte personalidad del técnico puede ser un arma de doble filo: o imprime a sus jugadores un carácter guerrero y ganador, o el vestuario se convierte en un polvorín. Y hay más probabilidades de que ocurra lo segundo que lo primero.

Cardiff: Cincuenta y un años lejos de la máxima categoría del fútbol inglés son demasiados años. En la capital galesa lo saben, y por eso no quieren volver a los infiernos a las primeras de cambio. Ese es el principal motivo por el que el Cardiff City ha decidido poner toda la carne en el asador en este mercado de fichajes –han gastado una cifra cercana a los 32 millones de euros–. Eso, y que ser humillados por el Swansea, el eterno rival, sería imperdonable. El caso es que por ese montante han llegado buenos futbolistas como Steven Caulker, Andreas Cornelius y Gary Medel, que se unirán al bloque que logró el ascenso la pasada campaña, comandado por Craig Bellamy. Tras estas incorporaciones, el conjunto galés ha pasado de ser un firme candidato al descenso a poder lograr una permanencia relativamente holgada.

Hull City: Tom Huddlestone, Danny Graham, Jake Livermore y Ahmed Elmohamady han llegado este verano al KC Stadium. Ni siquiera el potencial de estos futbolistas, que esperan relanzar sus carreras a orillas del Hull, impide que los tigres, junto al Crystal Palace, los más claros candidatos al descenso.

Crystal Palace: Aunque la operación se concretó en el pasado mercado invernal, el traspaso se hizo efectivo el 30 de junio. La marcha al Manchester United de Wilfried Zaha, la estrella del equipo la pasada temporada y principal artífice del ascenso, deja huérfano al conjunto del sur de Londres. Sólo un milagro sería capaz de salvar a la peor plantilla de la Premier de un descenso casi seguro.

PabloG.

domingo, 19 de mayo de 2013

La leyenda de Sir Alex Ferguson


Se bajó el telón de manera definitiva. Atrás quedan veintisiete años, treinta y ocho títulos, trece Premier Leagues, dos Copas de Europa y un club instaurado en la élite. Se cierra una época. ¿Cómo será el fútbol mañana? ¿Cómo será el Manchester United cuando despierte y vea que su jefe, una de las más grandes estrellas de su historia ya no ocupa su banquillo? Ferguson deja huérfanos no sólo al United, no sólo a Manchester, sino al mundo entero. Se marcha un hombre que cambió la historia del deporte. No fue un revolucionario en la pizarra ni su equipo jugó jamás el mejor fútbol del planeta, pero se convirtió en un icono por su carisma y su forma de ver y hacer las cosas.


Un golazo de Mark Hughes frente al Barcelona en la final de la Recopa de 1991 le permitió escribir su historia. Hasta ese instante, su puesto peligraba seriamente: la afición y la prensa estaban impacientes por ganar títulos. Después, la llegada de Cantona cambió el rumbo del club. El genio galo inició un camino en el que le acompañaron y después continuaron unos imberbes Ryan Giggs, Paul Scholes, Nicky Butt, Phil y Gary Neville y David Beckham. Sus niños, su mayor apuesta en la historia del Manchester, le dieron la razón al poco tiempo. Vendió a las estrellas del equipo para sustituirlos por una de las hornadas de canteranos más fascinante de la historia del club, que logró un fabuloso triplete coronado por la ya mítica final de Barcelona contra el Bayern.

Ese fue el mayor ejemplo de lo que significa la era Ferguson: la transición entre proyectos sin perder la identidad. Una transición que no siempre fue pacífica, pero sí exitosa. Si algo ha caracterizado la carrera del escocés ha sido su relación con sus jugadores, que podía pasar del amor al odio en cuestión de días. “Nunca antes había tenido miedo de nadie hasta que vino él; fue un terrorífico bastardo desde el principio”, dijo Bobby Culley sobre Ferguson cuando coincidieron en el East Stirlingshire. Nunca una frase le definió mejor. Jugadores imprescindibles en épocas clave acabaron de la peor manera posible. Roy Keane, su prolongación en el campo durante los mejores años de los red devils; Mark Hughes, su salvador; David Beckham, la estrella de sus Fergie Babes; y Wayne Rooney, para escribir el último capítulo de su carrera.

Precisamente Rooney fue uno de los hombres fundamentales en su última reconstrucción. El scouser llegaba del Everton con 18 años para unirse a los veteranos Ferdinand, Scholes y Giggs y a la estrella emergente del momento, Cristiano Ronaldo. Después, jugadores como Evra, Carrick, Vidic y Van der Sar cohesionaron a un grupo trufado de canteranos que terminaría proclamándose campeón de Europa en 2008, después de una emocionante tanda de penaltis en la que Van der Sar fue el héroe con el Estadio Olímpico Luzhniki de Moscú como testigo. Fue la última gran victoria de Ferguson, que después volvería a alcanzar con su United otras dos finales en las que fue superado ampliamente por el Barça de Guardiola.


Se marcha Ferguson dejando un legado casi insuperable y un equipo referencia en Gran Bretaña y en el mundo. Se marcha dejando al United campeón, con Van Persie como máximo goleador de la Premier. Otro gran acierto de un hombre que demostró hasta el último tener un instinto especial a la hora de convencer y firmar a grandes jugadores.

Pero Ferguson no se marcha solo: su Fergie Babes bajan el telón con él. Scholes, Beckham y Phil Neville han puesto también punto final a su carrera este fin de semana y se unen a Gary Neville y Nicky Butt, semirretirado en la liga de Hong Kong. Sólo Giggs, precisamente el más veterano de todos ellos, seguirá en activo al menos una temporada más. Será el epílogo de un ciclo que se cierra en el fútbol inglés. Será el último recuerdo que nos quede de un hombre que hizo que Old Trafford fuera aún más el Teatro de los Sueños, como lo bautizó Busby. La característica camiseta roja del Manchester United estará por siempre impregnada de la leyenda de Sir Alex Ferguson.

PabloG.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Modric es el héroe


Heroico, épico, mítico. Así se podría definir el partido vivido ayer en ese templo pagano llamado Old Trafford, el Teatro de los Sueños. Dos de los mejores equipos del Viejo Continente, Manchester United y Real Madrid, se vieron las caras en una final anticipada que terminó por convertirse en una oda al contraataque. Al galope, el equipo de Ferguson se fue haciendo más grande a cada minuto que pasaba; al trote, los hombres de Mourinho esperaban una ocasión que podía no presentarse finalmente. Llegó a falta de media hora, cuando el turco Cüneyt Çakir mostró una rigurosa tarjeta roja a Nani después de una llamativa patada del portugués a Arbeloa pero que, a priori, careció de voluntariedad. A partir de ese momento, Modric sacó el manual para llevar a su equipo a los cuartos de final de la Champions, un paso más cerca de la ansiada Décima.


No es casualidad que el Manchester sea el líder destacado de la Premier League. Es un equipo peligrosísimo, capaz de incomodar a cualquier rival que se ponga en su camino. Quizá nunca se le llegó a considerar como uno de los grandes favoritos para ganar esta Champions, pero jamás se le descartó del todo. El motivo tiene nombre, apellido y una interminable sabiduría basada en la experiencia: Sir Alex Ferguson. Ayer volvió a demostrar por qué está considerado como uno de los mejores entrenadores de la historia del fútbol. Neutralizó y tuvo contra las cuerdas a todo un Real Madrid durante una hora, a base de una gran solidez defensiva, una presión excelente y una fabulosa transición defensa-ataque. Su equipo fue un ciclón. Quizá con dos delanteros de la calidad de Welbeck y, sobre todo, Van Persie sea mucho más fácil. Entre los dos transmitieron una sensación de peligro constante que si no se transformó rápidamente en superioridad en el marcador fue por culpa del inmenso partido que firmaron Varane y Sergio Ramos. Pero el auténtico factor diferencial se hallaba en las bandas. Un Ryan Giggs que jugó su partido número mil como profesional  con la frescura de su debut puso en jaque al equipo de Mourinho. Taponó cualquier intento de progreso de Fabio Coentrão y buscó una y otra vez la superioridad frente al portugués. En definitiva, movió a su equipo, como lleva haciendo casi un cuarto de siglo.

Sin embargo, cuando mejor estaba el United, cuando había conseguido transformar su superioridad –con menos de un 40% de la posesión– en ventaja en el marcador gracias al autogol de Sergio Ramos, llegó la expulsión de Nani. Fue una pena, porque truncó un partido que estaba siendo precioso, pero sirvió para que el Madrid se desatara definitivamente. El United se encerró y trató de conservar a toda costa su ventaja; Mourinho dio entrada a Modric para que diera sentido al balón del Madrid, que hasta ese momento estaba siendo el mejor aliado de los ingleses. Pero Modric destrozó el partido. Quizá sea esa inquietante y fascinante atmósfera que rodea a las Islas Británicas, quizá sintiera que era su momento. El caso es que este Modric fue el cerebro del Tottenham, ese talento incontrolable que explotó en el Dinamo de Zagreb, no esa especie de sombra que ha deambulado más de una vez por el campo con la blanca camiseta del Real Madrid. Un zapatazo suyo hizo inútil la estirada de De Gea. Después, trató con paciencia el cuero hasta que vio un hueco en el área. En ese momento entregó toda la responsabilidad al talento de Özil, que, con un taconazo sublime, habilitó a Higuaín para que Cristiano pusiera el gol que le faltaba a los blancos para sellar la clasificación. Otra vez el tacón, otra vez Old Trafford fue la llave.



Pero si alguien creyó que ese gol iba a dar tranquilidad a los madridistas estaba muy equivocado. Tocó sufrir frente a un United que tenía el espíritu de 1999 en la cabeza.  Se volcaron los ingleses, conscientes de que había que jugarse la eliminatoria a cara o cruz. Con Rooney por fin en el campo, se sucedieron los ataques. El Madrid se vio desbordado. Pero cada disparo de los diablos rojos encontraba la misma respuesta: un paradón de Diego López. Poco importaba el ejecutor, la distancia o la potencia, el gallego siempre era capaz de sacar esa mano salvadora que permitiera al Madrid seguir soñando. Y ese sueño, cada vez está más cerca de ser una realidad. Aunque ayer perdiera el mejor, los merengues ya están en cuartos. Wembley ya se ve al final del camino; la Décima está en camino.



PabloG.

domingo, 13 de enero de 2013

Argumentos para ganar una Premier



Diecisiete goles en esta temporada de la Premier League, nueve goles en los últimos nueve partidos, sesenta y cinco goles y veintiséis asistencias en sus últimos setenta y siete partidos de la liga inglesa o simplemente Robin Van Persie. Llámenlo como quieran, pero lo que es invariable es su influencia en el juego del Manchester United. Si bien es cierto que el equipo de Ferguson no es sólo él, el holandés es el principal argumento del mejor equipo inglés del momento. Salvando las distancias, es un caso bastante similar al de Messi  y el Barça. Van Persie es un futbolista excelente a la hora de culminar la jugada; sabe colocarse, es rápido tanto intelectual como gestualmente y posee un primer toque letal. Hoy frente al Liverpool volvió a exhibir todas estas virtudes. Pero además es un elemento primordial en la jugada ofensiva del United. Se ofrece, abre a las bandas, bascula acompañando la jugada y siempre es capaz de encontrar la mejor opción. Además, es un magistral lanzador de faltas. Todo ello hace que el ex gunner sea un elemento peligroso también como asistente. El segundo gol de los red devils nació de sus botas antes de que entre Evra y Vidic batieran a Reina.


Pero ya hemos dicho que el United no es sólo Van Persie, y mucho menos hoy. Los líderes de la Premier desplegaron hoy uno de sus mejores partidos con el balón en los pies de lo que llevamos de temporada. La presencia de Kagawa en el flanco izquierdo aportó a la sólida pareja Cleverley-Carrick un credencial extra para dominar el juego. Y lo hicieron a la perfección. Carrick puso el temple y Cleverley la valentía, la misma que le llevó a arriesgar y perder el balón en la salida para que el Liverpool recortara distancias, pero tan sólo fue un lunar en su espléndido partido. Entre los dos fueron capaces de borrar del mapa a Steven Gerrard. Parece que Ferguson por fin ha encontrado el equilibrio para su equipo. Si antes se pensaba en el Manchester United como un equipo partido entre defensa y ataque, ahora esta pareja homogeniza muchísimo más el bloque. Y el principal culpable es Carrick, que alcanzado la madurez plena. Sus actuaciones en las últimas semanas están siendo brillantes: reparte tanto en largo como en corto, nunca pierde la posición y equilibra, sobre todo equilibra.


Volvamos a la posición de Kagawa. Fue una decisión extraña teniendo en cuenta que el United suele jugar con dos extremos puros, pero hoy, sin Rooney y a sabiendas de las bajas del Liverpool –José Enrique, por ejemplo, que obligó a Johnson a jugar en la izquierda–, Ferguson apostó por el japonés. A simple vista, no tuvo un impacto decisivo en el juego. Es cierto que dio al Manchester una marcha más en el juego, pero lo realmente importante fue como amoldó sus características a las necesidades del partido. Se incorporó al centro para dejar una autopista a Evra que el francés aprovechó a la perfección para asistir a Van Persie en el primer gol del partido. En ese momento, el United ganó el partido, el gran derbi de Inglaterra. Un derbi en el que tanto táctica como técnicamente dejó sin argumentos al Liverpool de Brendan Rodgers, que sigue sin ganar a ninguno de los equipos que ocupan el puesto del uno al diez esta temporada. Parece que ambos equipos conocen ya cuáles serán sus destinos: la gloria y la decepción.

PabloG.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un derbi infernal


No aprenden. Se empeñan en batirse en los duelos más extraordinarios del panorama futbolístico con su ciudad como testigo. No entienden que los hermanos deben llevarse bien por naturaleza. Por suerte, no aprenden. Con la liga en un puño y Manchester paralizada, el duelo entre el Cielo y el Infierno volvió a ofrecer una nueva entrega. No será la definitiva, pero probablemente haya sido la más espectacular de la historia. Un emocionante dos a tres reflejó fielmente en el marcador lo que se pudo observar en el campo durante algo más de noventa y seis minutos. Espectacular.


Planteó el partido Ferguson como viene siendo habitual en las grandes fechas últimamente. Sin precipitaciones, sin desesperarse. Con la solidez como bandera, los red devils permitieron que el balón eligiera con quien estar. No le dejaron opción sin embargo los sky blues, sabedores de que la posesión puede y debe ser su principal arma. Silva se nombró comandante y dirigió las ofensivas con Nasri y Touré como subordinados. Con un ochenta por ciento de posesión en los primeros minutos, nada hacía pensar lo que se avecinaba. Fue en una contra donde el partido comenzó a coger color. Inició Ashley Young con un suave toque de cabeza y la devolución de Van Persie permitió que el extremo inglés incendiara la banda. La dejó para Rooney, que con un recorte a Kompany enseñó a Joe Hart la trayectoria que el balón seguiría, con delicadeza, al palo contrario.

Hasta ahí llegó el físico del belga, que tuvo que ser sustituido por el otro Touré. Y mientras Kolo se aclimató, llegó el segundo tanto visitante. Enmudeció el Etihad Stadium con un dos contra uno en banda derecha en el que Valencia y Rafael dejaron a la luz las vergüenzas de Clichy. Se intuía lo que iba a ocurrir. Otra vez Rooney, en el área, aparecía para poner tierra de por medio. Sin dominio y sin ocasiones, pero con efectividad. Así es el United de los últimos tiempos; pero no nos engañemos, eso es lo que lo convierte en uno de los equipos más temibles del Viejo Continente.


Fue demasiado manso el City arriba y Mancini, que a veces hasta aparenta saber lo que hacer, se dio cuenta de que algo no encajaba. El problema se llamaba Balotelli y se solucionó –cabreo mediante– con altas dosis de Tévez. El Apache revolucionó el partido y a su equipo para darle un nuevo enfoque al partido. Estaba en su salsa, en la guerra de guerrillas. Luchó junto a Touré contra todo el frente defensivo para hacer mejor a Agüero y liberar a Silva y a Nasri. Entonces el City inquietó. Parecía tomar de nuevo el control de la situación, esta vez un control real.

Y el partido se rompió. Enloqueció en cuestión de segundos. Van Persie se sacó un disparo marca de la casa desde la frontal que hizo temblar el poste y a Manchester, y su rechace lo empujó a gol Ashley Young. El árbitro anuló con desacierto el tanto. Fue el principio del fin. A la contra, el City se plantó con un cuatro para tres. Fallaron Tévez y Silva; paró De Gea con maestría, pero el trallazo final de Touré fue demasiado. Renació el derbi y el centro del campo desapareció. Sólo se pudieron ver acciones de área en unos minutos en los que el City pudo lograr el empate en varias ocasiones. La más clara la tuvo Silva en sus botas dentro del área pequeña. La imagen dará la vuelta al mundo: disparó fuerte el canario y De Gea, sin querer –o quien sabe–, sacó el balón con el hombro y con la ayuda del larguero.


El City no quería que se escapara el partido. Entró Dzeko, el hombre milagro de los cinco minutos finales. Nadie tiene más mística en esos tramos de partido que él, el hombre que hizo campeón al City cuando todos lo daban por muerto. Ferguson conocía la historia y decidió amarrar el centro del campo con Jones. Fue en vano. En un córner en el que reinó el despiste, Zabaleta llegó desde la frontal para poner el empate en el marcador. Otra vez a falta de cinco minutos.


Dos a dos, un estupendo resultado para los dos equipos. Para unos porque jugaban en casa del eterno rival y podrían mantener su ventaja en la tabla y el liderato; para otros porque después de ir perdiendo cero a dos, cualquier resultado es bueno. Pecaron de conformismo. Nadie contó con el factor Van Persie. El holandés nunca se da por vencido. Fue capaz de brillar en el Arsenal de Henry, en el de Cesc Fàbregas, y sostener al equipo cuando carecía de referentes con una temporada soberbia, la misma que le catapultó a Manchester. Sabe que ya es una superestrella y que debe rendir como tal. Nunca decepciona y hoy no iba a ser una excepción. Con dos minutos del descuento ya cumplidos, vio en una falta en la frontal la ocasión de su vida. Colocó el balón con mimo y tomó una larga y lateral carrera hacia la gloria. No estaba permitido el fallo; tampoco estaba en su mente. Disparó con fuerza, para que la pierna de Nasri no fuese una enemiga, sino una aliada a la hora de batir a Hart. Volvió a lograrlo.

Llovieron objetos de todo tipo sobre el césped de Manchester. La cara ensangrentada de Ferdinand reflejó todo el nerviosismo que se vivió en la grada, fruto de la incredulidad. Nadie podía creer lo que estaba viendo. La ciudad de Manchester vuelve a las manos que casi siempre la dominaron tras una batalla espectacular. Los seis puntos de diferencia en la tabla no tienen ningún valor comparados con el orgullo herido de una afición que esperaba repetir la épica del año pasado (1-6 en Old Trafford y 1-0 en el Etihad). Pero no; Manchester seguirá siendo un Infierno al menos hasta la vuelta.

PabloG.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Una gran injusticia



Que injusto es el fútbol a veces. Parecía como si los aficionados del Liverpool supieran la que se les avecinaba, y era por eso que hacían un mosaico antes del comienzo del partido con un mensaje claro: “Justicia”. Pero no, ellos hacían referencia a un asunto mucho más serio, un asunto por el que han tenido que cargar con una pesada losa durante décadas y que hizo que Europa sintiera una especie de odio irracional sobre toda la afición red. La tragedia de Hillsborough en 1989 marcó el fin de una época en el fútbol y el comienzo del espectáculo que hoy se conoce en el mundo entero. Lo triste fue que para ello fue necesaria la muerte de noventa y seis personas inocentes, todos ellos seguidores del Liverpool, que sólo querían disfrutar de la emoción que supone ver a tu equipo en directo. Allí, en la jaula de acero del casi medieval estadio de Hillsborough, la tragedia se desencadenó  con una brutal avalancha humana. Se culpó a los hooligans, causantes de tantos disturbios a lo largo de la historia del fútbol inglés, como en la tragedia de Heysel, en la que murieron treinta y nueve personas, treinta y dos de ellas seguidores de la Juventus, rival aquella noche del Liverpool en la final de la Copa de Europa. Pero, tras años de ocultismo y circunstancias que poco ayudaban a esclarecer la verdad, el Primer Ministro británico, James Cameron, pidió disculpas tras la publicación de un informe que hacía responsables a la policía británica, que permitió el acceso a las gradas a más seguidores de los permitidos. Veintitrés años después, Anfield puede respirar un poco más tranquilo.


Este Liverpool promete. Es un peligro constante con el balón en los pies; tiene mucha velocidad arriba, talento y sacrificio en el medio campo, y a Luis Suárez como líder ofensivo, con todo lo que ello conlleva. Pero de momento poco más. Sigue sin conocer la victoria y se hunde en la penúltima posición de la tabla, sólo por encima del Reading, que cuenta con un partido menos. Además, el equipo dirigido por el norirlandés Brendan Rodgers está firmando el peor arranque de su historia. Hoy le faltó ese puntito de gracia, ese que marca la diferencia entre un equipo grande y otro que no lo es, porque ya no cabe duda de que el club de Anfield abandonó ese selecto grupo hace varios años. Su palmarés es extraordinario, impresionante. Sus cinco Copas de Europa hablan por si solas, pero dentro del campo no juegan las copas, sino unos jugadores que, al parecer, no están acostumbrados a unas exigencias tan enormes. El equipo red es joven y talentoso, a nadie cabe duda de que no tardará en salir a flote. Pronto se verá contagiado por el espíritu de grandes campeones como Gerrard, Carragher o Reina. Además, da un trato excepcional al cuero, teniendo en cuenta el juego tan sumamente físico que se practica en la Premier. Pero mientras llega ese futuro, el Liverpool tendrá que seguir luchando por entrar en Europa, como el año pasado, aunque esperemos que con mejor suerte.


Pero de lo que no cabe duda es de que el partido no defraudó. No importa cual sea la situación del Liverpool y no importa cual sea la situación del United, el derbi del Este siempre cumple las expectativas. Fue un partido intenso, agresivo, aguerrido, lleno de orgullo y, sobre todo, con mucho fútbol. En este sentido fue el Liverpool quien llevó la manija. No dio opción a un Manchester que se tuvo que replegar ante la admirable labor de presión de los scousers, que se dejaron la piel en el campo. Las ocasiones locales no cesaron: primero Luis Suárez desde la línea de fondo, después Gerrard con un seco disparo tras un córner en corto, luego nuevamente Luis Suárez… El Liverpool era una tormenta ofensiva. Pero enfrente había un hombre que quería sacudirse todas las críticas que se han vertido sobre él desde su llegada en el mejor escenario posible. Y es que el partido de Lindegaard fue para enmarcar: no cometió un solo error y salvó a su equipo en cada ocasión de peligro rival. Con él danés y con De Gea, el Manchester United puede presumir de tener una de las mejores parejas de porteros de Europa, si no la mejor. Pero también la más irregular.

A pesar de que los goles no llegaban, todo iba viento en popa para el Liverpool. El Manchester no suponía una amenaza real de peligro porque no conseguía enlazar más de tres pases seguidos, lo que provocó que Van Persie fuera una isla. Tan sólo Giggs y Kagawa ponía el ímpetu suficiente para intentar salvar el entramado defensivo del Liverpool. Pero todo cambió al borde del descanso en una acción que tuvo al joven Shelvey como protagonista. El centrocampista red se comportó como un auténtico hooligan y confundió los conceptos agresividad y violencia. Su espeluznante entrada sobre Jonny Evans le hizo marcharse a la caseta antes de tiempo y dejar a su equipo con diez hombres frente a un lobo con piel de cordero como fue el equipo de Sir Alex Ferguson.


El Liverpool no cesó en su empeño de llevarse el choque. Es más, al inicio de la segunda mitad logró derribar por fin el muro de Lindegaard. Fue Gerrard, quién si no, el autor del bonito tanto. Tras una jugada de acoso y derribo, el símbolo de Anfield bajó el balón con el pecho dentro del área para fusilar al meta de los diablos rojos y dar a su equipo la merecida ventaja. Pero poco duró la alegría en Anfield Road. Seis minutos, para ser más exactos, y todo coincidió con la entrada de Scholes en el campo. El pelirrojo centrocampista sigue siendo un futbolista extraordinario a pesar de los años. Dio serenidad al equipo y permitió abrir las bandas. Esto lo aprovechó a la perfección Rafael, que entró como un rayo y, después de asociarse con Kagawa y Valencia, puso el balón fuera del alcance de Pepe Reina. Fue el primer disparo a puerta del United en el partido, pero entró por la escuadra. Tras el gol el United llevó el peso. Kagawa, Giggs y Scholes movieron el balón de un lado a otro creando peligro siempre y llevando el partido al punto que más interesaba a su equipo. Una vez que se rompió el partido, Valencia aprovechó los espacios para salir imparable a la contra y cayó dentro del área en la jugada más dudosa del encuentro. Glen Johnson aseguró no haber tocado a su rival y las imágenes fueron incapaces de afirmar lo contrario, pero Van Persie no desaprovechó la oportunidad de sacar los tres puntos del fortín de Anfield. Fue injusto, pero el futbol sólo entiende de goles.


PabloG.

martes, 1 de mayo de 2012

36ª Jornada de la Premier League Manchester City - Manchester United


El vecino ruidoso da la vuelta a la tortilla

Derbi de Manchester y duelo vital por el liderato de la Premier League a falta de tan sólo dos jornadas para el final de la competición. El United llegaba al Etihad con tres puntos de renta sobre el City y dependía de sí mismo para alzarse como campeón por segundo año consecutivo.

Desde el inicio del encuentro, Ferguson realizó un planteamiento algo extraño, quizá demasiado conservador, al situar a Wayne Rooney como única referencia en la punta de ataque y dejar a Valencia en el banquillo para jugar con un centro del campo formado por Carrick, Scholes, Park, Giggs y Nani.

El Manchester City tomó la iniciativa con el cuero desde el primer momento, aunque en los primeros minutos se vio muy atado e incómodo por la férrea presión de un United muy bien plantado en el campo.


La primera ocasión de los citizens llegó con una jugada individual de Nasri, que dio un pase interior para Tévez y el “Apache” centró raso buscando a Agüero, pero Jones se anticipó para desmantelar la ocasión. Poco después fue el turno de Agüero, que tras una dejada de Lescott de cabeza después de un rechace de un córner, logró rematar de volea, pero su disparo se marchó muy alto.

El City seguía dominando y echando cada vez más hacia atrás a un United al que cada vez le pesaban más las piernas debido al desgaste realizado en la presión de los primeros minutos, pero a la hora de aproximarse al área se equivocaba una y otra vez al colgar balones, ya que ni Agüero ni Tévez podían competir con la espigada defensa de los red devils por alto.

Minutos más tarde volvería a contar con una gran ocasión el Kun, con una contra que Tévez inició junto a Touré, pero cuando Agüero recibió el balón en el área se equivocó al no disparar pronto y se entretuvo demasiado.

Los sky blues estaban realizando un monólogo frente a unos red devils que no jugaban absolutamente a nada y que iban descaradamente a por el empate, a pesar de las declaraciones de su técnico que aseguraban todo lo contrario. Pero tanto jugaó con fuego el United que al final se quemó, y en el descuento de la primera mitad, Silva sacó un córner desde la derecha que Kompany, tras un despiste de Samlling, remató con el alma al fondo de la red para darle el liderato a su equipo.


Tras la reanudación, el equipo visitante debía cambiar su tónica, pero no lo hizo y siguió demasiado metido atrás, mientras que los locales seguían dominando. La primera ocasión corrió a cargo de Nasri, pero su disparo se marchó demasiado cruzado.

A la hora de partido, Ferguson pareció reaccionar al dar entrada a Welbeck por Park, pero tan sólo fue un espejismo, ya que el joven delantero se diluyó en la defensa citizen.

Los minutos pasaban y el City seguía incomodando bastante a su vecino. Contaron con una clara ocasión con un venenoso centro raso de Touré al que De Gea respondió con un paradón. Poco después la tendría Agüero, pero su disparo se marchó al lateral de la red.

Ambos entrenadores decidieron mover  ficha, aunque con objetivos muy diferentes. Mientras Mancini sentó a Tévez y Silva para dar entrada a De Jong y Richards para que controlaran el medio campo, Ferguson, a la desesperada, cambió a Scholes y un desaparecido Nani para introducir a Valencia y Ashley Young. Para cuando el United quiso reaccionar, el City, que había dominado durante todo el encuentro, tenía ya montado una impenetrable muralla en el centro del campo.

Pero todavía pudo ser mayor la victoria de los sky blues, porque Touré, en un alarde de potencia, logró llegar hasta la línea de fondo para poner un servicio a Nasri que el francés, muy encimado, intentó resolver tras sentar a dos rivales en una baldosa, pero no logró culminar la jugada.


Al final, victoria citizen en el partido más importante de su historia y que sitúa al equipo de Mancini en lo más alto de la tabla a sólo dos jornadas del final de la competición. Por su parte, el United dejó escapar el liderato en un partido en el que no jugó a nada y que comenzó perdiendo desde la caseta por culpa del torpe planteamiento de Ferguson.

ALINEACIONES

Manchester City:  Hart; Zabaleta, Kompany, Lescott, Clichy; Touré, Barry, Nasri (93’ Milner), Silva (82’ Richards); Agüero, Tévez (67’ De Jong).

Manchester United: De Gea; Smalling, Jones, Ferdinand, Evra; Nani (82’ Young), Carrick, Scholes (78’ Valencia), Giggs, Park (59’ Welbeck); Rooney.

PabloG.

sábado, 11 de febrero de 2012

25ª Jornada de la Premier League Manchester United - Liverpool



Derby del Noroeste de Inglaterra entre los dos mejores conjuntos históricamente de la Premier League. El Teatro de los Sueños se vistió de gala para recibir a su gran rival, el Liverpool. El aliciente añadido estaba en el rencuentro entre Luis Suárez y Evra tras los insultos racistas del uruguayo al francés y que le supusieron una sanción de ocho partidos, donde, por cierto, ambos jugadores se negaron el saludo

Primer acto disputado

Sir Alex Ferguson optó por el mismo once que empató en Stamford Bridge, con la única modificación de Paul Scholes, que partió como titular. Por su parte, Kenny Dalglish decidió dejar en el banquillo Andy Carroll, saliendo con Gerrard como mediapunta y Luis Suárez en la punta de ataque.

El partido comenzó con el Liverpool dominando el esférico y el United saliendo rápido a la contra, aprovechando la velocidad de Valencia y Welbeck, pero pronto cambiaron las tornas y Scholes y Giggs tomaron el peso del juego de su equipo. La primera gran ocasión la tuvo el Liverpool, cuando Johnson disparó fuera por poco tras una gran jugada colectiva de los scousers. Después de esto, el United contó con buenas ocasiones, por medio de Welbeck, Valencia y Rooney, y en especial un centro-chut de Rafael al que Welbeck no llegó por poco, lo que hubiera significado el primero de su equipo. Pero la ocasión más clara del Manchester la tuvo en su cabeza Scholes, que remató a bocajarro sobre Reina, pero el español hizo gala de unos enormes reflejos. Tras esto, finalizó la primera mitad.


El Liverpool se quedó en la caseta

La segunda mitad comenzó de la mejor forma posible para los red devils, ya que tras la salida de un córner, Rooney hizo subir el primero al marcador, fusilando a Reina desde el área pequeña. Pero  eso no fue todo, ya que tres minutos más tarde, de nuevo Rooney, logró batir por bajo a Reina tras una gran recuperación de Valencia, estableciendo el segundo. En sólo cinco minutos, Rooney había encarrilado el partido para su equipo, el Liverpool se había quedado en la caseta. Tras el gol, continuó el acoso y derribo del United, con un fenomenal Rooney, que estuvo algo perdido en el primer período. Pero a falta de media hora el Liverpool intentó despertar de su letargo, moviendo algo más el esférico, aunque el United continuaba siendo superior. A pesar de esto, en el minuto ochenta, tras un saque de falta desde el medio campo, y después de un rebote, el balón cayó franco para Suárez, que recortó diferencias para su equipo. Quedaban diez minutos y el los red volvían al partido. Pero tras un toma y daca de ambos equipos, donde las mejores ocasiones las tuvo el Liverpool, Johnson se sacó un gran disparo que paro excepcionalmente De Gea, y posteriormente Luis Suárez tuvo el partido en su cabeza en el último minuto, sólo frente a De Gea, pero el balón se marchó alto. Finalmente, el United se llevó merecidamente el encuentro gracias al doblete de Rooney.


ALINEACIONES

Manchester United: De Gea; Rafael, Ferdinand, Evans, Evra; Carrick, Scholes, Giggs, Valencia; Rooney, Welbeck.

Liverpool: Reina; Johnson, Skrtel, Agger, José Enrique; Spearing (60' Carroll), Henderson, Downing (60' Bellamy), Kuyt (74' Adam), Gerrard; Suárez.


PabloG.