El catalán es un futbolista con problemas de identidad. No sabe muy bien si es centrocampista o delantero. Y además tiende a la desconexión. Pero en forma deja a la vista su naturaleza: incontrolable, como su fútbol, que sirve lo mismo para un roto que para un descosido.
Hasta pocas horas antes del comienzo del partido iba a ser la referencia ofensiva de España. Después, durante el transcurso del partido, fue el que trató de encender las luces en la oscuridad que propuso Bielorrusia desde el centro del campo. Ese es el sino de Cesc Fàbregas, un futbolista que hace de todo y todo lo hace bien. Un multiusos al que muy pocas veces se le reconoce su esfuerzo: rinde muy bien arriba sin ser delantero pero se le achaca que le falta gol; crea y llega al área con frecuencia jugando como interior pero se habla de su fragilidad defensiva. Y mientras tanto, Cesc sigue a lo suyo.
Es propenso a la desconexión. Se nubla, aparecen nubarrones sobre su cabeza y nada le sale bien. Prácticamente se deprime sobre el césped. Durante ciertos tramos de la temporada no existe Cesc Fàbregas. Su cabeza sigue procesando a cien mil revoluciones por segundo, pero sus piernas no le responden, no ejecutan los planes que maquina con esmero. Le ocurre desde que era pequeño y un genio alsaciano decidió llevárselo a Londres. Y es increíble que aún le siga ocurriendo: ha progresado tantísimo como futbolista en tan poco tiempo que sorprende que aún no haya pulido ese aspecto.
Cuando se fue al Arsenal, Fàbregas era un diamante en bruto. Un constructor de juego excelente con una visión de juego privilegiada pero con graves problemas de mentalidad. Partidos brillantes y desastrosos a partes iguales, pero su talento estaba ahí. El Barça no se atrevió a conservarlo y acabó en la city.
Fue subiendo peldaños de cinco en cinco. Pronto se convirtió en la mayor promesa del club gunner y su debut en el primer equipo no se hizo esperar: se produjo con 16 años y 177 días. La marcha de Vieira le dio las llaves de la titularidad y la eliminatoria de Champions frente al Real Madrid de la temporada 2005/06 marcó un antes y un después. El Arsenal perdió la final de ese torneo contra el Barcelona en París y Cesc dio un paso al frente como estandarte del grupo junto a Henry.
En los años siguientes, en medio de la decadencia londinense, Cesc agrandó aún más su figura. Era un futbolista mucho más maduro, más responsable y, a la vez, más arriesgado con el balón. Wenger comprendió la evolución del de Arenys de Mar y lo rescató del inicio de la jugada para acercarlo cada vez más al área. Se destapó como líder y sus registros goleadores se dispararon. Sólo un pero: se desconectaba.
Cesc, que dejó seca la fuente de conocimiento de Wenger, aceptó la oferta que el Barcelona hizo por repatriar a su hijo pródigo en busca de nuevos retos. Y Guardiola revolucionó su manera de jugar. Entendió que su progresión lógica era acabar como delantero, pero no un delantero centro al uso, un delantero móvil y generoso. Fàbregas pasó de mediocentro a delantero en apenas cinco temporadas y con sólo 24 años. Asimiló los conceptos de todas las posiciones que ocupó y se erigió como un futbolista completísimo, pero innegablemente indefinido.
Cuando uno se refiere a Cesc Fàbregas no sabe si habla de un mediapunta, de un interior, de un falso delantero o de un mediocentro. Juega de maravilla en todas esas posiciones, pero no está encasillado en ninguna. Sirve para desatascar arrancando desde atrás o para continuar la jugada apareciendo desde arriba. Es muy útil cuando el ataque posicional se atasca y cuando el partido necesita de un golpe que lo decida.
Hoy mostró muchas de sus virtudes en un partido muy poco propenso al lucimiento. Apareció en el área cada vez que tuvo ocasión y aportó en la elaboración de la interminable jugada. No jugó de falso delantero, sino que lo hizo de Cesc Fàbregas. Porque su fútbol es tan incontrolable como su talento, que lo mismo sirve para golear que para elaborar.
Desde que regresó a España, pocas veces se ha sido justo con Cesc Fàbregas. Se han exagerado sus carencias y empequeñecido sus virtudes. Sobre todo, la más grande que tiene: cuando se desconecta es el que más trabaja del equipo. Lo hace arriba, en el centro o cerca de la banda. Porque Cesc, aunque todavía no sepamos de qué clase de futbolista se trata, es un multiusos. Y no uno cualquiera: su calidad es exquisita.
PabloG.
domingo, 13 de octubre de 2013
viernes, 11 de octubre de 2013
A los mejores sólo les vale ganar
España tiene la necesidad de vencer a Bielorrusia si quiere estar en Brasil para defender su cetro de campeón del mundo. No lo tendrá fácil, pero nadie dijo que ser el mejor fuera sencillo. La aportación de los nuevos será clave y la de los veteranos, vital. Sólo vale ganar.
Esta es la historia del mejor equipo del mundo. Un equipo ejemplar, tanto dentro como fuera del césped. Capaz de hacer soñar a millones de personas con solo darle patadas a un balón, capaz de hacerles olvidarse de sus problemas, que hoy en día no son pocos. Y de hacerles disfrutar con un juego exquisito. El Sabio le transmitió sus conocimientos y desde que está el Marqués a los mandos cualquiera le tose. Muchas naciones se rindieron a sus pies: es Virrey de Europa y Emperador del mundo. Todo ello con mano de seda y por las buenas, sometiendo a través de la belleza.
Sin embargo, es la historia de un equipo que no puede descansar ni un instante. Sus soldados defienden la causa de sus ejércitos locales y cuando se reúnen en el mejor equipo de la historia se sienten agotados. Continuos e infinitos viajes alrededor del globo pocas veces agradecidos y mil gotas de sudor derramadas por el camino. No es una tarea fácil ser el mejor del mundo, por eso es necesario turnar y dar descanso a los mejores para dar una oportunidad a los más jóvenes, los que vienen desde atrás para comerse ese mundo que futbolísticamente les pertenece.
Ellos tendrán el mañana en sus pies, pero ahora lo tienen en sus manos. Vienen de Sevilla, de Donostia, de Madrid y hasta del sur Gales con un único objetivo: quedarse ya para siempre en el grupo. Por ello lucharan cada pelota como si fuese la última. Puede serlo.
Junto a los nuevos, los de siempre para aportar galones a un grupo cada vez más multicultural. Antes sólo había preciosismo, ahora también hay mucho trabajo. Esa mezcla de estilos hace del mejor equipo del mundo algo todavía superior. Le da carácter, poderío y agresividad sin perder su identidad. Es como una lírica suave y delicada con el corazón de la prosa más dura y directa. Pega con guante de seda y se defiende con una armadura de acero.
Todo con tal de seguir dominando, porque tampoco puede descansar en cuanto a resultados se refiere. Atrás quedaron los gritos que provocaron los goles de don Fernando y don Andrés que encendieron la llama de la felicidad del país entero. Eso ya es pasado, por eso sólo queda mirar hacia delante. Seguir ganando es lo único que importa. Si no, nada de lo hecho habrá tenido sentido alguno. Brasil es la última frontera, el territorio que albergará la batalla final y ellos han de estar allí para defender su preciada corona que tanto esfuerzo costó.
Para ello tendrán que superar a un rival complicado pero ni mucho menos grandioso. Aunque hubo un tiempo que no fue así. Cuando lo que hoy es Bielorrusia lucía en el pecho el famoso CCCP junto a un puñado de países más, la cosa cambiaba bastante. Eran temidos y odiados a partes iguales. Por su fútbol y por matices que trascendían lo meramente deportivo. Eran bravos y aguerridos, representantes de una idea y una forma de ver la vida. Y aunque la antigua Unión Soviética hace ya más de dos décadas que no existe, su espíritu se mantiene intacto aunque repartido por cada una de sus repúblicas. Quizá Bielorrusia, por poco dotada en cuanto a fútbol se refiere, sea de las más guerreras.
El fútbol dictará sentencia cuando el balón eche a rodar a las diez de la noche en el estadio de Son Moix. Sólo vale la victoria.
PabloG.
jueves, 10 de octubre de 2013
Hambre de mundial
España se lo juega todo contra Bielorrusia y el ambiente en la concentración es inmejorable. La tranquilidad reina, pero en el fondo todo está cambiando a un ritmo vertiginoso. Los nuevos aportan agresividad y ganas. Los viejos, serenidad y liderazgo. Y el beneficiado siempre es el grupo.
Experimentos y pruebas en cada entrenamiento. Suplentes con titulares y titulares con suplentes. Petos para acá y para allá. Y una responsabilidad sobre sus hombros: certificar el pase a Brasil 2014 y hacerlo cuanto antes. Para eso, lo mejor es introducir hambre y genes competitivos en el grupo. Del Bosque lo sabe, y por eso prueba y experimenta de cara al decisivo choque contra Bielorrusia. No quiere que nadie se relaje, ya se llame Casillas o Alberto Moreno. No quiere sustos ni sorpresas; no le gustan. Siempre fue un hombre tranquilo.
Las dudas, aunque en apariencia responden a ciertos jugadores para ocupar ciertas posiciones no son tales. Más bien se centran en hacer girar una idea con la agresividad y las ganas de ganar como centro gravitatorio. Es el caso de la punta del ataque, cuyo dueño parece que será de nuevo Cesc Fàbregas. El de Arenys de Mar, que pasó en un pispás de mediocentro a delantero, ha demostrado un gran nivel jugando en esa posición. Pero sobre todo ha exhibido un hambre que no se le veía desde que abandonó las islas británicas para regresar al Barça. Y eso a Del Bosque le encanta. Ve en él un hombre en el que puede confiar para llevar la nave a buen puerto.
Michu deberá esperar. El espigado futbolista del Swansea, que se estrena como absoluto, necesita adaptarse aún a lo que significa la Roja. No es una cuestión de calidad: alto, majestuoso y elegante como un cisne, Michu es un jugador ideal para esta selección, a pesar de no ser brasileño. Lo ha demostrado cada vez que ha tenido ocasión en Gales e Inglaterra. Además, aporta ese carácter competitivo tan necesario en partidos en los que el rival no motiva en exceso. Por eso, cuando entre en la dinámica, será tan importante.
El que no necesita aclimatación es Koke. Su exquisita temporada tendrán como premio minutos de importancia con la absoluta. Deberá cambiar el chip: en la selección el concepto colectivo adquiere unas connotaciones diferentes a las que tiene en el Atlético. Aquí los jugadores se unen a través del trabajo sobre el césped, sí, pero sobre todo lo hacen con el balón en los pies. Construyen a base de toques cortos y posesiones a ese monstruo imparable que conquistó Europa y el mundo. Koke también sirve para eso. Tiene talento para armar el juego y darle sentido. Y un plus que pocos dan: a pesar de ser un jugador ofensivo, su capacidad para trabajar y recuperar balones es sobrenatural.
Iniesta y Piqué, que llegaron con molestias a la concentración, ya están listos para la cita. Dos jugadores vitales en la forma de entender y ejecutar la idea de fútbol de España podrán estar sobre el césped. Suman argumentos y calidad al equipo. Y galones. Si el carácter y la competitividad son importantes en este tipo de citas, es sin duda el momento de los líderes.
Torbellino zurdo
Y entonces irrumpe Alberto. El torbellino zurdo que ha desmontado la Liga con la elástica sevillista está por fin listo para formar parte del grupo. Por fútbol y por madurez. Si su Europeo sub-21 no era un argumento lo suficientemente sólido para tenerlo en cuenta como el lateral del futuro, se ha encargado de construir el armazón de su presencia en Brasil con un inicio de temporada fulgurante. Su presencia no significa minutos, aunque podría; va más allá. Es una declaración de intenciones a cerca de lo que será la España del mañana cimentada en su talento, el de Isco y el de algunos pocos elegidos más.
Pero el mañana se decide hoy. Todo pasa por el partido contra Bielorrusia. Y después pasará por el de Georgia. Por eso si Alberto quiere liderar a este equipo en el futuro debe, al menos, apretar las tuercas a sus compañeros al máximo. Y disfrutar. También es aplicable a una España experimental en estos días pero que no pierde su identidad. No sólo eso, añade lo que le falta: carácter.
PabloG.
Experimentos y pruebas en cada entrenamiento. Suplentes con titulares y titulares con suplentes. Petos para acá y para allá. Y una responsabilidad sobre sus hombros: certificar el pase a Brasil 2014 y hacerlo cuanto antes. Para eso, lo mejor es introducir hambre y genes competitivos en el grupo. Del Bosque lo sabe, y por eso prueba y experimenta de cara al decisivo choque contra Bielorrusia. No quiere que nadie se relaje, ya se llame Casillas o Alberto Moreno. No quiere sustos ni sorpresas; no le gustan. Siempre fue un hombre tranquilo.
Las dudas, aunque en apariencia responden a ciertos jugadores para ocupar ciertas posiciones no son tales. Más bien se centran en hacer girar una idea con la agresividad y las ganas de ganar como centro gravitatorio. Es el caso de la punta del ataque, cuyo dueño parece que será de nuevo Cesc Fàbregas. El de Arenys de Mar, que pasó en un pispás de mediocentro a delantero, ha demostrado un gran nivel jugando en esa posición. Pero sobre todo ha exhibido un hambre que no se le veía desde que abandonó las islas británicas para regresar al Barça. Y eso a Del Bosque le encanta. Ve en él un hombre en el que puede confiar para llevar la nave a buen puerto.
Michu deberá esperar. El espigado futbolista del Swansea, que se estrena como absoluto, necesita adaptarse aún a lo que significa la Roja. No es una cuestión de calidad: alto, majestuoso y elegante como un cisne, Michu es un jugador ideal para esta selección, a pesar de no ser brasileño. Lo ha demostrado cada vez que ha tenido ocasión en Gales e Inglaterra. Además, aporta ese carácter competitivo tan necesario en partidos en los que el rival no motiva en exceso. Por eso, cuando entre en la dinámica, será tan importante.
El que no necesita aclimatación es Koke. Su exquisita temporada tendrán como premio minutos de importancia con la absoluta. Deberá cambiar el chip: en la selección el concepto colectivo adquiere unas connotaciones diferentes a las que tiene en el Atlético. Aquí los jugadores se unen a través del trabajo sobre el césped, sí, pero sobre todo lo hacen con el balón en los pies. Construyen a base de toques cortos y posesiones a ese monstruo imparable que conquistó Europa y el mundo. Koke también sirve para eso. Tiene talento para armar el juego y darle sentido. Y un plus que pocos dan: a pesar de ser un jugador ofensivo, su capacidad para trabajar y recuperar balones es sobrenatural.
Iniesta y Piqué, que llegaron con molestias a la concentración, ya están listos para la cita. Dos jugadores vitales en la forma de entender y ejecutar la idea de fútbol de España podrán estar sobre el césped. Suman argumentos y calidad al equipo. Y galones. Si el carácter y la competitividad son importantes en este tipo de citas, es sin duda el momento de los líderes.
Torbellino zurdo
Y entonces irrumpe Alberto. El torbellino zurdo que ha desmontado la Liga con la elástica sevillista está por fin listo para formar parte del grupo. Por fútbol y por madurez. Si su Europeo sub-21 no era un argumento lo suficientemente sólido para tenerlo en cuenta como el lateral del futuro, se ha encargado de construir el armazón de su presencia en Brasil con un inicio de temporada fulgurante. Su presencia no significa minutos, aunque podría; va más allá. Es una declaración de intenciones a cerca de lo que será la España del mañana cimentada en su talento, el de Isco y el de algunos pocos elegidos más.
Pero el mañana se decide hoy. Todo pasa por el partido contra Bielorrusia. Y después pasará por el de Georgia. Por eso si Alberto quiere liderar a este equipo en el futuro debe, al menos, apretar las tuercas a sus compañeros al máximo. Y disfrutar. También es aplicable a una España experimental en estos días pero que no pierde su identidad. No sólo eso, añade lo que le falta: carácter.
PabloG.
domingo, 6 de octubre de 2013
Lo que rodea al jugador de moda
Diego Costa está en boca de todos. Lo está por su buen hacer en el campo y por sus goles, pero también por un tema que lo persigue donde quiera que va: ¿jugar con España o con Brasil? El debate interminable pronto llegará a su fin. Diego Costa lo apuesta todo al rojo.
Es el delantero centro más en forma de España. Así debe comenzar cualquier texto que verse sobre Diego Costa, autor de diez goles en ocho partidos de liga con el Atlético de Madrid. Su progreso ha sido fulgurante: de vivir a la sombra de Falcao a sostener sobre sus hombros el peso del equipo colchonero. Su buen hacer sobre el césped no ha pasado desapercibido para nadie. Pero eso tiene también sus consecuencias negativas. La selección española lo quiere reclutar pero no puede; la brasileña, con la que ya disputó dos partidos amistosos, en principio no, pero duda. Ahora, Diego Costa vive inmerso en una espiral de debate sin fin. ¿Debe ir convocado con la selección española o con la brasileña?
Las dudas en la selección española en torno a la figura del delantero centro no son nuevas. Ya en la Eurocopa de 2012, disputada en Polonia y Ucrania y ganada precisamente por España, hubo bastante ruido alrededor del tema. Incluso durante la fase de clasificación al torneo. Por aquel entonces se optó por colocar a Cesc Fàbregas en la punta del ataque, haciendo de falso delantero, para paliar la baja de David Villa y el bajo nivel de forma mostrado por Fernando Torres en el Chelsea. También comenzaron a aparecer en las convocatorias los nombres de Soldado y Negredo, gracias a sus buenos registros goleadores con Valencia y Sevilla respectivamente.
Ahora aparece el nombre de Diego Costa por una cuestión meramente futbolística: aporta cosas que el resto, por cualidades técnicas, físicas y mentales, no puede. Costa es un futbolista letal en el área, potentísimo al espacio y sensacional en el juego aéreo, lo que permitiría una salida en largo fiable cuando fuera necesario. Pero sobre todo, es ultracompetitivo. En ese sentido daría a la Roja algo que le falta: carácter para superar las dificultades.
Para jugar con la selección española, Diego Costa debería seguir una serie de trámites entre los que se encuentra su nacionalización (ya la tiene); es decir, sería una especie de fichaje burocrático que adulteraría en cierto modo la naturaleza de las selecciones nacionales. En este punto, es conveniente señalar que el jugador del Atlético aterrizó en Portugal con dieciséis años para jugar en el Sporting de Braga y un año más tarde, en 2007, el club de la capital de España acordó su fichaje, por lo que su formación futbolística en Brasil llegó únicamente hasta la categoría de cadete.
La RFEF, contenta con la actitud del jugador
Uno de los puntos a tener en cuenta es la adaptación del hispano-brasileño al bloque y al vestuario de la campeona del mundo, y ahí juega un papel vital la personalidad del jugador. Costa ha sido señalado en multitud de ocasiones como un futbolista conflictivo y antideportivo, un carácter difícil de contener. Pero en las últimas fechas Diego Costa ha sido capaz de reeducar esos impulsos y adaptarlos a su estilo de juego. El resultado ha sido más que satisfactorio: su competitividad ha alcanzado niveles increíbles.
En ese sentido, la Federación Española de Fútbol (RFEF) se muestra muy satisfecho con el delantero. Incluso Vicente del Bosque está sorprendido con la forma de ser del jugador. Fuentes cercanas al seleccionador cuentan que a Del Bosque le agradó mucho la cercanía de un Diego Costa cuya actitud fuera del campo es diametralmente opuesta a la que muestra dentro. Es un hombre sencillo y cercano.
Pero lo que más gusta en la Federación es la predisposición que muestra para vestirse de rojo. Ya ha dicho por activa y por pasiva a su entorno que su deseo es jugar con España, el país que lo formó como futbolista. Si la Roja desea contar con él, estaría encantado.
Las dudas brasileñas
"Si un jugador quiere jugar aquí o allí, no será nuestra entidad quien diga no. Esta es mi posición y tengo la certeza que es también la posición del presidente (José María Marín)". Esas fueron las palabras del vicepresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) acerca del ‘caso Costa’. Son bastante claras: la CBF no pondrá ninguna traba para que Diego Costa juegue con España si ese es su deseo.
En la práctica, la cosa no ha sido igual. Lo único que impide a Diego Costa jugar con España es un documento sellado por la CBF que indique que el jugador no ha disputado ningún partido oficial en ninguna categoría con la selección brasileña. Un documento que la federación brasileña ha retrasado convenientemente para que no estuviera listo para esta convocatoria de la selección española.
La canarinha, como anfitriona del próximo mundial de 2014, no tiene que disputar partidos de clasificación. O lo que es lo mismo: no tiene ningún compromiso oficial hasta la cita mundialista. El motivo de no entregar el certificado a tiempo esta vez responde a una táctica para ganar tiempo y tratar de convencer a un Costa que sólo quiere jugar con España.
PabloG.
Es el delantero centro más en forma de España. Así debe comenzar cualquier texto que verse sobre Diego Costa, autor de diez goles en ocho partidos de liga con el Atlético de Madrid. Su progreso ha sido fulgurante: de vivir a la sombra de Falcao a sostener sobre sus hombros el peso del equipo colchonero. Su buen hacer sobre el césped no ha pasado desapercibido para nadie. Pero eso tiene también sus consecuencias negativas. La selección española lo quiere reclutar pero no puede; la brasileña, con la que ya disputó dos partidos amistosos, en principio no, pero duda. Ahora, Diego Costa vive inmerso en una espiral de debate sin fin. ¿Debe ir convocado con la selección española o con la brasileña?
Las dudas en la selección española en torno a la figura del delantero centro no son nuevas. Ya en la Eurocopa de 2012, disputada en Polonia y Ucrania y ganada precisamente por España, hubo bastante ruido alrededor del tema. Incluso durante la fase de clasificación al torneo. Por aquel entonces se optó por colocar a Cesc Fàbregas en la punta del ataque, haciendo de falso delantero, para paliar la baja de David Villa y el bajo nivel de forma mostrado por Fernando Torres en el Chelsea. También comenzaron a aparecer en las convocatorias los nombres de Soldado y Negredo, gracias a sus buenos registros goleadores con Valencia y Sevilla respectivamente.
Ahora aparece el nombre de Diego Costa por una cuestión meramente futbolística: aporta cosas que el resto, por cualidades técnicas, físicas y mentales, no puede. Costa es un futbolista letal en el área, potentísimo al espacio y sensacional en el juego aéreo, lo que permitiría una salida en largo fiable cuando fuera necesario. Pero sobre todo, es ultracompetitivo. En ese sentido daría a la Roja algo que le falta: carácter para superar las dificultades.
Para jugar con la selección española, Diego Costa debería seguir una serie de trámites entre los que se encuentra su nacionalización (ya la tiene); es decir, sería una especie de fichaje burocrático que adulteraría en cierto modo la naturaleza de las selecciones nacionales. En este punto, es conveniente señalar que el jugador del Atlético aterrizó en Portugal con dieciséis años para jugar en el Sporting de Braga y un año más tarde, en 2007, el club de la capital de España acordó su fichaje, por lo que su formación futbolística en Brasil llegó únicamente hasta la categoría de cadete.
La RFEF, contenta con la actitud del jugador
Uno de los puntos a tener en cuenta es la adaptación del hispano-brasileño al bloque y al vestuario de la campeona del mundo, y ahí juega un papel vital la personalidad del jugador. Costa ha sido señalado en multitud de ocasiones como un futbolista conflictivo y antideportivo, un carácter difícil de contener. Pero en las últimas fechas Diego Costa ha sido capaz de reeducar esos impulsos y adaptarlos a su estilo de juego. El resultado ha sido más que satisfactorio: su competitividad ha alcanzado niveles increíbles.
En ese sentido, la Federación Española de Fútbol (RFEF) se muestra muy satisfecho con el delantero. Incluso Vicente del Bosque está sorprendido con la forma de ser del jugador. Fuentes cercanas al seleccionador cuentan que a Del Bosque le agradó mucho la cercanía de un Diego Costa cuya actitud fuera del campo es diametralmente opuesta a la que muestra dentro. Es un hombre sencillo y cercano.
Pero lo que más gusta en la Federación es la predisposición que muestra para vestirse de rojo. Ya ha dicho por activa y por pasiva a su entorno que su deseo es jugar con España, el país que lo formó como futbolista. Si la Roja desea contar con él, estaría encantado.
Las dudas brasileñas
"Si un jugador quiere jugar aquí o allí, no será nuestra entidad quien diga no. Esta es mi posición y tengo la certeza que es también la posición del presidente (José María Marín)". Esas fueron las palabras del vicepresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) acerca del ‘caso Costa’. Son bastante claras: la CBF no pondrá ninguna traba para que Diego Costa juegue con España si ese es su deseo.
En la práctica, la cosa no ha sido igual. Lo único que impide a Diego Costa jugar con España es un documento sellado por la CBF que indique que el jugador no ha disputado ningún partido oficial en ninguna categoría con la selección brasileña. Un documento que la federación brasileña ha retrasado convenientemente para que no estuviera listo para esta convocatoria de la selección española.
La canarinha, como anfitriona del próximo mundial de 2014, no tiene que disputar partidos de clasificación. O lo que es lo mismo: no tiene ningún compromiso oficial hasta la cita mundialista. El motivo de no entregar el certificado a tiempo esta vez responde a una táctica para ganar tiempo y tratar de convencer a un Costa que sólo quiere jugar con España.
PabloG.
jueves, 3 de octubre de 2013
David Silva, el desatascador
El fútbol que propone Pellegrini requiere de jugadores imaginativos con el balón en los pies capaces de hacer funcionar a un equipo. Su correcto desarrollo pasa por un hombre: David Silva. El canario, como hizo contra el Bayern, será el encargado de hacer que el buen fútbol fluya.
El Manchester City jugó ayer contra el Bayern de Múnich más de setenta minutos a oscuras, justo lo que tardó en entrar al campo David Silva. Pero el canario no apretó el interruptor; más bien tiró de las persianas para dejar entrar la luz del sol: el talento de este equipo siempre estuvo ahí, pero hacía falta alguien que le permitiera sacarlo a la relucir. Y ese encargado, sin duda, es él. Hoy y siempre.
La plantilla del Manchester City es una de las que más calidad reúne del mundo. Pero, a decir verdad, no está todo lo compensada que debería. El centro del campo lo forman de manera habitual Fernandinho y Touré, dos futbolistas de buena técnica pero que destacan especialmente por su capacidad física. No es, a fin de cuentas, lo ideal para un equipo que desea dominar con la pelota en los pies. Pero esa chispa, esa creatividad, tampoco se encuentra más arriba. Ahí aparecen cuatro delanteros que ocupan dos puestos y un extremo puro que es indiscutible en los planes de Pellegrini, porque es muy bueno básicamente. Jovetic, Dzeko, Agüero, Negredo y Navas son unos futbolistas geniales, pero esencialmente directos.
En este contexto se mueve Silva, un futbolista que mira a su alrededor y se ve solo, rodeado por jugadores físicos y con un entrenador que quiere implantar una revolucionaria idea de fútbol asociativo. Su labor: educar al resto. Este cometido también recae en Nasri, otro futbolista alegre con el balón en los pies pero tremendamente irregular. De ahí la soledad del canario. La segunda jornada de la Champions resaltó esta idea y dejó una conclusión rotunda: Silva, en estos momentos, es imprescindible.
No fue casualidad que los mejores minutos del City se jugaran con él en el campo. Empalmó los cables cortados por el fútbol total del Bayern con un soberbio juego entre líneas. Una magistral asistencia a Negredo que el vallecano se encargó de convertir en una obra de arte, un delicioso pase interior para Touré que acabó costándole la expulsión a Boateng, y un tiro de falta que se estrelló en el larguero. Su impacto en el juego fue decisivo. El City tomó las riendas por primera vez en el partido por su culpa y por momentos dio la sensación de que pudo lograr un empate épico. La exhibición de Silva fue escandalosa.
David Silva tiene un toque de futbolista especial en su mirada y en su forma de moverse. Es capaz de sacar del color gris más mate el plateado más brillante de todos con tan sólo un par de contactos con el balón. Justamente los que necesita para ver ese hueco, esa rendija que el resto no consigue ver ni con el pause pulsado. Toma el pulso al partido y lo acelera o lo relaja a su antojo. Pero lo más importante es que hace mejores a sus compañeros ejecutando a la perfección esas ideas malignas –o divinas, según se mire– que se dibujan en su mente. Es un arquitecto del fútbol que hará unas migas fantásticas con el Ingeniero.
Su equipo ha notado mucho en la Premier, en la que se encuentran encasquillados, la falta de su líder, que entre lesiones y un estado de forma dudoso no ha podido aportar demasiado. Pero si así David Silva fue capaz de cambiar la inercia a un partido en el que el mejor equipo del mundo estaba apabullando a su rival, lo que puede hacer cuando su nivel sea óptimo se escapa de momento al entendimiento humano. Será el que desatasque la idea de Pellegrini y la conduzca al mismo lugar que se ganó por derecho propio en Argentina y España: la gloria.
PabloG.
El Manchester City jugó ayer contra el Bayern de Múnich más de setenta minutos a oscuras, justo lo que tardó en entrar al campo David Silva. Pero el canario no apretó el interruptor; más bien tiró de las persianas para dejar entrar la luz del sol: el talento de este equipo siempre estuvo ahí, pero hacía falta alguien que le permitiera sacarlo a la relucir. Y ese encargado, sin duda, es él. Hoy y siempre.
La plantilla del Manchester City es una de las que más calidad reúne del mundo. Pero, a decir verdad, no está todo lo compensada que debería. El centro del campo lo forman de manera habitual Fernandinho y Touré, dos futbolistas de buena técnica pero que destacan especialmente por su capacidad física. No es, a fin de cuentas, lo ideal para un equipo que desea dominar con la pelota en los pies. Pero esa chispa, esa creatividad, tampoco se encuentra más arriba. Ahí aparecen cuatro delanteros que ocupan dos puestos y un extremo puro que es indiscutible en los planes de Pellegrini, porque es muy bueno básicamente. Jovetic, Dzeko, Agüero, Negredo y Navas son unos futbolistas geniales, pero esencialmente directos.
En este contexto se mueve Silva, un futbolista que mira a su alrededor y se ve solo, rodeado por jugadores físicos y con un entrenador que quiere implantar una revolucionaria idea de fútbol asociativo. Su labor: educar al resto. Este cometido también recae en Nasri, otro futbolista alegre con el balón en los pies pero tremendamente irregular. De ahí la soledad del canario. La segunda jornada de la Champions resaltó esta idea y dejó una conclusión rotunda: Silva, en estos momentos, es imprescindible.
No fue casualidad que los mejores minutos del City se jugaran con él en el campo. Empalmó los cables cortados por el fútbol total del Bayern con un soberbio juego entre líneas. Una magistral asistencia a Negredo que el vallecano se encargó de convertir en una obra de arte, un delicioso pase interior para Touré que acabó costándole la expulsión a Boateng, y un tiro de falta que se estrelló en el larguero. Su impacto en el juego fue decisivo. El City tomó las riendas por primera vez en el partido por su culpa y por momentos dio la sensación de que pudo lograr un empate épico. La exhibición de Silva fue escandalosa.
David Silva tiene un toque de futbolista especial en su mirada y en su forma de moverse. Es capaz de sacar del color gris más mate el plateado más brillante de todos con tan sólo un par de contactos con el balón. Justamente los que necesita para ver ese hueco, esa rendija que el resto no consigue ver ni con el pause pulsado. Toma el pulso al partido y lo acelera o lo relaja a su antojo. Pero lo más importante es que hace mejores a sus compañeros ejecutando a la perfección esas ideas malignas –o divinas, según se mire– que se dibujan en su mente. Es un arquitecto del fútbol que hará unas migas fantásticas con el Ingeniero.
Su equipo ha notado mucho en la Premier, en la que se encuentran encasquillados, la falta de su líder, que entre lesiones y un estado de forma dudoso no ha podido aportar demasiado. Pero si así David Silva fue capaz de cambiar la inercia a un partido en el que el mejor equipo del mundo estaba apabullando a su rival, lo que puede hacer cuando su nivel sea óptimo se escapa de momento al entendimiento humano. Será el que desatasque la idea de Pellegrini y la conduzca al mismo lugar que se ganó por derecho propio en Argentina y España: la gloria.
PabloG.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Ribèry comprende el fútbol
Franck
Ribèry es el mejor futbolista del Bayern, de eso no hay duda. Es el más
eléctrico, el más especial y el más decisivo. Pero ¿cuáles son las causas del
estallido de uno de los mejores jugadores del planeta? Hoy lo dejó claro: ha
comprendido el juego a la perfección.
¿Qué
significa entender el juego? Todo. Es la única manera de que un futbolista sea
capaz de sacarse el máximo rendimiento a sí mismo. De otro modo es imposible.
Entender el juego ayuda a minimizar los esfuerzos y los errores; consiste en
saber cuándo correr, cuándo pasar, cuándo chutar y cuándo presionar. Existen
infinidad de futbolistas que aunque son estandartes de sus equipos y se
encuentran en el primerísimo escalón mundial, continúan sin comprender el fútbol.
Suena estúpido, pero es muy cierto. Tanto como que Ribèry ya no pertenece a ese
grupo de jugadores.
Todo se
hace más fácil con grandes maestros como Heynckes y Guardiola al lado, capaces
de enseñar el camino correcto al más bruto. Pero sin una actitud positiva, la
transformación del francés hubiera sido imposible. El prestigioso técnico
alemán le abrió los ojos y le sacó un partido increíble, pero es Guardiola el
que ha terminado de ducar al enfant
terrible. Ahora Ribèry es un jugador total: corre y dribla sólo cuando el
uno contra uno es la única salida, es altamente asociativo y ofrece un gran
apoyo en defensa al lateral. Y marca muchísimos goles. Su juego nace por fuera
y muere por dentro, de forma que se hace incontrolable. Es una auténtica
explosión de fútbol.
Pero hoy,
en el Etihad Stadium, Ribèry no sólo demostró que ya entiende el juego de
maravilla: junto a Lahm, es el futbolista que mejor representa el nuevo estilo
que quiere instaurar Guardiola en Múnich. Jugadas pacientes, elaboradas por dentro
que salen hacia fuera para acabar en la portería. Como hacían Messi y Henry en
el Barça el año del triplete. Pero, además, su derroche fue total. Con una
fulgurante primera parte abrió la puerta a su equipo para matar el partido en
la segunda. Desquició a un City impotente ante cada recepción suya.
Ribèry
aportó un matiz totalmente diferente al partido. En una batalla en la que
Pellegrini decidió apostar por el físico ante el toque del Bayern, encendió las
luces y sacó de su casa a unos citizens
que estaban durmiendo la siesta. Exhibiciones como la suya son las que gustan
ver sobre el césped. Hizo que los bávaros adelantaran un paso sus líneas y
jugaran un fútbol mucho más vertical del que acostumbran. Salió genial.
Cuántas
diferencias existen entre el Ribèry que salió de Marsella y el que hoy guía al
Bayern, campeonísimo de todo. Antes, Scarface
era un futbolista anárquico, desordenado dentro del orden que instauraban su
equipo y su selección. Siempre se tuvo muchísima confianza en su talento, pero
no era capaz de definir qué clase de futbolista iba a ser. Su fuerte carácter
casi siempre jugó en su contra. Ahora que es capaz de entender el juego, su
acoplamiento al sistema es natural. Sus condiciones le hacen jugar de extremo;
su alma le invita a decidir por dentro. Ribèry es un extremo de los de siempre
que juega al fútbol como nadie lo ha hecho jamás. Es único en su especie.
Hoy Ribèry
sentó cátedra. Pintó y coloreó el fútbol que quiere Guardiola, aunque con
estilo propio. Hizo una mezcla entre el Bayern de Pep y el de Jupp. Removió los
conceptos que conoce y salió un partido exquisito. Jugó su fútbol de maravilla.
Ha madurado intelectualmente y el fútbol lo agradece sobremanera. Si no es el
mejor futbolista del planeta en la actualidad, se le parece muchísimo. Es un
serio candidato a alzar el próximo balón de oro. Todo por comprender lo que
hace. Todo por sentarse y aprender de los que de verdad saben de esto. Sin él,
la palabra Bayern no tendría hoy en día las connotaciones que tiene. No sería
sinónimo de ritmo, talento y efectividad; de estilo de juego furioso y casi
sádico. Es el alma de un equipo de leyenda.
PabloG.
PabloG.
martes, 1 de octubre de 2013
Mesut Özil, puro talento
Irregular e
invisible en las situaciones clave. Así comenzaban muchas de las descripciones
de Özil cuando jugaba para el Real Madrid. Hoy, cuando más falta hacía,
apareció. Fue el hombre más decisivo sobre el césped, sin lugar a dudas. No es
de extrañar: su talento es infinito.
El partido
que desarrolló Mesut Özil sobre el césped del Emirates frente al Napoli fue
algo extraordinario. En la noche de los campeones, el alemán volvió a demostrar
que pertenece a la nobleza del fútbol. Y lo hizo porque en Londres ha
encontrado el contexto perfecto: un equipo que se articula en torno a él, unos compañeros
que trabajan exclusivamente para su talento y un entrenador que le permite
brillar dentro de ese inmejorable marco táctico de presión continua para lanzar
las ofensivas. Özil es el centro de operaciones de un equipo que arrolla por
donde quiera que pasa: líderes de la Premier y del bien llamado grupo de la muerte en Champions.
Hoy era el
partido. El equipo que saliera derrotado pagaría enormemente las consecuencias.
Y ahí apareció Özil para decidir en favor de su equipo. Cuando más fea estaba
la cosa, más brillo su calidad, que no es poca. Al alemán se le criticó
muchísimo durante su estancia en Madrid una tendencia a la desaparición en las
grandes citas. Tendencia que, estadísticas en la mano, pocas veces fue tal.
Pero hoy además hizo un partido visualmente magnífico, rematado con una participación
inestimable en los dos tantos del Arsenal: gol y asistencia. ¿Quién dijo
irregular? Mesut se ha quitado de un plumazo esa etiqueta que le perseguía
sobre el verde.
Pero
además, la mejor versión de Özil se vio partiendo desde la banda derecha. Desde
ahí tuvo un impacto decisivo en el juego. Un ejemplo fue el segundo gol gunner,
en el que llegó a la línea de fondo con mucha facilidad. De pronto, aparecieron
las imágenes de aquel futbolista intrascendente y derrotado que naufrago en la
orilla derecha del Signal Iduna Park de Dortmund. Se comprobó que lo que afecta
a Özil no es jugar escorado, sino hacerlo descontextualizado.
Un contexto
que sin la brillante ayuda de sus compañeros sería imposible. Hoy destacaron
sobre el resto Ramsey y Giroud. El trabajo sin balón de los dos primeros fue un
auténtico espectáculo: se dejaron la piel en el campo para presionar a los
centrales rivales. Su esfuerzo liberó sobremanera a Özil, que se sentía en su
salsa. El galés le regaló el gol al ‘11’ y el francés remató su asistencia para
hacer el segundo.
Sin balón,
su trabajo fue brutal; con balón, el factor diferencial del partido. Ramsey y
Özil jugaron al escondite por todo el campo. Ahora aparecían por la derecha.
Ahora, por la izquierda. Ahora, por el centro. Y gol. El Nápoles fue incapaz de
contener la exhibición de Özil, que fue siempre acompañado por escuderos de excepción.
Si el
cambio de mentalidad a este equipo se lo aporta Ramsey, el futbolista que ha
elevado definitivamente el nivel de una plantilla que aún no conoce su techo es
Mesut. Wenger ha hecho realidad su sueño de combinar un equipo alegre y
competitivo, algo que no se veía en Londres desde hacía muchísimo tiempo. Su
zurda es de seda, su cabeza privilegiada y su fútbol no tiene precio. Özil
dibuja con maestría líneas que sólo él es capaz de ver. Y, además, con un
índice de acierto elevadísimo. Hoy conecto sesenta y ocho pases de setenta y
cinco intentados, un 91% de acierto. La gran mayoría de sus fallos fueron
centros a balón parado. Fue el jugador que más veces pasó el balón de su
equipo.
El partido
de hoy ha ofrecido una estupenda lección: el talento siempre sale a relucir.
Poco importa si la situación es o no propicia, si el lugar es o no el adecuado;
siempre brilla. Hoy Özil instruyó con su fútbol. Escorado a la banda y en una
situación límite apareció por todos lados para decidir el partido. ¿Por qué?
Porque es puro talento.
PabloG.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






