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martes, 28 de enero de 2014

El gran reto de Mata

El traspaso de Mata al Manchester United es la secuencia acelerada de poco más de año y medio de fútbol en los que se han producido muchos cambios. Juanín significa la apuesta de dos grandes entrenadores para llevar a la gloria sus proyectos con dos estilos de juego diametralmente opuestos. Se enfrenta a su gran reto.
Todavía retiene nítidamente en su memoria aquellos instantes. En realidad, no ha pasado tanto tiempo como para olvidarlo. Pero aquellos momentos no se le borrarán de la mente en la vida. Era sábado por la noche. Tarde. Demasiado tarde para su gusto, teniendo en cuenta cómo se estaban desarrollando los acontecimientos. Es curioso, apenas ha pasado año y medio y ahora parece una eternidad. Significa una etapa anterior, una huella más en ese camino que ahora se abre enigmático ante sus ojos. Cómo han cambiado las cosas.
Un gol de Drogba en el último minuto del tiempo reglamentario significó la prórroga. Un gol de Drogba en el último penalti de la tanda significó la gloria. El fútbol coronaba al Chelsea como rey de Europa por primera vez en su historia. Y también a Juan Mata, cuya carrera vestido de azul comenzó de la mejor manera posible. Ahora, una vez finalizada, podemos concluir que su paso por Stamford Bridge fue corto, pero intenso y prolífico. Fue pieza clave en las dos temporadas más mágicas de la historia del Chelsea, en las que, primero de la mano de Di Matteo y después de la de Benítez, conquistaron la Champions y la Europa League. De hecho fue nombrado mejor jugador blue en ambas temporadas.
Ahora ya nada de eso importa. Comienza una nueva vida, un nuevo Mata aparece en escena. Le aguarda un equipo destrozado, sin ánimo y demasiado lejos de sus objetivos. Nada de eso le desanima. Es más, lo afronta como un reto. Le sirve de motivación. Le motiva vestir esa gloriosa camiseta roja que tantas veces ha escrito con letras doradas la historia del fútbol. Lucirá el número 8 en su espalda y ya es historia de su nuevo club. Aún sin disputar un solo minuto. Los 45 millones de euros por los que se cerró su traspaso suponen la mayor cantidad jamás pagada por el Manchester United.
Mourinho y el mediapunta perfecto
Sus últimos meses en el Chelsea fueron complicados. No es fácil para un jugador de su talla pasar a un segundo plano de la noche a la mañana. El regreso de Mourinho al club lo condicionó todo. El choque entre el portugués y el español fue demasiado fuerte. Existió el caso Mata; pero fue una cuestión estrictamente futbolística. Simplemente, la idea futbolística del técnico no casaba con las cualidades del jugador. Sin embargo, su actitud fue inmejorable hasta el último día. Mata conocía perfectamente el escenario y, a pesar de ello, continuó trabajando para agradar a su entrenador y ser útil a su equipo. En lugar de rendirse, utilizó la situación para crecer como futbolista y aportar a su juego tonalidades que le faltaban en su paleta.
Si Mata no consiguió hacerse un hueco en los planes de Mourinho fue porque otro futbolista enamoró al portugués. El preparador de Setúbal encontró en la plantilla un diamante. Oscar, al contrario que Mata, pasó de ser el eslabón más débil de la cadena blue a convertirse en el eje principal de este nuevo Chelsea. El brasileño es un futbolista enérgico y muy trabajador. Al contrario que el de Mata, su fútbol se caracteriza por su verticalidad, su alto ritmo y su gusto por las largas conducciones. Más arriesgado. Además tiene una deliciosa pierna derecha que resulta muy productiva cuando golpea desde la frontal del área. Es el mediapunta perfecto. Perfecto para Mourinho. Incluso más perfecto que Sneijder u Özil, que alcanzaron el pináculo de sus carreras a las órdenes del luso.
Al rescate de un equipo a la deriva
Mata, amigo de las recepciones en corto y de establecer estrechos vínculos con sus compañeros por medio del balón, no tenía sitio en un fútbol tan directo. Por eso aceptó el reto que le presentó el United. Los diablos rojos han acusado más de lo previsto la transición entre Ferguson y Moyes, y se han estancado en la mitad de la clasificación mientras ven como pasan las jornadas. Tampoco podrán maquillar la temporada con la FA Cup o la Copa de la Liga, pues ya fueron eliminados. Y en la Champions, en primer lugar deberán superar el cruce con el Olympiakos para avanzar en una competición en la que no figuran entre los cinco favoritos al título.
Los principales problemas del United están en el mediocentro. Echan demasiado en falta a un futbolista que acompañe a Carrick y les dé sentido a su juego. En ese sentido Juanín no será la solución a sus problemas, pero los red devils tampoco pretendían que lo fuera. Su zona del campo está bien cubierta por futbolistas como Rooney, Nani, Valencia, Kagawa o el emergente Januzaj. Sin embargo, su fichaje responde a otras necesidades. Mata llega a Manchester para ser el estímulo del equipo, ese rayo de esperanza que sirva para reconducir la situación. Ese futbolista de talla mundial que palie la preocupante falta de talento de la plantilla, sin importar demasiado que haya que reconfigurar los esquemas para que se encuentre cómodo.
Mata es la apuesta de David Moyes. El escocés sabe que está en el filo de la navaja y se ha aferrado al talento del burgalés, un futbolista a priori ideal para su idea de fútbol. Como Oscar para Mourinho. Era la gran opción del mercado.
Cómo pueden cambiar la vida y el fútbol en poco más de año y medio. De ser el mejor futbolista del campeón de Europa, a ser un actor secundario y regresar al primer plano en otro equipo al que le urge el talento. Es el gran reto de Mata, la oportunidad perfecta para demostrar que vale hasta el último penique que han pagado por él. La ocasión ideal para reencontrarse con su fútbol y devolver al Manchester United al lugar del que nunca debió salir.
PabloG.

lunes, 30 de diciembre de 2013

El manual de Mourinho llevó al Chelsea a una seria victoria

El Chelsea ganó al Liverpool en Stamford Bridge (2-1) en un gran partido de fútbol que se volvió una auténtica guerra en la segunda parte. Culpable: Mourinho. Llevó el juego a su terreno para que no se escapara y cosechó una brillante victoria. El Chelsea huele a campeón.


Con un partido brillante en la primera mitad y de una solidez extrema en la segunda, Mourinho y su Chelsea pasaron por encima del Liverpool. Con las dos caras fueron el mejor equipo sobre el césped. Y eso que empezaron perdiendo, porque Skrtel empujó a gol una jugada a balón parado a los tres minutos de juego. Pero después, gracias a una intensidad envidiable y una mentalidad ganadora, Hazard y Eto’o consiguieron darle la vuelta al partido.

Después de criticarlo crudamente, Mourinho plagió a Benítez y colocó a David Luiz de mediocentro. Arriesgó mucho, porque el brasileño es una caja de sorpresas tanto para bien como para mal. Pero le salió redondo. En la segunda parte, Brendan Rodgers quiso anularlo colocando a su espalda a Coutinho para que enlazara con Luis Suárez, aunque ya era demasiado tarde. Para ese entonces David Luiz ya había decidido el partido. Solucionó los problemas de elaboración del Chelsea con un acierto sorprendente. La manera en la que inició la jugada del 2-1, obra de Eto’o, definió su partido: un pase picado, rebosante de confianza, suelto y profundamente vertical. David Luiz marcó los frenéticos tiempos del juego blue para lograr la victoria.

Pero si un futbolista es mourinhismo en su esencia, ese es Willian. El brasileño está irreconocible. Atrás ha quedado ese fútbol de fantasía, de amagos constantes y de velocidad indescriptible que enamoró a Ucrania, Europa y el mundo entero. En el Shakhtar, Willian era pura samba. Ahora ya no es nada de eso. Su fútbol es más feo y mucho menos eléctrico, pero muchísimo más útil para el equipo. Trabaja en defensa, recupera balones (hasta once en el partido de hoy, el jugador que más veces lo hizo) y aporta equilibrio. Se mancha de barro hasta los codos. Y así triunfa. Tanto o más que regateando anárquicamente. Aunque brille menos.

Hazard es un diablillo con el culo muy gordo y una facilidad apabullante para ser decisivo. Cuando llegó a la frontal del área y antes de que le pegara con el interior del pie, todos habíamos adivinado ya la trayectoria de ese balón: moriría en la escuadra. La jugada la inició él, consciente de que si seguía corriendo le llegaría su oportunidad. Tiene tanta mala leche en el cuerpo que su suave toque se convirtió en un misil teledirigido. Nada pudo hacer Mignolet, errático en el segundo gol. El belga cometió un error infantil ante un chacal. Eto’o metió la puntita nada más, lo justo para voltear el partido y el corazón de más de un amante del fútbol. No está en plenitud pero sigue goleando, como siempre.

A este Liverpool le falta picardía y algún que otro tiro en el cuerpo. Casi tantos como le sobran al Chelsea. Los chicos de Brendan Rodgers todavía creen que al fútbol se juega con los pies, haciendo jugadas imposibles y que los goles son lo más importantes. Son muy cándidos. En el fútbol, en este fútbol de altísima competición, cada partido es una guerra. Y más si se juega en Stamford Bridge, donde no desmontan las trincheras entre juego y juego. Ni siquiera por Navidad. Cuando acabó la primera parte, Sakho le pidió la camiseta a Eto’o. Es normal; es un muchacho joven que seguramente creció cantando los goles del camerunés. Pero reflejó lo que era el partido. Futbolísticamente eran niños contra hombres que tenían la lección muy bien aprendida. Y la lección era ganar el partido por talento y preservarlo por la fuerza.

En el descanso, Mourinho quitó a Lampard y metió a Obi Mikel. Quitó a la chispa y metió al músculo. Quitó al emblema del Chelsea y metió a un futbolista que sostenía la bandera de su ideario. Y en ese momento Stamford Bridge supo que el partido no se escapaba. No sólo porque Luis Suárez, el único arma de verdadero peligro del Liverpool estaba desaparecido. No sólo porque le estaban pegando, con y sin balón, para anularlo. No sólo porque sin él el Liverpool no es nada. No. Sabía que no se escapaba porque cuando Mourinho arriesga siempre gana. David Luiz, Willian y Mikel para decidir un partido. Y un profundo olor a seriedad y campeón de la Premier League.

PabloG.

martes, 24 de diciembre de 2013

Arsenal y Chelsea tuvieron respeto por el fútbol

Arsenal y Chelsea empataron (0-0) en un partido que ofreció mucho menos de lo que anunciaba. Pero que sirvió para dejar vivos a ambos equipos en la Premier. El Chelsea, con trivote, fue de más a menos; el Arsenal, que no hizo cambios, se creció con los minutos hasta el punto de tener el partido en sus manos al final.
No fue el más brillante de los partidos, pero sin embargo sirvió de mucho a ambos equipos. Al Chelsea, por ejemplo, para no perder comba con respecto a la cabeza de la liga. Y para demostrar que cuando Mourinho dispone sus fichas sobre el tablero, es capaz de condicionar tácticamente casi a cualquiera. Al Arsenal, aunque perdió el liderato, le sirvió para ganar algo de moral. Ahora son segundos, empatados a treinta y seis puntos con el Liverpool y perjudicados por un goal averagepeor, pero después del ridículo que hicieron contra el Manchester City, sellado con un 6-3, se volvieron a convencer de que pueden plantarles cara a los equipos punteros de la Premier. Que no han sido un espejismo estos meses de competición y que siguen siendo candidatos al título.
Los dos equipos siguieron trayectorias muy diferentes durante los noventa minutos. El Chelsea dominó hasta la primera mitad, asentado en la ventaja táctica que le suponía presentarse hoy en el Emirates con un trivote formado por Lampard, Obi Mikel y Ramires. Tres soldados a las órdenes del mejor de los generales que anularon por completo el juego del Arsenal. En palabras de Mourinho, la inclusión de Mikel en el once respondía a una necesidad de ganar “equilibrio para no quedar expuestos” y sufrir a la contra. Le salió redondo. Obligó a Özil a recibir atrasado y Ramsey no pudo despegar en ningún momento.
Y aún mejor le pudo salir si el larguero no llega a impedir que la volea de Lampard desde la frontal entrara en la portería de Szczesny. Fue la mejor ocasión del Chelsea en la primera mitad y en todo el partido. Y quizá la única de peligro real. Coincidió con el progresivo arranque del Arsenal. O, más bien, fue su causa directa.
Arteta campó a sus anchas por el Emirates. Aprovechó la ausencia de un mediapunta en el Chelsea para situarse inmediatamente por delante de los centrales y desde ahí desplegar su fútbol. Fue lo mejor del Arsenal, el único argumento ante un Chelsea que le ahogaba en el plano táctico. Pero no pudo hacer ninguna maravilla. Ramsey, su teórico primer apoyo, se iba a los tres cuartos de campo. Özil se ofrecía, pero lo máximo que daba era un apoyo de cara. Ni Sagna ni Gibbs eran profundos. El escenario era desolador. Arteta tenía una bomba nuclear en sus manos, pero no había aviones en el aeropuerto que le ayudaran a lanzarla.
Poco a poco se fue asentando el Arsenal. Comenzó a desplegar su fútbol y el partido giró a la ida y vuelta. Un clásico en la Premier, un ingrediente indispensable para que el partido guste. Pero fue una ida y vuelta muy moderada. Muy respetuosa, como todo el partido. Los dos equipos se jugaban demasiado y eran conscientes de que un error les dejaba gravemente heridos en la tabla. Que tenía mucho más que perder el Arsenal también era una realidad. Una derrota tumbaba anímicamente a los de Wenger, además de dejarles a un punto del líder Liverpool.
Y fue por eso por lo que Mourinho quiso romper el empate a cero. Porque ya estaba bien de conservar. Entraron dos de sus hombres de mayor confianza, Schürrle y Oscar, con el objetivo de hacer añicos el partido. Diez minutos más tarde se arrepintió; tuvo que entrar David Luiz por Torres para amarrar el empate. Ya no parecía tan mala idea.
Wenger no hizo cambios pero su Arsenal brilló más al final del partido
El motivo era simple, aunque complejo de entender físicamente hablando. Y es que un Arsenal que no había hecho un solo cambio devoró al Chelsea en los diez minutos finales del partido. Ni un cambio, cero. Wenger ni siquiera quitó a Rosicky, discreto durante los noventa minutos y pasado de revoluciones, a pesar de tener una amarilla. Casi lo borda. En una de las pocas subidas de Gibbs por la izquierda, se asoció de maravilla con el checo. El balón llegó a los pies de Giroud en una posición perfecta. Pero entonces Cech se estiró para tapar todo el espacio posible y mandar el balón a córner. Era la segunda que tenía el francés. La primera la echó fuera después de un gran pase de Ramsey.

Y entonces llegó el final. Acabó un espectáculo que ofreció mucho menos de lo que anunciaba. Pero también se acabaron esos noventa minutos de respeto mutuo entre dos equipos que se saben rivales directos por el título. Unos noventa minutos llenos de lecturas y de matices muy diferentes, contradictorios en algunos casos. El Chelsea sigue vivo y acecha. El Arsenal, por supuesto, también.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El Tottenham mola

Muy cuestionado, Villas-Boas tiene en sus manos una de las plantillas más talentosas de la Premier League. Lo único que le falta para sacarle todo el jugo es paciencia y un poco de suerte. Es el más capacitado para ejecutar este ilusionante proyecto que rebosa fútbol.


Hay equipos que brillan por su buen juego. También hay equipos que destacan por competir mejor que el resto, independientemente de los recursos de los que dispongan. Otros simplemente molan. Pero el término molar es amplio, y no todas sus connotaciones tienen porqué ser positivas. En el caso del Tottenham de Villas Boas, responde a un perfil muy concreto: tiene jugadores interesantísimos y muy talentosos, pero no termina de despegar a nivel competitivo. Simplemente, no obtiene resultados. Y eso, en un deporte tan desagradecido como el fútbol, pasa factura. Por mucho que moles.

Los Spurs salen a menos de un gol por partido. Trece tantos en catorce encuentros son un registro demasiado pobre para un equipo que, en teoría, este año aspiraba a todo. Pero estos números sacan aún más los colores de sus aficionados si lo comparamos con los máximos goleadores de la Premier. Luis Suárez, que se perdió las cinco primeras jornadas, lleva trece goles, los mismos que todo el Tottenham. El Kun Agüero, once.

Buena parte de culpa la tiene Soldado. El valenciano llegó a Londres como una estrella y el equipo de Daniel Levy pagó por el como tal, 30 millones de euros. Pero Soldado no ha acabado de adaptarse a la Premier. Aparece muy poco para tocar el balón y resulta casi intrascendente. Sus goles se cuentan con una mano y sobra un dedo: cuatro, tres de ellos desde el punto de penalti. A estas alturas, decir que no ha cumplido las expectativas se queda corto. Pero sin embargo es el máximo goleador del equipo, seguido por los tres goles del mediapunta islandés Gylfi Sigurdsson. Los otros delanteros centro de la plantilla, Defoe y Adebayor, aún no han estrenado su casillero en liga.

Otro caso que se podría tildar de expediente X es el de Erik Lamela. El mediapunta rosarino fue señalado por el club y por los analistas como el sustituto de Gareth Bale en el Tottenham. Por fútbol y por caché. Otros 30 millones de euros hicieron que cambiara Roma por Londres, pero quizá hoy se arrepienta. Y no sólo por el gran campeonato que están realizando sus excompañeros. Lamela no sólo no es indiscutible, sino que su volumen de minutos es de los más bajos de la plantilla. Ha disputado hasta la fecha seis partidos y un total de 239 minutos. Nadie en su entorno ni en el seno del club es capaz de dar una explicación lógica a este fenómeno.

A Villas-Boas se le acumulan los problemas en la gestión de su plantilla y, además, los resultados no terminan de llegar. El Tottenham es sexto con veinticuatro puntos, fuera de las plazas europeas, y está a diez del líder y eterno rival, el Arsenal. Algo inadmisible para un equipo que, si bien ha perdido a su máxima figura, ha invertido en su plantilla más de cien millones para paliar estos problemas.

El puesto del portugués peligra, pero si su equipo mola es por algo. Su plantilla rebosa talento y, unido al del propio Villas-Boas, terminará por explotar. Tarde o temprano, el nuevo Tottenham despegará y se asentará en la élite del fútbol inglés. Mimbres no le faltan.

El talento de Chiriches por bandera

En defensa destaca un jugador que esta temporada se está destapando para el gran público. Y es normal: probablemente estemos ante el mejor central del mundo en la actualidad. El rumano Vlad Chiriches llegó al Tottenham sin hacer demasiado ruido y por un precio relativamente bajo –9,5 millones de euros–. Le avalaba una temporada escandalosa en el Steaua de Bucarest, una de las grandes revelaciones de la pasada edición de la UEFA Europa League, que llegó a derrotar al Chelsea en Rumanía. Chiriches no sólo era el mejor jugador del Steaua, sino de toda Rumanía. Su lectura de las jugadas está a la altura de los mejores, lo que le permite robar multitud de balones por pura colocación. Esas cualidades hoy enamoran en la Premier League, quizá el mejor escaparate del mundo.

Al rumano no le ha hecho falta adaptación alguna, pero aún no ha podido mostrar su mejor virtud. Es finísimo técnicamente, grandioso en la salida de balón y sus arrancadas desde el eje de la zaga son muy peligrosas. Pero en el Tottenham no puede alejarse mucho de la retaguardia porque su pareja le penaliza demasiado. Dawson es un central clásico, sin alardes técnicos y que sufre demasiado a la espalda. Los Spurs cuentan con otro central de talla mundial, el belga Vertonghen, pero este debe desempeñarse en el lateral zurdo a falta de un especialista de garantías en esa posición. Una ligera descompensación de la plantilla que impide al Tottenham ser más de lo que es.

Villas-Boas y Paulinho

Otro jugador de fábula es Paulinho. El brasileño era la estrella del Corinthians campeón de la Libertadores y del Mundial de Clubes, y fue una de las piezas claves del Brasil que arrolló a España en la final de la Confederaciones. Literalmente engulló a Xavi e Iniesta con su vertiginoso fútbol de ida y vuelta. Pero hoy Paulinho está alejado de ese nivel que había mostrado hasta ahora. No es tan brillante cuando pisa área y su equipo lo nota. A pesar de ello, es el mejor futbolista del Tottenham en el centro del campo y vital para Villas-Boas, su gran valedor y el hombre que lo devolverá a su mejor nivel. Piensan, hablan y transmiten el mismo fútbol.

El Tottenham mola. Por plantilla y por entrenador. Ahora sólo falta que los resultados acompañen al equipo para que tanto los aficionados como, sobre todo, los directivos del equipo del barrio judío de Londres sigan teniendo paciencia con un proyecto diseñado a largo plazo. Las sensaciones son, en general, buenas y el talento está ahí. Sólo falta esa dosis de competitividad que es imposible ganar de otro modo que con el tiempo.

PabloG.

domingo, 10 de noviembre de 2013

La metamorfosis del Arsenal

Una nueva era comienza en el Emirates Stadium. Atrás queda el pasado, y enfrente, sólo hay un futuro brillante. El Arsenal ha disparado la intensidad de su juego y han dejado de ser ese equipo inocente que juega muy bien para ser una máquina competitiva con el balón en los pies.


Ocho años sin ganar un título no son nada. No lo son porque eso ya forma parte del pasado. El día 31 de agosto de 2013, el Arsenal comenzó una nueva etapa y se despojó de su pasado. De las cosas malas, pero también de las buenas, porque estas le apretaban la garganta incluso más que las otras. Ficharon a Özil por cuarenta y cinco millones de euros, récord en la historia del club, pero eso sólo fue un pequeño paso en la revolución que se avecinaba. Ahora el Arsenal no es sólo un equipo alegre, atractivo y que juega muy bien al fútbol; también son muy serios.

Lo más normal es que esta temporada el Arsenal tampoco gane nada. Aunque la mejoría competitiva del equipo es evidente, aún falta ensamblar correctamente las piezas y reforzar algunas posiciones problemáticas. Y todo ello a pesar de que la Premier League sufre un trastorno bipolar que tiene a Chelsea, Manchester United, City y Tottenham por detrás de Southampton, Liverpool y el propio Arsenal. El año I puede ser un año en blanco. El aficionado gunner es consciente de ello, pero está tranquilo. Ya no se enfada por las derrotas, ya no llora por los fracasos. Ahora mira al campo y sí, se le iluminan los ojos, pero esta vez de ilusión.

El Arsenal ha cambiado de mentalidad, y aunque ha dejado su pasado atrás para mirar hacia un nuevo futuro, este cambio lo representan tres viejos conocidos de la grada del Emirates Stadium: Ramsey, Flamini y Giroud. A lomos de estos tres guerreros cabalga la idea de Wenger.

El fútbol de Ramsey sabe a café de Starbucks y suena como una canción de Coldplay. Y es esa mezcla entre lo comercial y la calidad lo que le hace tan bueno, tan diferente al resto, tan exclusivo. Lo riega con una agresividad impropia de un futbolista de su talento: por el equipo se llena de barro hasta las rodillas. No en vano es uno de los que más balones roba de toda la Premier. Y de los que más marca, once goles y cinco asistencias en dieciocho partidos entre todas las competiciones. Nada mal para ser centrocampista. Era el empujoncito final, lo que le faltaba a un futbolista que ha sufrido tanto en este deporte para llegar a la élite. Todo gracias a su intensidad.

Flamini, sin embargo, es otra cosa totalmente distinta. Es un tipo normal y corriente. De estos que te cruzas veinte por el camino si das un paseo no necesariamente largo por tu ciudad. Su aspecto desaliñado sobre el verde lo delata: no es futbolista. Lo que ocurre es que se mete tanto en su papel que el público y él mismo terminan por creérselo. Ni es muy alto, ni es muy rápido, ni es muy fuerte, ni es muy técnico. Y sin embargo es imprescindible, porque su entrega no tiene límites. Aparece en todos sitios y siempre que aparece lo hace bien. Y además manda, manda muchísimo en el campo. Quizá el hecho de no ser futbolista le da esa ascendencia, como el señor de la grada que recrimina a su equipo cuando las cosas no salen.

Y luego está Giroud, que vive el momento más dulce de su carrera. En cada balón que toca, transmite una superioridad aplastante sobre sus marcadores. Un toque de cara, un control imposible. Basta con un leve contacto del balón con su bota para saber que es ante algo muy grande. Durante mucho tiempo se le dijo lo más cruel que se puede decir a un atacante: que era más futbolista que delantero. Y tenían razón, porque su calidad no se veía recompensada con goles. Lo que pasa es que ahora Giroud está aprendiendo a ser también delantero, y casi todo lo que toca acaba en gol, ya se propio o de alguno de sus compañeros. Se ha convertido en uno de los mejores socios de la liga y ha elevado el nivel del Arsenal a otra dimensión.

El Arsenal representa el desorden ofensivo y todas las emociones del fútbol, porque las sienten de verdad cuando saltan al campo sus jugadores. Su cambio ha sido tan brusco y tan ilusionante que asusta. Incluso cuando pierden, cuando son superados con claridad y no son capaces de ser ellos mismos, son capaces de ganar un partido. Como el de Dortmund. O tienen serias opciones de ganarlo. Como el de ayer en Old Trafford. Algo está cambiando en el Islington, y tiene una pinta fantástica. Los aficionados gunners lucen orgullosos sus colores y su escudo. Como siempre, pero ahora con más motivo. Ahora van muy en serio.

PabloG.

jueves, 3 de octubre de 2013

David Silva, el desatascador

El fútbol que propone Pellegrini requiere de jugadores imaginativos con el balón en los pies capaces de hacer funcionar a un equipo. Su correcto desarrollo pasa por un hombre: David Silva. El canario, como hizo contra el Bayern, será el encargado de hacer que el buen fútbol fluya.


El Manchester City jugó ayer contra el Bayern de Múnich más de setenta minutos a oscuras, justo lo que tardó en entrar al campo David Silva. Pero el canario no apretó el interruptor; más bien tiró de las persianas para dejar entrar la luz del sol: el talento de este equipo siempre estuvo ahí, pero hacía falta alguien que le permitiera sacarlo a la relucir. Y ese encargado, sin duda, es él. Hoy y siempre.

La plantilla del Manchester City es una de las que más calidad reúne del mundo. Pero, a decir verdad, no está todo lo compensada que debería. El centro del campo lo forman de manera habitual Fernandinho y Touré, dos futbolistas de buena técnica pero que destacan especialmente por su capacidad física. No es, a fin de cuentas, lo ideal para un equipo que desea dominar con la pelota en los pies. Pero esa chispa, esa creatividad, tampoco se encuentra más arriba. Ahí aparecen cuatro delanteros que ocupan dos puestos y un extremo puro que es indiscutible en los planes de Pellegrini, porque es muy bueno básicamente. Jovetic, Dzeko, Agüero, Negredo y Navas son unos futbolistas geniales, pero esencialmente directos.

En este contexto se mueve Silva, un futbolista que mira a su alrededor y se ve solo, rodeado por jugadores físicos y con un entrenador que quiere implantar una revolucionaria idea de fútbol asociativo. Su labor: educar al resto. Este cometido también recae en Nasri, otro futbolista alegre con el balón en los pies pero tremendamente irregular. De ahí la soledad del canario. La segunda jornada de la Champions resaltó esta idea y dejó una conclusión rotunda: Silva, en estos momentos, es imprescindible.

No fue casualidad que los mejores minutos del City se jugaran con él en el campo. Empalmó los cables cortados por el fútbol total del Bayern con un soberbio juego entre líneas. Una magistral asistencia a Negredo que el vallecano se encargó de convertir en una obra de arte, un delicioso pase interior para Touré que acabó costándole la expulsión a Boateng, y un tiro de falta que se estrelló en el larguero. Su impacto en el juego fue decisivo. El City tomó las riendas por primera vez en el partido por su culpa y por momentos dio la sensación de que pudo lograr un empate épico. La exhibición de Silva fue escandalosa.

David Silva tiene un toque de futbolista especial en su mirada y en su forma de moverse. Es capaz de sacar del color gris más mate el plateado más brillante de todos con tan sólo un par de contactos con el balón. Justamente los que necesita para ver ese hueco, esa rendija que el resto no consigue ver ni con el pause pulsado. Toma el pulso al partido y lo acelera o lo relaja a su antojo. Pero lo más importante es que hace mejores a sus compañeros ejecutando a la perfección esas ideas malignas –o divinas, según se mire– que se dibujan en su mente. Es un arquitecto del fútbol que hará unas migas fantásticas con el Ingeniero.

Su equipo ha notado mucho en la Premier, en la que se encuentran encasquillados, la falta de su líder, que entre lesiones y un estado de forma dudoso no ha podido aportar demasiado. Pero si así David Silva fue capaz de cambiar la inercia a un partido en el que el mejor equipo del mundo estaba apabullando a su rival, lo que puede hacer cuando su nivel sea óptimo se escapa de momento al entendimiento humano. Será el que desatasque la idea de Pellegrini y la conduzca al mismo lugar que se ganó por derecho propio en Argentina y España: la gloria.

PabloG.

martes, 1 de octubre de 2013

Mesut Özil, puro talento

Irregular e invisible en las situaciones clave. Así comenzaban muchas de las descripciones de Özil cuando jugaba para el Real Madrid. Hoy, cuando más falta hacía, apareció. Fue el hombre más decisivo sobre el césped, sin lugar a dudas. No es de extrañar: su talento es infinito.


El partido que desarrolló Mesut Özil sobre el césped del Emirates frente al Napoli fue algo extraordinario. En la noche de los campeones, el alemán volvió a demostrar que pertenece a la nobleza del fútbol. Y lo hizo porque en Londres ha encontrado el contexto perfecto: un equipo que se articula en torno a él, unos compañeros que trabajan exclusivamente para su talento y un entrenador que le permite brillar dentro de ese inmejorable marco táctico de presión continua para lanzar las ofensivas. Özil es el centro de operaciones de un equipo que arrolla por donde quiera que pasa: líderes de la Premier y del bien llamado grupo de la muerte en Champions.

Hoy era el partido. El equipo que saliera derrotado pagaría enormemente las consecuencias. Y ahí apareció Özil para decidir en favor de su equipo. Cuando más fea estaba la cosa, más brillo su calidad, que no es poca. Al alemán se le criticó muchísimo durante su estancia en Madrid una tendencia a la desaparición en las grandes citas. Tendencia que, estadísticas en la mano, pocas veces fue tal. Pero hoy además hizo un partido visualmente magnífico, rematado con una participación inestimable en los dos tantos del Arsenal: gol y asistencia. ¿Quién dijo irregular? Mesut se ha quitado de un plumazo esa etiqueta que le perseguía sobre el verde.

Pero además, la mejor versión de Özil se vio partiendo desde la banda derecha. Desde ahí tuvo un impacto decisivo en el juego. Un ejemplo fue el segundo gol gunner, en el que llegó a la línea de fondo con mucha facilidad. De pronto, aparecieron las imágenes de aquel futbolista intrascendente y derrotado que naufrago en la orilla derecha del Signal Iduna Park de Dortmund. Se comprobó que lo que afecta a Özil no es jugar escorado, sino hacerlo descontextualizado.

Un contexto que sin la brillante ayuda de sus compañeros sería imposible. Hoy destacaron sobre el resto Ramsey y Giroud. El trabajo sin balón de los dos primeros fue un auténtico espectáculo: se dejaron la piel en el campo para presionar a los centrales rivales. Su esfuerzo liberó sobremanera a Özil, que se sentía en su salsa. El galés le regaló el gol al ‘11’ y el francés remató su asistencia para hacer el segundo.

Sin balón, su trabajo fue brutal; con balón, el factor diferencial del partido. Ramsey y Özil jugaron al escondite por todo el campo. Ahora aparecían por la derecha. Ahora, por la izquierda. Ahora, por el centro. Y gol. El Nápoles fue incapaz de contener la exhibición de Özil, que fue siempre acompañado por escuderos de excepción.

Si el cambio de mentalidad a este equipo se lo aporta Ramsey, el futbolista que ha elevado definitivamente el nivel de una plantilla que aún no conoce su techo es Mesut. Wenger ha hecho realidad su sueño de combinar un equipo alegre y competitivo, algo que no se veía en Londres desde hacía muchísimo tiempo. Su zurda es de seda, su cabeza privilegiada y su fútbol no tiene precio. Özil dibuja con maestría líneas que sólo él es capaz de ver. Y, además, con un índice de acierto elevadísimo. Hoy conecto sesenta y ocho pases de setenta y cinco intentados, un 91% de acierto. La gran mayoría de sus fallos fueron centros a balón parado. Fue el jugador que más veces pasó el balón de su equipo.

El partido de hoy ha ofrecido una estupenda lección: el talento siempre sale a relucir. Poco importa si la situación es o no propicia, si el lugar es o no el adecuado; siempre brilla. Hoy Özil instruyó con su fútbol. Escorado a la banda y en una situación límite apareció por todos lados para decidir el partido. ¿Por qué? Porque es puro talento.

PabloG.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Ramsey es la estrella

Mucho se ha escrito y hablado sobre la importancia que tendrá Özil en el nuevo proyecto del Arsenal. Mucho, muchísimo. Se presume que será el líder gunner a partir de ahora. Pero lo cierto es que el jugador que está tirando del carro es uno del que no se esperaba: Aaron Ramsey.

Pero ¿quién es Aaron Ramsey? Ramsey es un joven futbolista galés que deslumbró a toda Gran Bretaña en su temporada de debut con el Cardiff City en 2007. Wenger se enamoró de él, pagó cinco millones de libras y se lo llevo a Londres a la temporada siguiente, con 17 años recién cumplidos. Su progreso era adecuado y el “offence-minded Roy Keane” que fichó el alsaciano olía a estrella mundial. Pero un hecho lo marcó definitivamente: el 27 de febrero de 2010, en el Britannia Stadium, el defensa del Stoke City Ryan Shawcross se pasó de bruto. Le destrozó la pierna derecha y a punto estuvo de hacer lo mismo con su carrera. Doble fractura de tibia y peroné. El mundo se le venía encima.

Nueve meses más tarde volvió a sentirse futbolista. Volvió a los terrenos de juego con los reservas del Arsenal. Para completar su recuperación tuvo que salir de la city cedido en dos ocasiones: la primera con destino Notthingham para formar parte de la plantilla del mítico Forest; la segunda, de vuelta a casa, Cardiff.

Una vez recuperó el tono físico y las sensaciones, Wenger volvió a confiar en él. Pero algo había cambiado en Aaron: su fútbol no era el mismo. Pasó de ser un proyecto de estrella a un futbolista absolutamente intrascendente en un Arsenal decadente. Quizá buena culpa de ello la tuvo que el galés no fuera capaz de tomar el testigo de las estrellas que se marchaban del Emirates. Era un juguete roto del fútbol, más famoso por esa supuesta maldición que dice que un famoso muere cuando él marca que por su juego.

Pero el Ramsey de esta temporada poco tiene que ver con el que se había visto hasta ahora. Ni con el intrascendente futbolista que se paseaba por los terrenos de juego con la camiseta del Arsenal, ni con el delicioso mediapunta que se perdió para siempre sobre el césped del Britannia. Aunque los dos han influido en él de manera decisiva. Ahora, Ramsey es un futbolista agresivo, con una mentalidad de hierro y un trabajo físico intachable. Su talento se mantiene casi intacto, pero ya no es el sustento principal de su juego: ahora su fútbol no se juega con los pies, sino con la cabeza. Es algo menos brillante y sedoso pero mucho más efectivo. Ha retrasado su posición para situarse en la base de la jugada, desde donde explota para devastar las líneas rivales. Futbolista completísimo: el primero en ejercer la presión en el centro del campo, roba una buena cantidad de pelotas, inicia la jugada y la conduce, y se asoma al área con frecuencia y acierto. Sus números esta temporada son impresionantes: seis goles y una asistencia en siete partidos entre Premier y Champions.


Ramsey ha sabido sacar partido de las desgracias. Ahora tiene una mentalidad a prueba de bombas que se manifiesta en forma de liderazgo en el verde y que contagia a todos sus compañeros. Si alguien quiere buscar una explicación al cambio en la forma de entender el fútbol del Arsenal esta temporada, contundente y agresivo durante los noventa minutos, debe observar atentamente cada movimiento del galés. Es la base del proyecto porque Ramsey siempre fue Arsenal y el Arsenal siempre fue Ramsey. Desde el día que salió de Cardiff con pinta de gran pelotero hasta hoy que verdaderamente muestra ser una especie de Roy Keane con mentalidad ofensiva. Y los gunners merecen comer los frutos que hoy recogen: en el momento más duro de su carrera, cuando el chico estaba tan destrozado como su pierna y la fecha de su reaparición era un misterio, apostaron por renovarlo en un gesto de fe. Deben felicitarse en las oficinas del club (sobre todo Wenger, su gran valedor): tienen un futbolista increíble.

PabloG.

jueves, 5 de septiembre de 2013

El Mago de Öz

Arsène inició en julio un viaje que llevaba preparando desde el pasado invierno más o menos. Siempre supo que no iba a ser un viaje agradable. Los objetivos eran claros: otorgarle a la plantilla un cerebro en forma de líder, corazón competitivo y coraje para ser determinante dentro del área rival. Sufrió más de la cuenta durante la travesía; pasó más penurias de las esperadas para cerrar el plantel. Cada revés era más doloroso que el anterior porque el tiempo se agotaba. Y de repente, con el tiempo encima, llegó a su destino. Frente a él estaba el Mago. Entonces Arsène miró atrás y valoró el camino. Comprobó que la vuelta de Ramsey era más que satisfactoria. No obstante, hasta ese momento estaba siendo el alma del equipo rindiendo a un nivel excelente. También se dio cuenta de que el regreso de Flamini al Emirates había inyectado mala leche al medio campo gunner y que Giroud se había convertido en un cañón de alta fiabilidad. Fue en ese momento cuando Arsène se saltó el guión, se lió la manta a la cabeza, le pegó una patada a la obra de L. Frank Baum y se llevó al Mago de Öz bajo el brazo.


La llegada de Mesut Özil es algo más que el fichaje de un futbolista por un equipo de fútbol: es un estímulo para una masa social desesperada y un rayo de luz para una plantilla necesitada de talento. Supone la primera incorporación en años de un futbolista de primer orden mundial en su momento de madurez. Todavía más: ficha a un jugador que era héroe del Real Madrid hasta el último día de mercado, un mediapunta capaz de repartir 85 asistencias de gol en sus tres temporadas de blanco. Quizá no fuera la posición que más urgía reforzar al Arsenal. O quizá sí, porque en el fútbol que propone Wenger valen más cinco centrocampistas creativos que un delantero eficaz mal conectado. Lo que está fuera de toda duda es que a Londres ha llegado una estrella mundial cuando menos optimistas eran las predicciones. Y eso siempre se agradece. Siempre.

Mucho se ha hablado y escrito sobre cuál sería su disposición ideal dentro del esquema de Wenger. Bueno, más que la suya, la de sus compañeros, porque si hay algo claro en este mundo es que Özil es un ‘10’ al uso. Su posición, por sus condiciones y por su talento es innegociable. La solución para radicar en un 4-3-3 en el que Cazorla aparezca como falso extremo izquierdo para aportar en la creación y dar amplitud al campo cuando sea necesario. En el otro lado Walcott, el futbolista más determinante de la plantilla, seguirá siendo un puñal. Y por detrás, para poner orden en la jugada y aportar el equilibrio necesario a un equipo tan peculiar tácticamente como el Arsenal, cuatro jugadores muy diferentes entre sí.

Wilshere es talento, lo más parecido al centrocampista inglés perfecto: cerebral con el balón, temperamental sin él y agresivo siempre. En definitiva, la mejor representación de la idiosincrasia del fútbol de las islas. Después está Arteta, más pausado y más disciplinado como buen mediocentro español. Su claridad en el pase, así como su buen posicionamiento, son únicos en esta plantilla. Luego está Flamini, que vuelve a casa después de una fatal experiencia en Milan que a punto estuvo de costarle la carrera. Y digo a punto porque volverá a resurgir en Londres de la mano de Wenger. Como ya se ha apuntado anteriormente es el corazón competitivo del equipo, el hombre diferente de ese centro del campo que aporta más lucha que otra cosa. Pero de la buena. Entre ellos tendrán que repartirse los minutos, porque lo único cierto es que Ramsey será indiscutible si continúa a este nivel.

El príncipe galés ha virado en bandido, y ahora se ha convertido en un interior de muchísimos quilates. Se implica en defensa como el que más, asume sus labores tácticas con disciplina y construye con talento las ofensivas de su equipo. En definitiva, ha recuperado el nivel que Shawcross destrozó en el Britannia Stadium pero ahora es un futbolista mucho más completo. Tanto que en lo (poco) que llevamos de temporada está siendo con diferencia el mejor del Arsenal. Este nuevo Arsenal, de Özil o de quien sea, debe construirse sobre los cimientos de Ramsey. Y la sociedad que formen el galés y el alemán será la que trace el camino de los gunners.

Y mientras tanto, Giroud se frota las manos. Sabe que es el gran beneficiado de este mercado de fichajes. No le han traído ningún delantero capaz de pelearle el puesto y sin embargo ha llegado a Londres el mejor escudero que podía desear. Todo se lo ha ganado en el campo, que conste. Pero él como el resto de la afición del Arsenal sabe que lo de Özil no es una operación más. No por nada es la más cara de la historia del club, triplicando a su antecesora. La nación gunner es consciente de que Özil supondrá un cambio radical en la plantilla y en el club, como también es consciente de que con Özil sólo no basta. Pero es un buen comienzo. Un grandísimo comienzo, más bien. Y el alemán, como el Mago de Oz primero en papel y después en la pantalla, les hará ver que todo estaba en sus mentes. Que no son tan malos como creen y que pueden ser capaces de hacer algo grande. Sólo necesitan un empujoncito. Él se lo dará.

PabloG.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Matar al gigante

El Liverpool pasó a la siguiente ronda a costa del Notts County. Y fue una pena, porque el equipo profesional más antiguo del mundo estuvo a punto de dar la campanada en Anfield. Llegó a la prórroga, y hasta el último minuto de la primera mitad de esta, los de Brendan Rodgers no pudieron decantar definitivamente la balanza. Estuvo tan cerca… Pero los magpies hicieron un partido dignísimo. Aprovecharon al máximo sus escasos recursos y, cargados de orgullo y honra, tuvieron contra las cuerdas a los reds en su mítico estadio durante buena parte del partido. Acabaron perdiendo porque Sturridge, Sterling, Coutinho, Gerrard y Henderson son demasiado para casi cualquier equipo de la Premier. Pero su hazaña, bajo la atónita mirada de The Kop, fue increíble.


Los hombres de Chris Kiwomya no salieron a especular. Salir compactos atrás y con las líneas juntísimas. Tanto que por momentos se perdía el dibujo táctica: no se sabía bien si estaban jugando con un 4-4-2, con un 5-4-1, con un 6-3-1… De hecho, muchas veces acumulaban a los once futbolistas de campo por detrás del balón. El gol de Sterling a los cuatro minutos no trastocó los planes del Notts ni un ápice. Sabían la única manera de tener opciones era estar cerrados atrás y salir con fiereza a la contra. McGregor y Labadie serían los elegidos para lanzar los contragolpes del County. Ambos firmaron un partido estupendo y en cada arrancada suya se podía palpar el peligro. Ni un metro recorrido de más, ni un metro de menos. Siempre el esfuerzo justo y con mucho criterio. En especial brilló el partido del escocés, cedido al equipo de Nottingham por el Celtic, el mejor de los magpies también en la distribución del balón.

Porque el Notts County, equipo humilde como pocos, tenía un empeño en Anfield: salir jugando siempre. Laterales abiertos y centrales con la cabeza levantada, como en los mejores equipos de Europa. La jugada no se masticaba demasiado y abundaban los pases verticales. Pero se iniciaba la jugada moviendo el balón, como debe ser para crear las situaciones más ventajosas posibles. Esto tiene un mérito añadido si tenemos en cuenta que el equipo compite en la League One, la tercera división del fútbol inglés, en la que el pelotazo es el modelo a seguir.

A la media hora de juego llegó el segundo del Liverpool. Fue obra de Sturridge, que reventó sin piedad a Bialkowski, pero bien podían habérselo dado a Gerrard. El eterno capitán red sacó el tiralíneas y le dio a su compañero un preciso pase de veinte metros para que sólo tuviera que chutar. Ese gol, más que desanimar al Notts lo desató. En la segunda mitad devoró lentamente al Liverpool hasta arrinconarlo en su campo. Primero fue el gol de Arquin, que hizo creer a la multitud de fans de Nottingham que se desplazaron a la ciudad de los Beatles. Y a partir de ahí se construyó el sueño. Un sueño perfectamente cimentado por Kiwomya, que nunca perdió la compostura. El equipo se mantuvo fiel a sus ideas: firme atrás y con rápidas salidas a la contra, pero cada vez era más difícil de controlar para el Liverpool. Nunca se fueron a lo loco. Al contrario, mientras más presión tenían, más ordenados salían. Ni siquiera los tres tiros al poste que lanzaron los de Rodgers –primero Agger, luego Gerrard y después Touré– hicieron claudicar al County.

Y al borde del final del partido, llegó el éxtasis. Adam Coombes acababa de entrar al terreno de juego sustituyendo a Bell. Y en ese momento, el Community manager tuiteó una frase premonitoria. “¡Adam, conviértete en una leyenda del Notts!”. Ni siquiera le dio tiempo a aclimatarse al ritmo del juego, al ambiente de Anfield, cuando ya le apuntaban los focos. Es más, era el primer balón que tocaba. Pero con coraje, acompañando la jugada hasta el final, Coombes hacía el empate para el Notts County y la afición se volvía completamente loca. Literalmente. Nos iríamos a la prórroga. Sí; el 27 de agosto de 2013, el Notts County jugaría la prórroga frente al Liverpool en Anfield porque le había empatado el partido durante los noventa minutos.


Lo que sucedió en la prórroga fue lo esperado. A pesar de que el Liverpool la disputó con diez futbolistas debido a la lesión de Kolo Touré cuando los cambios ya habían sido agotados –fue la tercera lesión de los reds en el partido tras la de Cissokho y Allen–, se impuso por el físico. No fue tanto una cuestión técnica, sino de cansancio. Entre Sturridge y Henderson destrozaron al Notts. Y fue una pena, porque el gigante estuvo a punto de morir a manos del enano. Pero se marchó vivo, aunque malherido: la guerra que le dio el pequeño Notts County fue absolutamente memorable.


PabloG.

lunes, 26 de agosto de 2013

La increíble historia de Fabian Spiess


El Notts County es historia viva del fútbol. Cuando uno habla de él, lo hace también de ese juego con el que se entretenían los obreros después de sus interminables jornadas de trabajo a mediados del siglo XIX. No obstante, el equipo de Nottingham es el tercer club de fútbol más antiguo del mundo, fundado en 1862, y sólo superado por el Sheffield Football Club (1857) y el TSV 1860 München (1860). Hoy sobreviven en la dura League One, la tercera categoría del fútbol inglés. Pero es innegable que el Notts County fue un pilar fundamental para que ese deporte que tanto amamos se convirtiera en lo que hoy es. Mañana, el equipo que dio origen a los colores de la Juventus visitará Anfield para enfrentarse al Liverpool en la League Cup. El partido promete ser toda una fiesta del fútbol en la que el viejo juego y el nuevo macronegocio vuelvan a darse la mano. Y, por qué no, una oportunidad histórica para los magpies de volver a ser lo que fueron y dar la campanada en uno de los mejores y más místicos escenarios posibles.


En la plantilla del Notts County hay un futbolista con una curiosa historia: un portero alemán criado en España que tuvo que marcharse a Dubái para ser profesional en Inglaterra. Cuando el pequeño Fabian Spiess (Wesel, Alemania, 22/02/1994) llegó a Arroyo de la Miel no era consciente de la aventura que acababa de comenzar. Era un fanático del Schalke 04 y, aunque le gustaba jugar al fútbol con sus amigos, jamás se planteó llegar a ser futbolista profesional. Sus estudios siempre fueron lo primero. De repente un día y casi por casualidad, el entrenador del equipo infantil del Atlético Benamiel lo vio jugar. Quedó prendado de su planta y de su fuerza y lo reclutó para el equipo. Nadie pensaba que ese portero que no tenía ni la más mínima noción técnica podía llegar tan alto. Fabian siempre solía jugar arriba, de delantero. Sus condiciones hacían pensar que ese era su lugar natural: alto, con una fuerza y una potencia descomunales para su edad, agresivo, insistente… Estar bajo palos no era más que una eventualidad.

Pero con el paso del tiempo, Fabian se fue afianzando. A base de trabajo, esfuerzo y sacrificio fue madurando bajo palos y callando a sus detractores. Pasó de ser un gigante algo obtuso a convertirse en uno de los porteros más depurados técnicamente de Málaga y de Andalucía. Por increíble que parezca, tenía influencia en las dos áreas: ágil y con muy buenos reflejos en área propia, retenía muchos puntos con sus paradas; su poderoso saque de pies, que llegaba hasta el borde del área rival con sólo 13 años, ofrecía una infinidad de posibilidades en el juego directo. Quizá a esto último ayudara su sorprendente talla 46 de zapatos.

Por motivos familiares, Fabian tuvo que dejar la Costa del Sol para mudarse a los Emiratos Árabes. Dubái le esperaba. Pero al llegar allí se llevó una gran sorpresa: en un Dubái no existían las ligas regionales. Había ligas amateurs, sí, pero ni mucho menos al nivel de organización de las españolas. Allí los muchachos se formaban sus equipos y se enfrentaban los unos con los otros. Fabian, como era de esperar, sobresalía ampliamente por encima del resto. Y era una auténtica pena: parecía que un brillantísimo talento como el suyo se iba a desperdiciar oculto en las costas del golfo Pérsico.

Entonces, la fortuna hizo de las suyas. Mick Leonard, exportero y leyenda del Notts County llevaba un tiempo residiendo en Dubái. Leonard, amante del fútbol, no dejaba de ver a los muchachos dubaitíes jugar en aquellos pintorescos campos del Centre of Excellence, el lugar en el que trabajaba. Y uno le llamó poderosamente la atención. No era de extrañar que se enamorara del juego de ese chaval: con una agilidad pasmosa para su casi metro noventa de altura, un temple bajo palos admirable y una potencia descomunal tanto en el juego aéreo como en el saque, sabía que Fabian Spiess tendría un gran futuro. Corría el año 2008 y en ese momento Leonard no era más que un simple residente de Dubái. Pero una llamada procedente de Meadow Lane lo cambió todo. Leonard pasó a ser el director de la academia del Notts County y no dudó en llevarse a Fabian a Nottingham consigo.


Sus inicios en las categorías inferiores fueron bonitos pero duros. Tuvo que trabajar muchísimo en la academia para ponerse a la altura de sus compañeros en el aspecto físico; técnicamente iba sobrado. Pronto se ganó el cartel de la mayor promesa de la cantera del Notts County, un papel que desempeñó con orgullo y sin defraudar jamás a nadie. Llegó a debutar con el primer equipo a los 17 años. La academia se le quedó pequeña, pero en el County aún no tenía sitio. Tuvo que marcharse cedido en dos ocasiones, primero al Lewes y después al Corby Town. Dos enriquecedoras experiencias, trufadas de buenas actuaciones, que hicieron que Fabian pasara de ser aquel dulce niño que llegó a Benalmádena al hombre que es hoy en día. Un portero maduro sobre el que ya han puesto sus ojos los equipos más grandes de Inglaterra, como el Manchester United, Manchester City, Tottenham y Arsenal. Su respuesta a esos cantos de sirena no pudo ser más clara: el mes pasado renovó con los magpies hasta 2014, convirtiéndose de este modo en futbolista profesional. Mañana estará en Anfield. Puede que no salga de titular. Es más, puede que ni siquiera juegue. Pero sabrá que está un pasito más cerca de su sueño. Que dejar Wesler para acabar en Nottingham tras pasar por Arroyo de la Miel y Dubái habrá merecido la pena.


PabloG.

sábado, 17 de agosto de 2013

Previa de la Premier League 2013/14

Hoy se da el pistoletazo de salida a la mejor liga del planeta. Da comienzo el espectáculo de una Premier que sufrirá esta temporada multitud de cambios, sobre todo en los banquillos, pero que promete mantener la emoción que han hecho del campeonato inglés una referencia mundial. Al menos tres equipos parten como serios aspirantes a alzarse con el cetro de campeones de Inglaterra, aunque deben tener cuidado con las sorpresas. Pero donde la lucha se hará más crudo será en los puestos europeos y de descenso. Unos delimitan la gloria; los otros el fracaso. Todos quieren lo primero; nadie lo segundo. Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo:


Manchester United: Dos poderosos argumentos hace al United favorito para llevarse el título. El primero y más evidente es que son los vigentes campeones. El segundo, que cuentan en su plantilla con el mejor y más determinante futbolista de toda la Premier League, Robin van Persie. Pero si echamos un vistazo al resto de la plantilla no encontramos muchas más señales que nos indiquen que los red devils son tan superiores al resto. Después de veinticinco años, habrá cambio en el banquillo de Old Trafford. Ferguson deja tras de sí un inmenso legado y un equipo fuerte en las áreas pero con un agujero tremendo en el centro del campo. Aun así, a él le sirvió para sembrar el pánico en las islas y fuera de ellas. Está por ver cómo lo gestiona su compatriota David Moyes y si es capaz de pescar algún pez gordo –se habla de un posible reencuentro con sus expupilos Fellaini y Baines– de aquí al final de un mercado en el que el United ha sido incapaz de mover ficha.

Manchester City: Por fin Manuel Pellegrini podrá demostrar su valía en un equipo grande. Tras su terrible experiencia en Madrid, el Ingeniero llega a un City en el que tendrá a su disposición todos los recursos para hacer una plantilla acorde a su fútbol. La llegada de Navas, Negredo, Jovetic y Fernandinho elevará aún más el nivel de los citizens. De momento ya ha sido capaz de darlo algo al equipo que Mancini no pudo durante su estancia en Manchester: una identidad. Silva, Agüero y Touré ya se frotan las manos pensando en el exquisito fútbol que desarrollarán a las órdenes del chileno. Y esta vez sí, por primera vez desde que entrena en Europa, puede verse recompensado con títulos.

Chelsea: La sola presencia de José Mourinho como técnico eleva el nivel competitivo del equipo de manera increíble. El Chelsea, con el portugués a los mandos, pasa de luchar por la tercera plaza a ser uno de los más firmes candidatos al título. Mou contará en Stamford Bridge con una plantilla poderosa físicamente y de muchísimas garantías: viejos conocidos como Lampard, que volverá a ser vital; especialistas del contragolpe como Moses o Hazard; futbolistas talentosos como Juan Mata, el alma del Chelsea; depredadores del área como Lukaku. A ellos se les unirán otros talentos como Van Ginkel, De Bruyne y, sobre todo, Schürrle, que promete ganarse un puesto en el once titular. En definitiva, Mourinho volverá a contar con once soldados sobre el césped cada semana para pelear por la Premier League.


Arsenal: La situación del Arsenal comienza a ser preocupante. Totalmente descartado de la lucha por el título, está por ver si logrará mantener su codiciada cuarta plaza, la que da acceso a la Champions. Y es que mientras el resto de equipos se refuerzan con buenos futbolistas, el Arsenal fracasa en cada operación que intenta acometer. Fracasó con Higuaín, fracasó con Rooney y volvió a fracasar con Luis Suárez. Y la afición se desespera. Ni siquiera el núcleo duro del wengerismo sabe bien hacia dónde se dirige el equipo. Sin dar el salto de calidad que necesita la plantilla con al menos un fichaje de relumbrón, el Arsenal corre el riesgo de abandonar la nobleza de la Premier. Todo por ser legales, por no querer inflar los precios en esa jungla llamada mercado. Pero la realidad es muy dolorosa. Los gunners necesitan un golpe de timón que los lleve de nuevo a ser los que fueron.

Tottenham: Debe ser la temporada de confirmación de Villas-Boas. Tras una primera toma de contacto con el Tottenham la pasada campaña, esta debe ser la que defina a dónde va su proyecto. Y para eso ha aterrizado Paulinho en White Hart Lane. El futbolista brasileño, que destaca mucho más por su físico que por su técnica, será el faro de los spurs. Compartirá centro del campo con el recién incorporado Capoué y con Dembélé, que parece haber terminado de asimilar los conceptos de su entrenador. Holtby deberá dar un paso al frente en su carrera por pasar de promesa a realidad. También serán muy importantes los goles de Soldado, fichado con el cartel de estrella. Pero sobre todo, lo que marcará las aspiraciones del Tottenham es la continuidad o no de Gareth Bale.

Everton: Llega a Goodison Park el hombre milagro. Roberto Martínez, ingeniero del primer Swansea y héroe del último Wigan, tiene la difícil misión de continuar la obra que creó y perfeccionó durante una década David Moyes. De momento contará con la columna vertebral de la plantilla que el escocés estuvo a un suspiro de meter en Europa, reforzada por hombres de su confianza como Koné, Alcaraz o Joel, y por futbolistas de muchos quilates como Deulofeu o Barkley. Pero cuidado, el mercado sigue abierto y futbolistas vitales como Fellaini o Baines podrían volar en cualquier momento. Si se quedan con los toffees, el objetivo es la Europa League.

Liverpool: Brendan Rodgers afronta su segunda temporada en Anfield con el objetivo de devolver al Liverpool al lugar del que nunca debieron salir. Para ello se ha movido en el mercado en busca de jugadores que pudieran dar un salto cualitativo importante a la plantilla. De este modo han llegado a la ciudad de los Beatles Iago Aspas, Kolo Touré, Luis Alberto o Simon Mignolet, que acompañarán a Gerrard en su enésima cruzada con los reds. Pero sin lugar a dudas, el mejor fichaje que ha podido hacer el Liverpool ha sido mantener en la plantilla a Luis Suárez. El uruguayo es uno de los futbolistas más determinantes de la liga y seguirá escuchando el You’ll Never Walk Alone antes de cada partido en casa, al menos durante una temporada más. Es el factor que hace que el Liverpool pueda ser considerado como un serio aspirante a entrar en Europa la próxima campaña.

West Bromwich Albion: Steve Clarke, el entrenador revelación de la pasada Premier, no debe estar muy contento: esta temporada no podrá contar en su plantilla con Lukaku, autor de diecisiete tantos en la anterior campaña. Para suplir esta sensibilísima baja han llegado dos jugadores de nivel. Al primero lo avala su nombre: Nicolás Anelka. Al segundo, sus veintidós goles en el Watford el año pasado. Y es que la pólvora de Matej Vydra, junto a la de Shane Long, está destinada a otorgar al West Brom la mayor tranquilidad posible. El resto ya lo pone el talento de Clarke.

Swansea: La nueva temporada del Spanish Swansea –siete jugadores españoles integran su plantilla– tiene tres nombres clave: Laudrup, Michu y Bony. Laudrup seguirá al frente de la nave una vez superadas sus diferencias con la directiva y continuará dotando a los cisnes de su excepcional estilo de juego. Michu será de nuevo la estrella, esta vez sin el cartel de revelación colgado de su cuello. Y el marfileño Wilfred Bony, el nuevo delantero centro de los galeses, dará sentido al sistema del primero y liberará mucho más al segundo. Sin duda, el nivel de la plantilla es superior al de la temporada pasada. Pero repetir los éxitos dependerá de cómo asimile la plantilla el reto de jugar dos veces por semana. La participación en la Europa League puede ser un lastre para la Premier.


West Ham: El proyecto de Sam Allardyce seguirá teniendo continuidad una temporada más. Y todo gracias a que la directiva del club del este de Londres colmó sus expectativas firmando a Andy Carroll en propiedad. El delantero seguirá siendo la referencia de los hammers con el objetivo de resucitar al gran delantero que asombró a Inglaterra con la elástica del Newcastle. Además, esta temporada tendrá a sus órdenes a un futbolista tan acorde a su filosofía como Stewart Downing, que también llega procedente del Liverpool. Con el poderío físico de Diamé en el centro del campo y a la espera de que Joe Cole vuelva a ser el que fue, el objetivo, como mínimo, es repetir la hazaña de la temporada anterior.

Norwich: Las buenas sensaciones que transmitió el Norwich de Chris Hughton la pasada campaña deberán prolongarse este año. Quizá no se vuelva a repetir el undécimo puesto de la temporada pasada, quizá sea necesario sufrir un poquito más, pero los fichajes realizados por los canaries invitan al optimismo. Ricky van Wolfswinkel y Gary Hooper vienen a aportar dinamita en la delantera. Mientras, los prometedores Leroy Fer y Nathan Redmond darán una mayor variedad de recursos a uno de los bloques más sólidos de la Premier.  

Fulham: En la era post-Al Fayed, los cottagers se han reforzado con futbolistas experimentados, como Stekelenburg, Amorebieta o Boateng; futbolistas talentosos, como Abdel Taarabt; y futbolistas que pueden llegar a ser decisivos, como Darren Bent. El veterano punta inglés compartirá muchos minutos dentro del área con Dimitar Berbatov, la verdadera estrella del equipo, que aunque la pasada campaña anotó quince tantos, se le echó en cara un visible falta de regularidad en su juego. La gestión de esta plantilla, que tiene pocas aspiraciones más que lograr una permanencia tranquila, corre a cargo de Martin Jol.

Stoke City: Mark Hughes tiene una difícil misión: modernizar al equipo más primitivo de la Premier League con un presupuesto bastante reducido. Y además salvar la categoría. No sabemos cómo acabará esta aventura, pero con futbolistas en la plantilla como Shawcross o Peter Crouch, el tema de rasear la bola parece complicado. ¿Logrará Hughes transformar a la plantilla de arriba abajo u optará por mantener el patapum parriba que Tony Pulis popularizó y convirtió en la seña de identidad del Stoke? El futuro pinta bastante negro para el equipo del Britannia Stadium.

Southampton: La primera temporada completa de Mauricio Pochettino en Inglaterra no puede presentarse mejor. Posee una plantilla con un alto nivel técnico y libertad de acción para exprimirla al máximo. Teniendo en cuenta la calidad del argentino en el banquillo, no sería de extrañar que los saints fuesen la revelación de la temporada. Y jugando un buen fútbol. Al talento de futbolistas como Rickie Lambert, Luke Shaw o el uruguayo Gastón Ramírez se une ahora el de Dejan Lovren y Víctor Wanyama. Refuerzos de nivel para un equipo cuyo límite marcarán los propios jugadores.

Aston Villa: Las aspiraciones de los villanos dependerán única y exclusivamente del estado de forma de Benteke. Si el belga se muestra como en la segunda vuelta de la pasada campaña, el Aston Villa aspira a estar entre los diez primeros. Si no, el equipo Paul Lambert volverá a coquetear con el descenso, algo inadmisible en Villa Park. Pero lo cierto es que, aunque se sabe que lo que ocurrió la temporada pasada no puede volver a ocurrir, el equipo, en principio, no se ha reforzado con hombres que puedan elevar el nivel de la plantilla. ¿Qué hubiera sido del conjunto de Birmingham si algún equipo puntero hubiera pagado los 25 millones exigidos cuando Benteke pidió el transfer request?


Newcastle: Lo que le sucedió la temporada pasada al equipo de Alan Pardew fue un desgraciado accidente. Coquetear con el descenso con una plantilla integrada por futbolistas tan talentosos como Cabaye, Debuchy o Marveaux, tanto potentes como Tioté o Cissoko, tan decisivos como Ben Arfa y tan letales como Papiss Cissé es casi un pecado. El Newcastle debe mirar por encima de la mitad de la tabla y Loïc Remy viene a ayudar a conseguir ese objetivo. El ex del Marsella, que no tuvo una primera experiencia demasiado agradable en la Premier con el QPR busca redimirse en St. James’ Park. Desde luego, en el norte de Inglaterra no podrá usar como excusa que no conoce el idioma: hasta once franceses integran la plantilla de las urracas. Y eso se traduce en un estilo extremadamente físico con algunas pinceladas de una calidad exquisita.

Sunderland: El empujón que le dio Paolo Di Canio al Sunderland cuando tomó las riendas del equipo en abril fue imprescindible para que los black cats lograran in extremis la permanencia. Este año el controvertido preparador italiano tiene ante sí un reto aún mayor: volver a lograr la salvación del equipo en su primera temporada completa en la élite. Para ello se ha hecho con Jozy Altidore y Emanuele Giaccherini por 18 millones de euros. Pero está por ver cuánto aguanta el efecto Di Canio y cómo lo asimila la plantilla. La fuerte personalidad del técnico puede ser un arma de doble filo: o imprime a sus jugadores un carácter guerrero y ganador, o el vestuario se convierte en un polvorín. Y hay más probabilidades de que ocurra lo segundo que lo primero.

Cardiff: Cincuenta y un años lejos de la máxima categoría del fútbol inglés son demasiados años. En la capital galesa lo saben, y por eso no quieren volver a los infiernos a las primeras de cambio. Ese es el principal motivo por el que el Cardiff City ha decidido poner toda la carne en el asador en este mercado de fichajes –han gastado una cifra cercana a los 32 millones de euros–. Eso, y que ser humillados por el Swansea, el eterno rival, sería imperdonable. El caso es que por ese montante han llegado buenos futbolistas como Steven Caulker, Andreas Cornelius y Gary Medel, que se unirán al bloque que logró el ascenso la pasada campaña, comandado por Craig Bellamy. Tras estas incorporaciones, el conjunto galés ha pasado de ser un firme candidato al descenso a poder lograr una permanencia relativamente holgada.

Hull City: Tom Huddlestone, Danny Graham, Jake Livermore y Ahmed Elmohamady han llegado este verano al KC Stadium. Ni siquiera el potencial de estos futbolistas, que esperan relanzar sus carreras a orillas del Hull, impide que los tigres, junto al Crystal Palace, los más claros candidatos al descenso.

Crystal Palace: Aunque la operación se concretó en el pasado mercado invernal, el traspaso se hizo efectivo el 30 de junio. La marcha al Manchester United de Wilfried Zaha, la estrella del equipo la pasada temporada y principal artífice del ascenso, deja huérfano al conjunto del sur de Londres. Sólo un milagro sería capaz de salvar a la peor plantilla de la Premier de un descenso casi seguro.

PabloG.