16 de noviembre de 2003. En el partido de inauguración del Estadio do
Dragão de Oporto, un joven futbolista de apenas dieciséis años llamado Leo
Messi debuta con el primer equipo del Fútbol Club Barcelona.
16 de octubre de 2004. Once meses después de debutar con el primer
equipo culé, Messi se estrena en liga en Montjuic durante los minutos finales
de un derbi contra el Espanyol que el Barcelona terminó ganando por 0-1.
1 de mayo de 2005. Tras un pase magistral de Ronaldinho, Messi conecta
una sensacional vaselina que se transforma en su primer gol como profesional
después de batir a Valbuena, portero del Albacete.
11 de marzo de 2007. Leo Messi se destapa con un apoteósico hat-trick en
el Camp Nou frente al Real Madrid. Su estratosférica actuación permitió al
Barcelona conseguir un valiosísimo empate contra su eterno rival, líder
destacado de la clasificación. Ese día y en ese preciso instante nació el mayor
mito de la historia del fútbol.
No debe ser fácil abandonar tu casa con 13 años rumbo a una ciudad
desconocida. Leo dejó Argentina para convertirse en futbolista, pero su
historia escondía una particularidad que la hacía aún más entrañable: estaba
enfermo. Sufría una deficiencia en la hormona del crecimiento, un problema que,
entre otras cosas, le impedía que su cuerpo se desarrollara con normalidad.
Ningún equipo de su país se ofreció a costear el complejo tratamiento, a pesar
de que algunos como River Plate quedaron enamorados de su manera de jugar. Pero
entonces, Carles Rexach, director técnico del Barcelona, tomó una de las
decisiones más arriesgadas de su carrera: fichar a Messi, llevarlo junto a toda
su familia a Barcelona y pagar su tratamiento.
La apuesta no pudo salir de mejor manera. El argentino fue creciendo sin
prisa pero sin pausa tanto física como futbolísticamente. Se fue haciendo un
nombre en el Barcelona junto a las grandes estrellas del momento. Deco,
Ronaldinho, Eto’o, Belletti, Larsson… todos lo arroparon. Algunos, como en el
caso de Deco y ‘Dinho’, hasta lo llevaban a entrenar. Hasta Giuly, el gran
perjudicado por la irrupción de Messi, le tenía cariño. Sabían lo que se
avecinaba; que ese menudo y veloz futbolista no era de este planeta. Bajo la
dirección del holandés Frank Rijkaard, los títulos se fueron sucediendo: dos
ligas, dos supercopas de España, una Champions. El Barça enamoraba con su
juego, Ronaldinho era el héroe de toda una generación culé y Messi comenzaba a
asomar la cabeza en el panorama futbolístico mundial. Con el Golden Boy en sus
manos, el fútbol le entregaba la llave de la historia.
Su calidad siempre ha estado fuera de toda duda, pero lo que realmente
ha definido –y seguirá definiendo– la carrera de Messi ha sido su capacidad
para reinventarse. Nunca se ha conformado y siempre ha querido más. Comenzó
jugando de extremo derecho y sus diagonales eran una auténtica pesadilla. Era
demasiado rápido y ágil para ser parado en carrera. Gustaba de conducir siempre
en busca del perfil idóneo para disparar o asistir. Por su manera de encarar,
su talento, su imprevisibilidad y, por supuesto, su origen, comenzó a ser
apodado “el nuevo Maradona”. No hacía demasiado Leo por evitarlo. Su desmesurado
gol frente al Getafe llevó la
comparación hasta cotas hasta entonces insospechadas. Pero hoy en día poco
queda de aquel muchacho imberbe que con diecinueve años provocó la expulsión de
Del Horno y la ira de Mourinho el 22 de febrero de 2006.
Ahora Messi es otro tipo de futbolista, más incisivo y más letal. La
bandera del Fútbol Club Barcelona y la luz que guió la transición desde la ‘era
Rijkaard’ hasta el fútbol total. Guardiola se atrevió a centrar su posición y
el rendimiento de Messi se disparó. Sería difícil encasillarlo dentro de una
posición concreta, indicativo de que, como los grandes de la historia, Messi
sólo entiende de tener el balón en los pies. El 2-6 cosechado por el Barcelona
en el Santiago Bernabéu el 2 de mayo de 2009 supuso algo más que la mayor victoria
posible frente al eterno rival: allí murió “el nuevo Maradona” y nació Leo
Messi. El fútbol comprendió que no existen etiquetas para un futbolista
inclasificable y que el posterior ‘sextete’ –Copa del Rey, Liga, Champions,
Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundialito de Clubes– no era más que
la consecuencia lógica de tener en el campo a semejante monstruo futbolístico.
Messi es el futbolista total. Es capaz de crear la jugada, elaborarla y
definirla con la misma soltura; sabe posicionarse perfectamente en el campo y
sacar el máximo provecho tanto de los aciertos de su equipo como de los fallos
del rival; se implica en defensa y no le cuesta perseguir a su par hasta campo
propio si fuera necesario; es un virtuoso técnico, lo que sumado a su altísima
punta de velocidad lo hacen imparable una vez iniciada la carrera. Y, sobre
todo, es eficaz de cara a portería. Probablemente, jamás en la historia del
fútbol haya existido un delantero tan eficaz como el ‘10’ del Barça. Es el
máximo goleador histórico del Barcelona, el octavo máximo goleador de la
historia de la Liga, ganador dos veces de la Bota de Oro -2010 y 2012– y sus
números realmente asustan: 289 goles en sus 356 partidos como profesional de
los que 36 de ellos los ha anotado en los 27 encuentros que ha disputado esta
temporada. Además, ha destrozado el récord de ochenta y cinco goles del ‘Torpedo’
Müller en un año natural con una marca de noventa y una dianas.
7 de enero de 2013. Con veinticinco años, Lionel Messi conquista su
cuarto balón de Oro consecutivo, hecho sin precedentes a lo largo de la
historia del fútbol. Supera de este modo los tres galardones obtenidos por tres
grandes mitos como Cruyff, Platini y Van Basten. El fútbol ya tiene a su
indiscutido rey.
PabloG.
No hay comentarios:
Publicar un comentario